Tema de la semana

Vida sobre ruedas | El peligro cotidiano de ser minusválido en Culiacán

Banquetas, calles y demás elementos de la infraestructura urbana no son lo mismo cuando no se usan ambas piernas. Hablamos específicamente de los minusválidos, minoría a la que poco se le respeta en su movilidad cotidiana por la ciudad y a la que la clase política no termina por hacerle justicia con leyes y programas […]

Banquetas, calles y demás elementos de la infraestructura urbana no son lo mismo cuando no se usan ambas piernas. Hablamos específicamente de los minusválidos, minoría a la que poco se le respeta en su movilidad cotidiana por la ciudad y a la que la clase política no termina por hacerle justicia con leyes y programas que les permita transitar por la vía pública sin tener que enfrentar obstáculos. ESPEJO acompañó en un recorrido por las calles de la capital al grupo autodenominado Los Chuekos, para comprobar las dificultades que enfrentan por estas razones.

—Ten, súbete —te invita Armando, hombre de rostro afable y gran sonrisa blanca, ofreciéndote una silla de ruedas como la suya.

—No, cómo me voy a subir —le respondes, rodeado por Erick, Jesús, Diego y Luis, quienes te ven desde sus sillas de ruedas. Ninguno supera los 35 años.

—Súbete, ya que lleguemos a Forum se la das a quien la va a usar.

Dudas, pero no por el recorrido, que es poco más de 150 metros y que conoces porque lo has caminado muchas veces, sino por la incertidumbre que te causa subirte a esa silla de ruedas azul que es diferente a cualquiera que hayas visto. Su respaldo llega a media espalda, no tiene mangos de empuje, ni descansabrazos ni frenos y es visiblemente más ligera.

—Da una rodada con nosotros —te motiva Armando.

Lo piensas un poco pero finalmente te sientas y comienzas a rodar. Ahora eres uno más de ellos, una persona con una lesión que les impide caminar pero no detenerse en una ciudad pensada solo para andar en dos piernas.

Erick, Jesús, Diego y Luis se desplazan con cuidado por una banqueta de piedras y tierra, mientras Armando y tú van por la calle. Son las cinco de la tarde, y aunque aún no oscurece ves las tenues luces de algunos autos que pasan junto a ti. Un par de metros más adelante te topas con una banqueta que nunca te había parecido tan alta. Son solo 20 centímetros, pero para superarlos Armando y tú deben sujetarse a una señal de tránsito mientras Luis y Diego los jalan de la silla.

Continúan avanzando por terracería hasta llegar a un camino adoquinado que corre paralelamente a la ribera del río. Ahí está el resto: seis hombres que rondan los 30 años, una joven de poco más de 20 años y una pequeña niña de 9 años. Todos ellos son Los Chuekos, grupo que todas las semanas sale por lo menos una vez a la calle para recuperar los espacios que les pertenecen.

¿Recorrido sencillo?

Se ponen de acuerdo y deciden ir hacia Catedral. Es poco más de un kilómetro, un recorrido al parecer sencillo, pero pronto entenderías que montado en tu silla no lo es.

Todos enfilan hacia el puente bimodal y cruzan el malecón viejo sin problema. Tu aventura comienza en la calle José María Morelos, a la altura de Ignacio Zaragoza, donde la amplia acera de concreto comienza a reducirse y donde los obstáculos de la infraestructura urbana van en aumento. Maceteras y bancas son lo de menos, los autos atravesados te impiden seguir.

Entonces haces lo mismo que todos: andas por la calle, porque no hay manera de hacerlo por la banqueta. Transeúntes y automovilistas que los ven asombrados dan el paso para que continúen su camino.

Los sigues de cerca, pero para cuando llegan a la calle General Antonio Rosales te rezagas. Los brazos queman y por más que intentas ir al frente te quedas hasta el final. Sin embargo, no te importa, la felicidad y entusiasmo de cada uno se contagia y te hacen rodar sin parar.

Por fin, la amplia acera les permite andar por ella sin dificultad y así será hasta la Avenida Álvaro Obregón. La luz roja del semáforo te da un pequeño respiro. Ya ha comenzado a atardecer. La luz verde te hace continuar. Rápido cruzas la calle y sigues a todos hasta llegar al quiosco, a un lado de Catedral.

—¿Cómo te sientes? ¿Te cansaste? —te pregunta Armando.

—Sí, un poco —le respondes.

—Vamos a ir a las pizzas, llegando a la Colón, ¿quieres ir?

—No, gracias —le dices. La verdad es que el recorrido ha sido extenuante.

Con sumo cuidado dejas tu silla y te pones de pie. Los Chuekos continúan con su travesía sobre ruedas y tú tomas tu camino. Por un momento caminar te parece extraño.

FOTO: Jesús Herrera/Revista ESPEJO.

 

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