Opinión

OBSERVATORIO | Culiacán, el paraíso profanado

Los sucesos violentos ocurridos el 16 y 17 de febrero en pleno Desarrollo Urbano Tres Ríos deberían poner a las autoridades estatales y municipales a replantear el modelo de seguridad pública —si es que existe— por la sensación de desgobierno que provocan esos y otros hechos recientes. También, como parte de las investigaciones que realizan, si es que las llevan a cabo, […]

Los sucesos violentos ocurridos el 16 y 17 de febrero en pleno Desarrollo Urbano Tres Ríos deberían poner a las autoridades estatales y municipales a replantear el modelo de seguridad pública —si es que existe— por la sensación de desgobierno que provocan esos y otros hechos recientes.

También, como parte de las investigaciones que realizan, si es que las llevan a cabo, deberían escuchar a los culiacanenses que estaban cerca del lugar en que fue asesinado el supuesto delincuente en un restorán ubicado en lo que sería la zona dorada de Culiacán. Aturdidos por el horror, hombres, mujeres, niños y ancianos obedecieron al instinto de sobrevivencia y se tiraron al piso en bancos, centros comerciales, oficinas y establecimientos diversos.

El fantasma de la ciudad rehén del hampa, como en los setenta o como en la gran confrontación del Gobierno con el narco en 2008, recrudeció en una ciudad atosigada por el miedo.

Resultó lastimoso ver de nuevo a Culiacán entre el fuego de los criminales y la pared de saliva, edificada esta por el discurso de gobernantes que casi nos pintan en el paraíso. Nos dicen que ya bajó la comisión de delitos, que el Semáforo Delictivo está en verde, que tenemos una policía acreditada y que en Culiacán “seguro te diviertes”.

Nada tan irreal. Los sicarios se desplazan con sus arsenales por toda la ciudad y en el lugar y momento que quieren, con total ausencia de gobierno, dejan la huella fatídica y cargan con más miedo la de por sí tensa atmósfera culichi. Lo hacen en un sector que por su ímpetu económico tendría que estar sobrevigilado por policías, como elemental estrategia de seguridad.

Para colmo de males, el sistema de videovigilancia vuelve a fallar refrendando la idea de que las 375 cámaras instaladas en Culiacán son de adorno, una especie de espanta malandrines ingenuos. Por cierto, ¿quién hizo negocio con esa inversión millonaria poniéndole a la ciudad ojos ciegos a un costo muy alto?

Por más que el gobierno de Mario López Valdez quiera esconderlo, o que el alcalde Sergio Torres Félix intente desatenderse del problema y ocupar su tiempo cambiándole de nombre a las calles de Culiacán, el operativo de seguridad para Culiacán es obsoleto y al serlo pone en peligro la vida de ciudadanos que ya desean vivir tranquilos.

observatorio_1¿Dónde estaba la Policía cuando los gatilleros llegaban a su antojo al corazón del Tres Ríos? ¿Por qué no sobrevoló el helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública la zona inmediatamente después de los homicidios del 16 y 17 de febrero? ¿Si la Procuraduría de Justicia buscaba al sujeto identificado como Barbarino, por qué este se paseaba como Juan por su casa? ¿Cuál es el plan de inteligencia contra la delincuencia organizada que aporta el general Moisés García Melo, asesor de seguridad del Gobierno de Sinaloa? Son preguntas, o señales de SOS, lanzadas al mar de incertidumbre que es Sinaloa, para que nadie las responda.

¿HASTA LA IGNOMINIA?

¿De qué tamaño será el compromiso de Mario López Valdez para sacar adelante la construcción de los nuevos hospitales de Culiacán y Mazatlán bajo el esquema de contratos de inversión público privada? Debe ser tan grande que no le atemoriza acabar su periodo de gobierno estigmatizado por el llamado “robo del sexenio”, y luego ser un exmandatario acusado ante los tribunales. ¿Hasta la ignominia, gobernador?

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