Deportes

El nuevo… ¿Estadio BBVA?

Ahora sí ya casi es oficial, y sin necesidad de que el nuevo propietario de lo que fue un bien público, conocido como estadio Ángel Flores, anuncie el nuevo nombre del sitio: ¿estadio BBVA?  Ahora ya nada más falta saber en cuánto le vendió al banco el nombre, un dato que en apariencia ya no importa (lo cáido, cáido), pero como de […]

Ahora sí ya casi es oficial, y sin necesidad de que el nuevo propietario de lo que fue un bien público, conocido como estadio Ángel Flores, anuncie el nuevo nombre del sitio: ¿estadio BBVA? 

Ahora ya nada más falta saber en cuánto le vendió al banco el nombre, un dato que en apariencia ya no importa (lo cáido, cáido), pero como de seguro ya está encarrerado, seguramente anda pensando en cuánto pudiera pedir por el nombre de Sinaloa: pudiéramos ser el primer estado que se llame Sabritas o “chispa de la vida”, cuestión de que le lleguen al precio a alguien con las relacione$ adecuada$.

Soy un convencido de que la venta de boletos será un éxito, y para los culichis un motivo de orgullo que nuestra ciudad cuente con un “gran estadio”, que ya no es de la ciudad pero pagado por ella.

En verdad que Dios los hace y ellos se juntan. Mira que hoy el banquero y el abarrotero bailan y se dan la mano, sin importarles la facha… y sí, les importa un pito lo que usted y yo pensemos, y a lo mejor hacen bien, dirán ellos, porque nuestros aficionados al beisbol han demostrado ser capaces de aplaudir cualquier infamia, al costo que sea, con tal de poder disfrutar, alrededor de cuatro meses del año, el espectáculo de nueve extranjeros correteando o dándole de palos a una pelotita.

Al menos yo no soy afecto a ese deporte ni a ninguno otro, pero sí me importa lo que se haga con recursos que finalmente salieron de mi bolsa. Lo confieso, pago impuestos desde la edad de dieciocho años, algo que a estas alturas me da vergüenza admitir, además de que me tiene “hasta el copete” constatar para qué me ha servido.

Quisiera ser optimista y traer a colación cuando Televisa pretendió cambiar el nombre al estadio Azteca por el de un tipo de apellido Cañedo, y por decirlo en términos elegantes, ¡se la pelaron! (perdón por mi francés): la ciudadanía no lo aceptó y ahí sigue como estadio Azteca.

En sentido contrario, mucho me temo, este despojo descarado, este auténtico robo en despoblado, servirá para demostrar una vez más el enorme déficit de ciudadanía que padecemos; soy un convencido de que la venta de boletos será un éxito, y para los culichis un motivo de orgullo que nuestra ciudad cuente con un “gran estadio”, que ya no es de la ciudad pero pagado por ella. Es más, propongo iniciar negociaciones con el corporativo Reckitt Benckiser México, S.A. de C.V., para que Culiacán sea SICO, ciudad capital, “seguridad y tranquilidad para ese momento”… ¡Bienvenido visitante!

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo