Opinión

BULLYING, adultos distantes

Acaban de proponer una ley en el Senado para combatir el acoso escolar, o en su popular término en inglés, bullying. ¿En serio, una ley? El acoso escolar específicamente se refiere a una agresión sostenida por un largo tiempo sobre una misma persona. Incluye acoso psicológico, físico y ahora cibernético. Esta última característica ha magnificado el alcance del problema y junto a la […]

Acaban de proponer una ley en el Senado para combatir el acoso escolar, o en su popular término en inglés, bullying. ¿En serio, una ley?

El acoso escolar específicamente se refiere a una agresión sostenida por un largo tiempo sobre una misma persona. Incluye acoso psicológico, físico y ahora cibernético. Esta última característica ha magnificado el alcance del problema y junto a la falta de consecuencias a tiempo, lo han llevado a niveles criminales. El bullying no es todo lo que ahora denominan como tal, un pleito entre iguales no lo es, una grosería, un sobrenombre, un golpe, una exclusión de un plan social, nada que sea una conducta negativa esporádica entre iguales es acoso.

Cuando yo era chica, a esto le llamábamos agarrar de torta a alguien. “La torta” era la víctima, el abusado, “el buleado”, y desde entonces el daño psicológico del acoso es grande. Con un poco de memoria recordaremos la crueldad con la que algunos trataban a otros y tristemente, de la pasividad de la mayoría para detenerlo.

Lo que creo puede solucionar el problema, primero, es no esperar a que se haga grande, parar antes de que el agresor se salga con la suya y la víctima se haga tan pequeña que el miedo la paralice. El reto grande está en la persona que solo ve sus debilidades y le afecta sobremanera que otro las vea, no cuenta con mecanismos de defensa para reírse de su propias flaquezas, no recibe de sus padres y maestros el mensaje adecuado.

Todos tenemos fortalezas y debilidades, cualquier característica es suficiente para que aquel con espíritu agresor lo convierta en sobrenombre, en ofensa: gordo gelatinoso, patas de escoba, pelos de elote, y así me puedo seguir. Y no se diga con el ingenio del adolescente para jugar con las palabras, los nombres y apellidos, pero la víctima es incapaz de reírse de ello, de participar en la broma.bulinquote

Recuerdo la primera vez que una compañera me llamó de manera despectiva Pecosa. Regresé a casa triste y comenté la grosería. Mi padre me lo dejó muy claro, “una cara sin pecas, es como un cielo sin estrellas”. Nunca más sentí que pecosa fuera algo negativo. Trataron de volver a ofenderme, no tuvieron éxito.

¿Dónde están los padres fortaleciendo a sus hijos? Ahora toman el teléfono para hacer reclamaciones directas entre padres de familia o utilizan los chats para quejarse, logrando hacer el problema más grande. Padres y maestros necesitamos dar herramientas a estos niños incapaces de defenderse solos, pero no podemos resolverles, ni protegerles. La vida es cruel, necesitan lograrlo por sí solos. Por otro lado está el agresor. Ese le tiene el mismo miedo a sus debilidades que la víctima pero las esconde tan bien que hace pensar a todos que no las tiene y desde sus fortalezas abusa del débil. Estos jóvenes necesitan límites claros, requieren recibir consecuencias por sus faltas de respeto, por sus groserías, antes de que tomen la dimensión de acoso, pero generalmente tienen padres que minimizan sus actos, que no ponen límites, que reclaman a la escuela de ser exagerados cuando reciben los reportes y además le hacen saber al hijo que no van de acuerdo con el maestro. Sin pensarlo, le quitan autoridad moral y le dan el poder al hijo para que siga agrediendo.

Y finalmente están todos los demás compañeros, que necesitan de la aprobación de sus iguales y por pertenecer no son capaces de reportar a los adultos a tiempo, se hacen cómplices con sus risas y su silencio.

Entonces, todos somos responsables y todos necesitamos estar conscientes de la problemática. La solución es integral y requiere de mucha sensatez, de reglas claras y consecuencias inmediatas, no de nuevas leyes, ni de campañas bofas.

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