Opinión

Elecciones 2016 |Candidatos independientes ¿un espejismo?

El 7 de junio pasado nos recibió con la noticia de que las recién instauradas candidaturas independientes habían logrado seis impresionantes victorias: La de Jaime Rodríguez, el Bronco, en Nuevo León; Manuel Clouthier, en Sinaloa; Pedro Kumamoto, en Jalisco; César Valdés, en García, Nuevo León; Alberto Méndez, en Comonfort, Guanajuato y Alfonso Martínez Alcázar, en Morelia, Michoacán. Los partidos pueden promover a […]

El 7 de junio pasado nos recibió con la noticia de que las recién instauradas candidaturas independientes habían logrado seis impresionantes victorias:

La de Jaime Rodríguez, el Bronco, en Nuevo León; Manuel Clouthier, en Sinaloa; Pedro Kumamoto, en Jalisco; César Valdés, en García, Nuevo León; Alberto Méndez, en Comonfort, Guanajuato y Alfonso Martínez Alcázar, en Morelia, Michoacán.

Los partidos pueden promover a candidatos independientes con el objetivo de dividir a la sociedad, debilitar a la competencia y subir así las posibilidades de sus candidatos.

Estos resultados hicieron que las candidaturas independientes nacieran con espíritu ganador y con mucha atención de los medios. De ser una figura política desconocida para los electores mexicanos, la posibilidad de aspirar a un puesto de elección popular sin el patrocinio de un partido, de repente se convirtió en una realidad tangible para políticos y ciudadanos.

Para el proceso electoral de 2016, donde habrá elecciones en 9 estados, las candidaturas independientes parecen ser una alternativa para muchos individuos que desean participar en política, incluyendo ciudadanos honestos y auténticos, pero también para exmilitantes de partidos que han sido excluidos por sus correligionarios, para uno que otro pícaro que ve en esta figura la posibilidad fácil de acceder al poder, e incluso para partidos que pueden promover a candidatos independientes con el objetivo de dividir a la sociedad, debilitar a la competencia y subir así las posibilidades de sus candidatos.

La realidad es que la aventura independiente es difícil. Los recursos públicos son muy limitados y las necesidades de la campaña son mayores que las de un candidato con partido.

Pero todos los interesados deberán tener cautela. Para las elecciones de 2015, solicitaron registro como candidatos independientes alrededor de 1,500 aspirantes, de los cuáles solo 121 cumplieron los requisitos, incluyendo el de la obtención de las firmas equivalentes al 2% del listado nominal. El resultado final: 6 ganadores. Así que por toda la publicidad que han obtenido, la tasa de éxito de los candidatos independientes es de apenas 0.4%.

La realidad es que la aventura independiente es difícil. Los recursos públicos son muy limitados y las necesidades de la campaña son mayores que las de un candidato con partido. La única estructura del candidato es la de sus amigos cercanos, por lo que hay que construir el equipo operativo prácticamente de cero. El reto de dar a conocer su nombre —marca es mayúsculo ya que no se cuenta con el posicionamiento de las siglas de un partido con toda la publicidad de la que gozan durante todo el año, no solo en periodo de elecciones.

Recorrer las ciudades, conectar con la gente, usar los medios digitales de manera inteligente, crear un discurso atractivo, generar credibilidad, atender entrevistas, captar y organizar a grupos de voluntarios promotores, todo en unas cuantas semanas. No hay margen de error.

Claro que los candidatos independientes también cuentan con ventajas. La más importante es que no tienen que llevar la carga de desprestigio de un partido (cualquier partido).

Y ojo con aquellos políticos de gran tradición en sus partidos que solo quieran usar las candidaturas independientes como una oportunidad para avanzar sus intereses (con o sin el apoyo de sus partidos).

La gente es más inteligente de lo que creen y se dará cuenta. Ya pasó en 2015 con algunos personajes a los que nadie les creyó la bandera de independientes.

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