Opinión

EL CALOR CULICHI

No hay culichi que no se quejé del calor, a la vez que declara su amor total por el frío; lo que no tengo claro es a qué se refieren cuando dicen frío. Para empezar frío, lo que se dice frío, ni lo conocemos ni tenemos idea de lo que es, porque suele comportarse como un asesino despiadado que cada año […]

No hay culichi que no se quejé del calor, a la vez que declara su amor total por el frío; lo que no tengo claro es a qué se refieren cuando dicen frío. Para empezar frío, lo que se dice frío, ni lo conocemos ni tenemos idea de lo que es, porque suele comportarse como un asesino despiadado que cada año mata en el mundo a más gente que el calor. Aquí en Culiacán el termómetro baja de los cero grados cada cincuenta años, la última vez fue en el 2011 y todavía no se recupera ni la economía. Ustedes lo han visto recientemente en las noticias sobre las tormentas invernales, donde las ciudades aparecen paralizadas por la nieve y donde ciudadanos que sufren una falla en el auto al circular por una carretera, corren peligro de muerte por congelación.

Nuestro calor es de los peores del mundo, sí, pero es muy estable: llueve lumbre por la mañana, por la tarde y por la noche.

En Culiacán estamos peor, nuestro invierno es para nuestra salud tan pernicioso como el vicio del tabaco, por algo la frase de “enero y febrero, desviejadero”. Aquí nadie se muere en agosto, salvo por bala. El dichoso tiempo de frío culichi se distingue por su inestabilidad y los extremos, donde en un día podemos tener un diferencial superior a los veinte grados entre temperatura máxima y temperatura mínima, ustedes háganle ese cambio brusco a una copa de cristal y la verán estrellarse, lo cual demuestra el aguante del cuerpo humano, pero eso no significa que no suframos consecuencias.

En cuanto empieza a refrescar, los culichis caemos como moscas por enfermedades respiratorias, catarros y gripe; se nos puede ver con las narices enrojecidas, con fiebre y gangosos, pero eso sí, exclamando “qué rico… ejta hajiendo jrillito”.

Por otro lado, nuestro calor es de los peores del mundo, sí, pero es muy estable: llueve lumbre por la mañana, por la tarde y por la noche. Es cierto que es incómodo, de ahí que la gente ande irritable y quejándose por todo; es común ver grupos de amigos reunidos al atardecer, recostados en hamacas, con la caguama helada en la mano y diciendo “pinche calorón horrible, ya no lo aguanto, a ver cuándo hace frío”. Esa es nuestra cruz.

Me parece que somos un caso extraordinario de desadaptación. En el Sahara, sus habitantes han diseñado sus vidas sobre la base del clima caluroso que los distingue. Aquí nosotros abandonamos el uso del sombrero y la ropa clara de algodón, y por supuesto, el negro no es lo más elegante sino lo más necesario: en ropa, autos y lo que se atraviese. Es más o menos lo que ocurrió una vez con Meché Murillo, cuando alguien le dijo que ya era mucho el tiempo que tenía al frente de su organismo de defensa popular, a lo que ella respondió: “¿Ya mucho tiempo? Si aún no he muerto. O sea: esto no es lo que yo hago, es lo que yo soy. De la misma manera el clima culichi seguirá siendo lo que es… y yo… y ustedes… ya supérenlo.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo