Opinión

OBSERVATORIO | DOMINGO 7: LA PENUMBRA Y LA LUZ

O uno como ciudadano pone demasiado alta la vara de las expectativas —la ingenuidad es una fuerza que los astutos hacen mal en despreciar, dice el poeta italiano Arturo Graf— o el nuevo sistema político electoral mexicano falló en la primera prueba: la elección del 7 de junio de 2015. El abstencionismo como obsesivo ganador […]

O uno como ciudadano pone demasiado alta la vara de las expectativas —la ingenuidad es una fuerza que los astutos hacen mal en despreciar, dice el poeta italiano Arturo Graf— o el nuevo sistema político electoral mexicano falló en la primera prueba: la elección del 7 de junio de 2015.

El abstencionismo como obsesivo ganador de comicios, El PRI con su indispensable aliado el Partido Verde, un delincuente electoral en potencia, alcanzando apenas la mayoría simple; el PAN invalidado como alternativa en medio de la crisis social y política de México; la izquierda dividida en añicos por su gresca interna y allá, al final del túnel, un gobernador, un alcalde y un diputado federal producto de candidaturas ciudadanas.

Pasada la elección y al conocerse los resultados de cómo la partidocracia se repartió el pastel, o el botín según se vea, lo que emerge es la conducta de candidatos y partidos retrocediendo en civilidad y avanzando a lo primitivo. El paisaje rupestre del proselitismo voraz mostró a cavernícolas hambrientos de poder dándose entre sí con el garrote de la descalificación.

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En Culiacán el voto hizo historia.

El avance de México en la implementación de normas y modos para afianzar la democracia electoral sigue siendo un fiasco. El Partido Verde desafiando a las instituciones en un cínico ejercicio de violación de la ley es la muestra palpable de que las mafias políticas y sus codicias son inmutables a pesar de leyes y árbitros remozados. Asistimos a otra guerra de lodo y nunca vimos la propuesta ni el proyecto para alumbrar el horizonte sombrío del país.

Las instancias diseñadas para convocar, organizar y realizar elecciones han fracasado. El Instituto Nacional Electoral, rehén de partidos políticos anclados en la edad de piedra, se modernizó en apariencia pero no de fondo. Siglas nuevas para mañas viejas. Mejor dicho: echados a la basura 5 mil millones de pesos dados a los partidos y 13 mil millones de pesos que cuesta el INE, todo pagado por los mexicanos. Nada qué festejar; aquí todo sigue igual.

En el actual proceso electoral asistimos a la enésima certificación de una democracia fallida. Para desgracia corroboramos que la política azteca continúa diseñada para alejar de las urnas a los electores. Apartarlos y acorralarlos en la apatía hasta que esa masa harta de mentiras y confrontación que excluye las ideas se dé su propia forma para construir buenos gobiernos.

Y, si es preciso, una luz al final del túnel: el rencor acumulado en los electores debido a décadas de traiciones y rapiñas institucionalizadas se ha manifestado de nuevo con la abstención pero en Culiacán se expresó dando el voto a un candidatos ciudadano. El triunfo de Manuel Clouthier Carrillo en el distrito 05 adquiere  la dimensión de la epopeya. Es una gesta heroica de los culiacanenses que le aportan al país una señal de esperanza.

Y es precisamente ahí, en esa simpatía con postulaciones independientes, donde ha brillado una luz, pequeña sí, que amenaza con convertirse pronto en resplandor. Y tal vez esta sería la única aportación reconfortante del primer domingo de junio.

 

Re-verso

 Fue en el lodo la repesca,

pero votantes y abstensos,

perciben ríos, aunque lejos,

con agua limpia y fresca.

 

Ley de Herodes

El secretario general de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros, viola la ley al realizar campaña electoral anticipada y, más grave aún, siendo funcionario público; el gobernador Mario López Valdez viola la ley al sostener a Jesús Antonio Aguilar Íñiguez como director de la Policía Ministerial del Estado a pesar de que no aprobó el examen de control y confianza; el procurador Marco Antonio Higuera Gómez viola la ley al permitir que sus subalternos les saquen declaraciones a golpes a los detenidos. Entonces, ¿quién posee calidad moral en Sinaloa para exigir a los delincuentes que no violen la ley?

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