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¿Tú contaminas? | Aguas sinaloenses: contaminación impune

Uno lo puede ver a simple vista. La contaminación del agua, aunque parece un tema que los niños ven en primaria de pasada, está presente en el estado de formas catastróficas. Y aunque los daños sufridos por negligencias son o fueron irreparables, la autoridad no ha tomado las precauciones pertinentes para que estos escenarios no sigan […]

Uno lo puede ver a simple vista. La contaminación del agua, aunque parece un tema que los niños ven en primaria de pasada, está presente en el estado de formas catastróficas.

Y aunque los daños sufridos por negligencias son o fueron irreparables, la autoridad no ha tomado las precauciones pertinentes para que estos escenarios no sigan repitiéndose.

El caso más recurrente es el de la contaminación de los ríos. Año tras año, durante la temporada de lluvias, el Humaya y el Tamazula son cubiertos por toneladas de basura que la gente no deposita en su lugar o simplemente la abandonan en las calles de Culiacán.

Esto no solo es una causa de contaminación, sino que es una de las principales causas de inundaciones en la capital del estado, las cuales han acabado con el patrimonio y la vida de muchas personas.

A pesar de las advertencias del Ayuntamiento, pareciera ser una práctica común entre la ciudadanía. Las repercusiones de ello no son solo la contaminación del agua, sino que todas las actividades económicas del estado que dependen de ella, sobre todo las actividades primarias (agricultura y ganadería).

Negligencia minera

Pero los casos más destacados recientemente no tienen nada que ver con la basura. En octubre de 2014 ocurrió el primero de dos derrames a causa de la actividad minera en Sinaloa.

En el primer caso, la mina Dos Señores, ubicada en el municipio de Concordia, fue la causante del derrame de 10 mil 800 toneladas de jales en las aguas del río Pánuco.

Si bien el encargado de la mina insistió en que el derrame no tendría consecuencias ambientales, pues los jales derramados no eran tóxicos, la empresa fue clausurada por la Procuraduría Federal de Protección Ambiental.

El segundo caso, ocurrido en diciembre de 2014, se trata de la minera Paradox Xingye, la cual derramó 700 metros cúbicos de aguas lodosas que recorrieron dos kilómetros del río Choix.

Si bien en ambos casos las compañías fueron clausuradas, los daños ambientales sufridos por los derrames tuvieron consecuencias irreparables para el medio ambiente y las especies acuáticas.

Combustible en el lago

A finales de 2013, ocurrió quizás el primer derrame de combustible que amenazó la ecología sinaloense: debido a una falla en un ducto de Petróleos Mexicanos se produjo un derrame en la laguna Batamote, en la sindicatura de Culiacancito, lo que produjo la muerte de cientos de peces.

El siniestro causó tal indignación en la sociedad que incluso el Congreso del Estado tomó el tema en tribuna, llegando a pedir la clausura de los ductos de Pemex que pasan por ese sector.

Cuando se creía que la crisis había pasado, en febrero de este año ocurrió un segundo derrame en el mismo sector, trayendo consigo las mismas consecuencias.

La segunda ocasión la fuga de combustible sobre la laguna se atribuyó a la actividad delictiva en la zona, argumentando que células del crimen organizado que se dedican al robo de gasolina habían provocado el derrame.

A pesar de los señalamientos y la petición del Poder Legislativo para que clausuraran los ductos del sector, tanto el crimen organizado como Pemex siguen operando.

A oídos sordos

No ha importado el tipo de desastre, la jurisprudencia o la actividad de la sociedad organizada, ninguno de los casos de contaminación de aguas es atendido según lo que dicta la ley.

A pesar de que existe en México una Ley de Aguas Nacionales y en ella se establecen las penas a pagar a los responsables por contaminar las mismas, estas solo incluyen sanciones económicas.

La propuesta del Partido Verde Ecologista de México aprobada por el Congreso de la Unión incluyó únicamente el pago de una sanción y la reposición del daño ambiental causada por los contaminantes, pero nunca se fijó una restricción más severa.

Por lo tanto, mientras una persona o compañía tenga dinero para pagar las sanciones, la contaminación de las aguas puede seguir sin control y sin consecuencias reales para los responsables.

FOTO: Jesús Herrera/Revista ESPEJO.

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