Opinión

OBSERVATORIO | ¿Quién los asesinó?

La mañana del jueves 25 de agosto de 2011 —era el primer año del sexenio de Mario López Valdez— fue encontrado cerca de la ciudad de Culiacán el cadáver del periodista Humberto Millán, director del semanario digital A Discusión, en continuidad y preludio de una secuencia de crímenes de evidente móvil político por los cuales nadie ha sido castigado hasta la fecha. El […]

La mañana del jueves 25 de agosto de 2011 —era el primer año del sexenio de Mario López Valdez— fue encontrado cerca de la ciudad de Culiacán el cadáver del periodista Humberto Millán, director del semanario digital A Discusión, en continuidad y preludio de una secuencia de crímenes de evidente móvil político por los cuales nadie ha sido castigado hasta la fecha.

reverso_septiembreEl mismo día, 25, pero 7 meses antes, en enero, había sido ubicado en Guamúchil el cuerpo sin vida de Luis Pérez Hernández, quien en los gobiernos de Juan Millán y Jesús Aguilar se desempeñara como operador del aparato estatal de espionaje. Fue activista de la campaña que llevó a su actual cargo a Malova y por los servicios prestados le habían ofrecido ser titular de la Secretaría de Seguridad Pública.

Y así, la secuencia fatídica de 2011 prosiguió: el 28 de junio privaron de la vida a Martha Olivia Oly Alonso Pérez, mujer practicante del esoterismo a quien Pérez Hernández había adoptado como confidente absoluta; la siguiente víctima sería Francisco Eduardo Fuco Urrea Salazar, ex coordinador de Acceso a la Información del Ayuntamiento de Culiacán y ex colaborador de la campaña que en 2010 realizó Jesús Vizcarra Calderón en busca de la gubernatura.

Corrieron los años y desfilaban las víctimas. El 2014 quedó marcado con otro ciclo funesto pues el 12 de mayo asesinaron a Sandra Luz Hernández, la madre que murió buscando a su hijo desaparecido, convirtiéndose en emblema de la lucha social. Diez días después fue levantado y asesinado Ramón Corrales Vega, comisariado ejidal de Cajón de Cancio, en Choix, férreo opositor a la explotación abusiva de la minera Paradox Global Resources.

El 11 de octubre de 2014, sujetos armados irrumpieron en las instalaciones del diario El Sol de Mazatlán para asesinar a Atilano Román Tirado, líder de los comuneros desplazados de la presa Picachos y un día antes había sido privado de la libertad el periodista mochiteco Jesús Antonio Gamboa, quien apareció muerto el 22 del mismo mes.

Nada pesa tanto como los muertos en el balance de cualquier régimen. En lo que ha transcurrido del sexenio de Malova son pocos los años y muchas las víctimas, considerando que en este periodo se registran más de 6 mil homicidios dolosos.

Humberto Millán, Luis Pérez, Oly Alonso y Francisco Eduardo Urrea poseían demasiada información sobre actores políticos sinaloenses, ya sea por ser parte de círculos de poder, o por confrontarse a intereses o ambiciones de estos. Sandra Luz Hernández, Ramón Corrales y Atilano Román eran elementos incómodos, algunos de ellos perseguidos por el mismo Gobierno estatal, al encabezar causas ciudadanas legítimas e igualmente intensas.

¿Quién los asesinó? Es una interrogante que rondará en la ya próxima elección de gobernador. Cargo de conciencia para los políticos que directa o colateralmente pusieron el arma en la sien de los victimados. Pesado bulto en la alforja de la impunidad que caso a caso se volvió costal sin fondo. Es, sobre todo, exigencia de justicia en las postrimerías de un sexenio.

Leer para creer

Mediante una aberración genética, empresas de Estados Unidos producen industrialmente el trébol de cuatro hojas para comercializarlo como amuleto de la buena suerte. En Sinaloa, en un absurdo político, el PRD quiso fabricar una candidatura con la marca del trébol de cuatro hojas como fetiche del malovato. ¡Ufff!, dieron marcha atrás.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo