Opinión

OBSERVATORIO | El Lucerogate viene por más

Existe una razón, tal vez la única, por la cual la Procuraduría General de la República filtraría a un periodista o medio de resonancia nacional imágenes y documentos sobre la presunta visita que la diputada Lucero Guadalupe Sánchez López le hizo en prisión a Joaquín Guzmán Loera, jefe del cártel de Sinaloa. Ese motivo tiene que ver con apaciguar a políticos que solos […]

Existe una razón, tal vez la única, por la cual la Procuraduría General de la República filtraría a un periodista o medio de resonancia nacional imágenes y documentos sobre la presunta visita que la diputada Lucero Guadalupe Sánchez López le hizo en prisión a Joaquín Guzmán Loera, jefe del cártel de Sinaloa. Ese motivo tiene que ver con apaciguar a políticos que solos o en camarilla andan acelerados en sus aspiraciones por la gubernatura de Sinaloa. 

La relevancia de si la diputada cosalteca visitó o no al Chapo radica en la conexión que la legisladora tendría con personajes políticos o siglas partidistas que la ayudaron a ocupar una curul en el Congreso del Estado aún sabiendo quién es ella y quién es Guzmán Loera. Más claro: lo que busca la PGR es hallar una de las puntas de los muchos hilos que mueven la narcopolítica en Sinaloa.

En la elección de 2010 para el grupo que hoy gobierna Sinaloa resultó determinante detonar en el diario Reforma, de circulación nacional, una fotografía donde Jesús Vizcarra Calderón —principal contrincante de Mario López Valdez en la lucha por la gubernatura de Sinaloa— aparece en una reunión de ganaderos a la que asistió también Ismael el Mayo Zambada. Esa estrategia de alta tenebra desencadenó la derrota del empresario de la carne.

Probada la eficacia de la confabulación obscena en las madrigueras del poder, es adivinable que en la definición de quién gobernará el estado en el periodo de enero de 2017 a octubre de 2021 volverá a ser determinante el tema del narcotráfico y su injerencia en la política. Saldrán a relucir expedientes de aquí y de allá en la guerra que la intriga palaciega ya prepara en Los Pinos y en el búnker malovista de Insurgentes y José Aguilar Barraza.

Todo indica que el caso Lucero Sánchez es un pequeño “estate quieto” para los precipitados campañistas que a la sombra de responsabilidades públicas andan con todo tratando de suceder a Malova en el cargo. Hasta el momento nadie se ha adjudicado la llegada de la mujer cosalteca al Congreso del Estado, fraguada por cierto a través de la coalición entre los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, del Trabajo y Partido Sinaloense.

Por lo pronto de la Secretaría de Gobernación y PGR ha venido el primer piquete al transformar en nota nacional el informe que el 14 de abril de 2015 rindió la Comisión Nacional de Seguridad al confrontar en el sistema Plataforma México los datos de la misteriosa visitante: en realidad, dice la ficha entregada a Gobernación, era la diputada Lucero Guadalupe Sánchez.

Es verdad que la relación que la mujer cosalteca pudiera tener con Guzmán Loera corresponde al ámbito íntimo. También es cierto que el asunto se torna público cuando se involucra a un poder, el Legislativo, y las derivaciones del caso apuntan hacia personajes cuya lista poseen las autoridades federales. Ni están todos los que son ni son todos los que están en la foto que los diputados se tomaron para arropar a Lucero Sánchez.

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Malos augurios

¿Es posible que el alcalde de Culiacán, Sergio Torres Félix, aspire a ser gobernador de Sinaloa? Todo es permisible cuando la clase política hace del cinismo su principal estrategia para acceder al poder.

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