Artes

La mujer que todo el pueblo ignoraba | La muerte según Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura 2015

Doce años antes de ganar el Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexievich estuvo en México y dictó una conferencia en ruso en el Palacio de Bellas Artes. Dijo que su aspiración a escribir un libro sobre la guerra con mirada de mujer se debía a que pertenece a una generación a la que le desagradan las respuestas estériles que les daban sobre la vida. Y […]

Doce años antes de ganar el Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexievich estuvo en México y dictó una conferencia en ruso en el Palacio de Bellas Artes. Dijo que su aspiración a escribir un libro sobre la guerra con mirada de mujer se debía a que pertenece a una generación a la que le desagradan las respuestas estériles que les daban sobre la vida. Y entonces, al recordar cómo se gestó su libro, La guerra no tiene rostro de mujer, compartió una anécdota que, a propósito del Día de Muertos, ESPEJO reproduce literal:

“Una vez fui a un pueblo… En Rusia hay un día en que se conmemora a los difuntos, como aquí en México. Todos acuden al cementerio para recordar a sus muertos. Tratan de hablar con el cielo, con las personas que ya no están. Y advertí algo extraño… Por lo general, en los pueblos rusos y bielorrusos todos se juntan, incluso en el cementerio. Por alguna razón, todos los habitantes de ese pueblo ignoraban a una mujer. Les pregunté por qué. Tardaron en desvelarme la historia. Finalmente me contaron que, durante la guerra, cuando los alemanes se disponían a quemar todo el pueblo, la gente huyó despavorida al bosque. Huyeron con los niños y, por supuesto, sin nada de comida. Se escondieron en el pantano. Aquella mujer, madre de cinco hijos, no tenía nada con qué alimentarlos. La más pequeña no dejaba de llorar. Todos tenían miedo de que por culpa de ella los mataran, que por su llanto descubrieran dónde se escondían. Por la noche oyeron que la pequeña le decía: “Mamá, por favor, no me ahogues. No volveré a pedirte comida”. Cuando se hizo de día, la niña ya no estaba. Esta madre salvó a todo el pueblo, pero ellos después le dieron la espalda”.*

Alexievich añade a su narración una especie de colofón inesperado: “Cuando me lo contaron y vi a esa anciana, me acerqué a ella y la abracé, y las dos nos sentamos junto a sus tumbas. Entendí que en la vida se dan situaciones como esa”.

*Texto traducido al español por Marta Rebón.

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