Justicia

URGEN INDIGNADOS | México necesita ciudadanos dispuestos a alzar la voz: Denise Dresser

Ante el regreso del PRI y su autoritarismo, para la periodista y politóloga Denise Dresser no hay de otra: México requiere con urgencia de ciudadanos participativos, indignados, volverlo un país de ciudadanos, construir ciudadanía… porque es la única salida para dejar de ser cotidianas “naranjas exprimidas” por el Gobierno, los poderosos y sus monopolios. Recorre el país con su voz, […]

Ante el regreso del PRI y su autoritarismo, para la periodista y politóloga Denise Dresser no hay de otra: México requiere con urgencia de ciudadanos participativos, indignados, volverlo un país de ciudadanos, construir ciudadanía… porque es la única salida para dejar de ser cotidianas “naranjas exprimidas” por el Gobierno, los poderosos y sus monopolios.

Recorre el país con su voz, sus libros, sus conferencias, con un deseo de cambio, de mover ciudadanos, despertarlos para que alcen también la voz, dejen de ser pisoteados y defiendan su derecho a manifestarse, a reclamar lo justo, lo que les pertenece. Por eso el Gobierno de Francia le otorgó la Legión de Honor en grado de Caballero, galardón que reconoce su lucha por la libertad de expresión,el estado de derecho y la democracia.

Frente a todos los motivos para cerrar los ojos están todos los motivos para abrirlos. Frente a las razones para perder la fe están todas las razones para recuperarla.

—Denise Dresser. Fragmento de su artículo El país de uno.

“Yo no soy valiente, simplemente soy consciente de mis derechos”, le respondió la también reconocida escritora a una mujer culichi que así la calificó tras disertar su conferencia ¿Y yo qué puedo hacer? 10 propuestas para cambiar a México, organizada en Culiacán por el diario Noroeste.

Dresser, quien se asume como una “ciudadana activa”, lamentó que el pesimismo recorra al país e infecte a quienes entran en contacto con él. Que México viva obsesionado con el fracaso, la victimización, con lo que pudo ser y no fue.

Y entonces sacude: “Son tiempos de ciudadanos que quieren vigilar el poder y partidos políticos que abusan de él”.

UI_cuadro1Para ella la respuesta a tanta tragedia, desigualdad y abusos de poder está en la clase media: “Ante los retos del país, surge el imperativo de que nosotros evaluemos a nuestro país y a nosotros mismos con más honestidad, sin la anteojera de los mitos y los intereses y los lugares comunes que buscan minimizar los problemas… de un presidente que nos invita a superarlos”. Estima que México cojea hacia adelante para después retroceder, como una liga en un estira y afloja de la posibilidad de cambio y los que buscan evitarlo: “Entre la ciudadanía anhelante y la clase política que se empeña en defraudar sus expectativas”.

Los viejos demonios

“En la nueva era, en nuestra era supuestamente democrática, todavía andan sueltos los viejos demonios: la corrupción, el patrimonialismo, el uso arbitrario del poder y la impunidad con la cual todavía se ejerce”, sentencia. Dresser no tiene duda: los diputados, políticos, funcionarios, así sea el presidente de la República, son empleados de los ciudadanos y no se les exigen cuentas.

“La consigna no puede ser la celebración de lo logrado, de cómo hemos ‘movido a México’, sino la honestidad ante los errores cometidos, del reconocimiento de lo mucho que nos falta por hacer… la tarea pendiente de liberar al país de las cadenas que gobierno tras gobierno le han colocado, sacudirse”, reflexiona.

UI_cuadro2Un país de ciudadanos

Un México posible al que tenemos derecho a aspirar, un México capaz de crear los hábitos mentales que promueven la participación en vez de la apatía, todavía se puede lograr según la politóloga.

¿Qué van a hacer ustedes para salvar a México?, pregunta Denise Dresser, quien no tiene duda que ser un ciudadano participativo requiere una declaración de fe. “Yo creo que es necesario volver a México un país de ciudadanos, porque nunca lo ha sido, ha sido un país de intereses”, asegura.

Y continúa: “Es momento de volverlo un lugar poblado de personas conscientes de sus derechos y dispuestos a contribuir para defenderlo, dispuestos siempre a alzar la voz”.

Para la periodista México es un país que convierte a sus ciudadanos en naranjas exprimidas. A diario alguien los exprime, ya sea una compañía telefónica, un banco, las gasolineras, etcétera… “y nos hemos acostumbrado a ser naranjas”. Por eso insiste en construir ciudadanos capaces de demandar, de exigir; dispuestos a sacrificar su pequeña zona de seguridad personal para que otros la compartan y dispuestos a entender que ser de clase media, en un país de más de 50 millones de pobres, es ser privilegiado.

Preguntas para privilegiados

Los privilegiados tienen la obligación de regresar algo al país que les ha permitido obtener esa posición, porque:

  1. 1¿Para qué sirve la experiencia, el conocimiento, el talento, si no se usa para hacer de México un lugar más justo?
  2. ¿Para qué sirve el ascenso social si hay que pararse sobre las espaldas de otros para conseguirlo?
  3. ¿Para qué sirve la educación si no se ayuda a los demás a obtenerla?
  4. ¿Para qué sirve la riqueza si hay que construir cercas electrificadas cada vez más altas para defenderla?

Las cosas como son

Para Dresser los ciudadanos deben empezar a llamar a las cosas por su nombre: descubrir la verdad aunque haya tantos empeñados en esconderla. “Es momento de decirle a los corruptos que lo han sido, decirle a quienes han gobernado mal a México que no tienen derecho a seguir haciéndolo. Yo creo en la obligación ciudadana de vivir en la indignación permanente. Porque los buenos gobiernos se construyen a base de buenos ciudadanos, no hay otra opción”.

Por eso es que cree que tienen que empezar a surgir los ciudadanos encendidos, comprometidos, preocupados, “y poco a poco y a empujones lograremos lo que vale la pena: la remodelación de una clase política”.

Y reflexiona: “Un ciudadano de cuerpo entero comprende que tiene que mantener vivas las aspiraciones eternas de verdad y justicia en un sistema político que todos los días se burla de ellas. Un ciudadano de cuerpo entero sabe que le toca hacer un papel punzante, puntiagudo, cuestionador, desafiar los usos y costumbres del poder en México, saber que todos los seres humanos y los mexicanos no están excluidos de ello… Un buen ciudadano comprende que tiene que vivir produciendo pequeños terremotos y sacudidas, vivir generando incomodidad e irle diciendo a los demás lo que no quieren oír”.

Y todo ello porque en México, fenómenos como la corrupción, la violencia, la disputa por el control territorial, la infiltración gubernamental, no han disminuido, al contrario, se han incrementado.

“Porque si con sus acciones (los ciudadanos) alteran aunque sea por un milímetro la realidad de este país, habrá sido un buen día, un buen comienzo y podremos seguir declarando que estamos cansados, legítimamente cansados, de una clase política depredadora, insensible e impune que gobierna el país como si fuera su feudo personal”, concluye.

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