Opinión

La naturaleza del genio

Leo en un artículo sobre neurología un interesante comentario sobre un muchacho genio que, todavía sin cumplir la mayoría de edad, una prestigiosa universidad estadounidense ya lo tiene analizando y corrigiendo las teorías de Einstein y de Smooth sobre la relatividad y la física cuántica. El joven prodigio, hacen la aclaración, padece de un “autismo leve”. Lo que me llama la atención es […]

Leo en un artículo sobre neurología un interesante comentario sobre un muchacho genio que, todavía sin cumplir la mayoría de edad, una prestigiosa universidad estadounidense ya lo tiene analizando y corrigiendo las teorías de Einstein y de Smooth sobre la relatividad y la física cuántica.

El joven prodigio, hacen la aclaración, padece de un “autismo leve”. Lo que me llama la atención es que los “individuos especiales” comienzan a volverse cada vez más frecuentes, en posiciones destacadas, en todos los órdenes de la vida moderna.

Uno de los asperger más famosos de la actualidad es Bill Gates, el magnate de Microsoft, conocido por sus conductas excéntricas, sobre todo obsesivas, a las cuales les atribuyen en buena medida su éxito en los negocios.

El autismo y el asperger (este último similar al primero pero más benigno en términos de socialización), me atrevo a especular, son las primeras señales del rumbo que puede tomar la evolución del cerebro humano.

Algunos especialistas en el síndrome creen que los autistas se mantienen apartados del “mundo normal” porque su nivel de recepción de estímulos externos es tan alto que no pueden procesar varios a la vez. Eso los mantiene concentrados en forma total en torno a un solo estímulo, son capaces de descifrar cualquier cosa mientras sea solo una, de ahí que dicho padecimiento esté resultando muy útil en disciplinas como la física cuántica, donde el nivel de complejidad matemática y de abstracción requeridos, dejan fuera inclusive a las computadoras más potentes.

Asperger es tan similar al autismo que tampoco faltan especialistas que lo cataloguen como una forma suavizada del mismo. Quién sabe. Lo que sí es que quienes lo presentan sí conservan una razonable capacidad para relacionarse con sus semejantes, aunque no sin dificultades. Uno de los asperger más famosos de la actualidad es Bill Gates, el magnate de Microsoft, conocido por sus conductas excéntricas, sobre todo obsesivas, a las cuales les atribuyen en buena medida su éxito en los negocios.

Algo ocurre entre las ciencias exactas y nuestro cerebro, tienen una relación especial que, conforme van apareciendo más evidencias históricas, se comprueba que la mayoría de los grandes científicos han padecido alguna forma de excentricidad que les impide relacionarse a plenitud con su entorno, pero les favorece a la hora de abstraerse y concentrarse en la esencia de los misterios del universo: Arquímedes, Da Vinci, Isaac Newton y Einstein, son algunos de los ejemplos más conspicuos. De una forma u otra, desde la noche de los tiempos, nuestra especie ha encontrado la manera de salvaguardar a estos individuos, a veces como entes mágico-religiosos y en otras como inventores de armas y herramientas; ¿una feliz coincidencia o una misteriosa manifestación de la evolución? Yo qué sé, yo nomás comento lo que veo.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo