Tema de la semana

Sociedad secuestrada | Desde Culiacán, la paranoia viajó por Facebook

Paso a paso, detonación a detonación, las redes sociales refrendaron la enorme capacidad que tienen para dispersar el miedo. Desde el sector Cañadas de Culiacán, para el mundo, el rescate fallido de un empresario fue conocido en tiempo real: gritos, disparos de armas de grueso calibre, sirenas de patrullas, soldados y policías corriendo y crónicas […]

Paso a paso, detonación a detonación, las redes sociales refrendaron la enorme capacidad que tienen para dispersar el miedo. Desde el sector Cañadas de Culiacán, para el mundo, el rescate fallido de un empresario fue conocido en tiempo real: gritos, disparos de armas de grueso calibre, sirenas de patrullas, soldados y policías corriendo y crónicas en vivo de cibernautas casi metidos en la zona de peligro… casi detrás de la puerta.

El miedo, viajando por Internet a la velocidad del sonido; los culiacanenses paralizados por el impacto de las noticias; los medios de comunicación replicando la versión de las redes; las familias que habitan la zona del peligro con la orden de no salir de sus casas; otros queriendo saber cómo se encontraban sus parientes y los más, jalados por el morbo al campo de batalla.

Era la guerra, coincidían en Facebook y Twitter en distintas formas. Memes, videos, audios, comentarios y likes reproduciendo el horror. Desde las 14:30 hasta las 17:00 horas del 20 de abril, la sicosis, y desde ese lunes hasta la fecha la sociedad sinaloenses sabiéndose más a merced de la delincuencia.

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El Tiger y las huellas de la refriega en Cañadas. Foto: Rashide Frías / Cuartoscuro

Las cámaras y grabadoras de los celulares fueron los ojos y oídos de todo el mundo. Policías sobre los techos de la casas mientras las ráfagas retumbaban entre los cerros habitados de Cañadas. Curiosos casi junto a la fuerza pública. “Ya dice que se va a entregar, yo lo que no quiero es que no me lo vayan a matar; que lo agarren”, captan los micrófonos imprudentes.

“Atención, evite circular por la zona del enfrentamiento”; “va un muerto”; “Ínguiasu, están disparando contra la casa”; “hay muchos heridos en las calles”; “le están pegando en la madre a la Tiger”; “Dios mío; Dios los proteja”; “hay balacera en Cañadas plebes”. Diez mil reproducciones, 50 mil, cien mil. Decenas de miles de vistas, retwitts, “me gusta” y comentarios. El humor negro: la ilustración de un Rambo armado hasta los dientes y la leyenda: “Mi vieja me mandó a las tortillas en Cañadas”.

Y el miedómetro se fue al tope en Culiacán. La falta de información oficial reflejó al Gobierno sin capacidad para manejar esta crisis de seguridad pública, cediéndole todo el terreno a la especulación, la versión caricaturizada y la realidad cruda filtrada desde la escena del crimen.

Información veloz, repentina, deslumbrante pero poco confiable, según el estudio Trust Barometer realizado por la agencia Edelman, que señala que el 60% de los usuarios de Internet confían más en los medios tradicionales como fuentes de información y el 80% prefiere verificar la información que recibe por redes sociales. El 71% coteja los datos mediante los buscadores de la web.

En Culiacán, la tarde del 20 de abril, se confirmó lo útil pero también lo confuso que puede ser la información vía Internet. Una vez que se apaciguaron las redes sociales y que las armas callaron, la realidad se mostró tal cual, nutriendo el horror de toda una sociedad que se sintió secuestrada: tres muertos, entre ellos el empresario plagiado, y siete detenidos, entre estos un sobrino de Amado Carrillo Fuentes.

Así acabó la crónica desaforada de un rescate fallido.

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