Empresarial

Miguel Ángel Manjarrez: “Soy de los que dicen: lo voy a lograr”

A pesar de solo haber cursado la primaria, Miguel Ángel Manjarrez fue el mejor alumno de su clase, lo que le dio la oportunidad de viajar al DF para conocer al presidente Luis Echeverría. Eso hizo que ese niño de San Ignacio se diera cuenta de que, tras aquellos grandes cerros y tranquilos campos, existía un mundo lleno de oportunidades. Aquel día, Miguel Ángel Manjarrez decidió que trabajaría sin descanso para aprovecharlas… y así lo hizo.

Casi 40 años después, todo ese trabajo y esfuerzo han hecho de Miguel Ángel Manjarrez uno de los principales empresarios en las artes gráficas de la región. Al frente de Manjarrez Impresores genera más de 200 empleos directos, atendiendo clientes de todo el noroeste del país, desde Tijuana hasta Guadalajara.

En entrevista con ESPEJO, el empresario habla de su origen humilde, sus inicios en las artes gráficas, el papel de su familia en la empresa, los puntos de quiebre que han marcado su historia empresarial y los proyectos que se avecinan a partir de la apertura de su planta en el parque industrial El Trébol.

—Para usted, ¿qué es Manjarrez Impresores?

—Mi vida. 37 años de trabajo. Mi razón de ser. Gracias a Manjarrez Impresores, alrededor de 200 jefes de familia llevan el pan de cada día a sus hogares. 200 sueldos directos, más los indirectos.

Para mí es muy satisfactorio de 37 años a la fecha mirar todo esto (señala la nave industrial). Es un logro basado en el esfuerzo y de un equipo de trabajo muy sólido que ha entendido hacía dónde vamos.

—¿Cómo nació la empresa?

—Al llegar a Culiacán a los 18 años, mi tía con la que llego me dice que conoce a una persona que tenía una imprenta. Me presentó y afortunadamente me dio empleo de mensajero, no porque me ocupara, sino un tanto comprometido con mi tía. Ese negocio era Impresora Sinaloense y estaba por el Madero. Pero eso no era para mí, necesitaba algo más. Un día me acerqué a mi patrón Carlos Hubbard, que no le tenía miedo… ¡le tenía pavor!, y le pedí oportunidad de trabajar en una prensa.

Se rascó la cabeza no creyendo en mí y me llevó con el jefe del taller (que hoy trabaja conmigo) y le dijo que me acomodara en una prensa. Él se rascó la cabeza y dijo: “No, pero cómo va a aprender Miguel. No me hagas eso Carlos, Miguel no aprende”.

Para una persona con tantas necesidades es humillante. Esas palabras hicieron mucho ruido en mi vida. Me estaban diciendo que era un tonto y que no aprendía. Pero también fue un reto, porque el orgullo herido te ayuda. Si del orgullo herido sacas la casta, vas a tener éxito en la vida. Fue mi caso.

Me hice el propósito de, en un año, ganar mucho más que muchos de ellos y, efectivamente en un año, después de mi jefe inmediato, el sueldo más grande de la empresa era el mío, porque me dediqué a trabajar.

Yo quería ganar más y ahí ya no se podía. Entonces me fui a trabajar con la familia Terán Olguín, apellidos muy conocidos en la sociedad. Al poco tiempo de estar trabajando allá me buscó el que era mi patrón. Me dijo: “Fíjate que quiero vender la máquina que tú trabajabas y quiero que tú te quedes con ella”.

Yo ya andaba de novio y junto con mi novia, María Oralia, empezamos a darle forma a esto. Desde ese día hasta hoy hemos trabajado juntos y es así como nació Manjarrez Impresores.

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—¿En ese momento se imaginó lo que llegaría a ser Manjarrez Impresores?

—No recuerdo haberme imaginado, pero siempre he tenido metas en la vida. Yo no soy de los que digo: “No, yo nunca”; “no, ¿cuándo?”. Esas frases las quité de mi diccionario. Yo siempre digo: “Un día lo voy a lograr”, “un día lo voy a hacer”. Empezamos en julio del 78 con una máquina muy vieja. A manera de broma cuento, pero es cierto, que a esa máquina se le rompió un resorte y como no teníamos dinero para comprarlo le poníamos ligas para seguir trabajando.

Trabajamos con mucha necesidad. Yo creo que primero la necesidad, luego la ilusión. Cuando ya tuvimos para comprar ese resorte, compramos una máquina nueva y empezamos a trabajar bajo ilusiones, desde luego con un proyecto, pero ya muy ilusionados porque ya habíamos entendido lo que es el ramo de las artes gráficas y descubrimos que había un filón de oportunidades para crecer.

—¿Cuáles son los hitos que han marcado la historia de Manjarrez Impresores?

—En 1986 el negocio estuvo a punto de desaparecer: mi segunda hija nació con un problema en el paladar y mientras mi mujer estaba atendiéndola en México yo me quedé a trabajar día y noche para sacar con qué.

Vendimos todo, me quedé con una sola máquina y volvimos a empezar. Sacamos adelante el problema familiar y despegamos con más ganas. Ahí me di cuenta que teníamos la capacidad para resolver todo tipo de problemas. Si habíamos superado aquel problema familiar, pues esto era “pan comido”.

El 94 marcó la historia de Manjarrez Impresores: fue cuando crecimos exponencialmente. Ese año yo ya veía venir la devaluación y decidí endeudarme en moneda nacional y no en dólares, de tal manera que cuando fue la devaluación nosotros ya estábamos con contratos firmados.

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—Del 94 a la fecha, ¿cuál ha sido la historia reciente de Manjarrez?

—Ha habido crecimiento. En ese tiempo hemos buscado nuevos nichos de mercado. Ya no hacemos lo que hacíamos cuando empezamos, hacemos cosas diferentes, de manera diferente, con tecnología diferente.

Tener estas nuevas instalaciones es un logro muy importante para la familia. La idea es que se marque el crecimiento porque va a haber mucha más eficiencia. Estamos todos en el mismo lugar, bajando costos y optimizando recursos. De hecho los ahorros ya se notan en los números.

De hecho estamos por abrir una oficina en Tijuana porque la capacidad instalada que tenemos da para más.

—¿Cómo se dio el crecimiento hacia afuera del estado?

—En el momento en que empezamos a comprar tecnología nos dimos cuenta que teníamos capacidad para atender más clientes y empezamos a buscar. De alguna manera un cliente satisfecho te va recomendando con otro y es así como hemos alcanzado clientes fuera del estado.

En Guadalajara tenemos otra empresa, Integradora Comercial de Impresos. Esta nació hace 4 o 5 años luego de que 2 de mis hijas se fueran a estudiar allá. Pusimos una oficina de venta, después vimos que había mercado y pusimos una planta. Lo que no se puede hacer en Guadalajara lo hacemos aquí y viceversa.

En Hermosillo abriremos una oficina de ventas en octubre. Primero Tijuana, luego Hermosillo y posiblemente enseguida venga Mexicali. Atendemos clientes desde Hermosillo hasta Guadalajara, en todo el Pacífico y la península de Baja California.

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—¿Cómo ha hecho Manjarrez Impresores para sobresalir entre la competencia local y regional?

—Tenemos gente trabajando en todas estas regiones como representantes. Aparte tratamos de cumplir en todo momento con los tiempos de entrega, dar buena calidad y mejores precios que la competencia.

Pongo un ejemplo: el martes en la noche me dijeron que había un trabajo en Tijuana. 75 mil boletos para un juego de beisbol que teníamos que tener allá el jueves a las 10 de la mañana. Bueno, adelante —dije—, sí me lo aviento. Y el jueves en la mañana los boletos estaban allá. El cliente está contento y pidió que fuéramos para hacernos compras programadas, ya no de pánico.

¿Qué fue lo que hice? Hice cosas que otros no harían. En ese momento amarramos toda la logística. ¿Me costó? Sí, sí me costó, pero le cumplí al cliente. Eso es lo que tratamos de hacer siempre.

—¿Cuál ha sido el papel de su familia en la empresa?

—Siempre he dicho que a mis hijos les corre tinta por las venas. Ellos siempre han estado involucrados con la empresa.

Desde recién nacida, Brenda, mi primera hija, ya estaba en el portabebés al lado del escritorio de mi mujer. Es la mayor y la que está a cargo del negocio de Guadalajara. Dulce, mi segunda hija, fue la que nació con un problema en el paladar y está encargada del factor humano en el grupo, pero desde los 6 años ya estaba involucrada en el negocio.

Sigue Miguel Ángel. Él empezó en el negocio como comerciante: compraba Cocas, Sabritas y todas esas chucherías y se las vendía al personal, les fiaba y anotaba en una libreta. Al final del día sacaba cuentas y decía: “Vendí tanto, me quedó tanto”… y se sentaba a comer todo lo que le había sobrado.

Luego sigue Nadia, la menor. Ella se separó un poco del área de las artes gráficas pero sigue relacionada con las tintas. Estudió diseño textil y modas, entonces tiene relación con países como China y la India, donde compra telas que luego manda teñir. Estoy muy contento porque ya vienen mis nietos, una nueva generación que empieza a oler la tinta. Espero que alguno quiera seguir con esta bonita labor.

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—¿Cuál ha sido la principal satisfacción que le ha dejado Manjarrez Impresores?

—Te lo voy a resumir: si Dios me diera la oportunidad de volver a nacer y elegir a qué dedicarme, yo elegiría esto: lo mismo.

¿Por qué? La satisfacción más grande en mi vida es saber que toda esa gente que estás viendo ahí, dando lo mejor de sí y sudando la camiseta, esa gente ahorita va a salir, va a ir a su casa y le va decir a su familia: “Vente, vamos al supermercado”. Esa es la satisfacción más grande en mi vida, saber que no soy una carga, saber que soy útil a la sociedad.

—¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

—Los caballos son mi pasión. Siempre me han gustado pero no me había dado la oportunidad. Ahora que pude comprarlos tengo 6, unos los monto yo, otros mi esposa y, cuando viene mi hija de Nueva York, al día siguiente ya está encaramada en uno. Te voy a decir porqué me gustan: el caballo me da la oportunidad de estar en contacto con la naturaleza, levantarme a las 5 de la mañana y a las 6 ya estar montado en un caballo, hacer contacto con la vegetación, el olor a campo, ver salir el sol, estar echando unos taquitos arriba en el cerro. Eso es la cosa más grande, ahí se me olvida todo.

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—¿Cuál es su relación con San Ignacio?

—Añoro estar en mi tierra, tengo muchos recuerdos de ella y guardo con cariño todo lo que venga de por allá. Es el lugar más bonito que yo conozco. Cierro los ojos y empiezo a caminar esos montes y esas veredas… Si las condiciones de seguridad fueran propicias, yo todavía estaría viviendo en San Ignacio y tendría mi casa para irme todos los fines de semana. Quisiera que no, pero así son las cosas.

—¿Cuál ha sido el papel de Miguel Ángel Manjarrez en la participación social?

—Soy de los que creen que siempre habrá algo qué hacer por los demás. Me he involucrado mucho en el deporte. Llegué a patrocinar 17 equipos infantiles en las ligas de beisbol. Creo que, si bien no es una garantía, sí ayuda mucho a retirar a los jóvenes del mundo de las drogas y la autodestrucción.

Hoy esos pollitos son hombres, son adultos, y muchos de ellos mis clientes.

Para ellos el señor Manjarrez es algo muy grande, de mucho respeto, porque hice una siembra: sembré en sus mentes cosas buenas y hoy son gente de bien.

—¿Qué consejo le daría a un emprendedor?

—Decirles a los jóvenes que no se desesperen. Nomás no dejen de trabajar, no bajen la guardia. Dedíquense a lo que sea pero háganlo con mucha pasión.

Que sepan que el camino que te va llevar a puerto seguro y a gozar de las satisfacciones es el camino sinuoso, el camino empedrado. No son las cosas fáciles. En la vida tienes que trabajar y no hay recetas mágicas, es trabajar, trabajar y trabajar mucho, y sobre todo con toda la honestidad del mundo.

Manjarrez Impresores comenzó con una sola máquina muy vieja. Un día se le rompió un resorte y como no teníamos dinero para el repuesto le poníamos ligas para seguir trabajando.

Miguel Ángel Manjarrez.

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