Opinión

OBSERVATORIO | ¿Ya es candidato del PRI Gerardo Vargas?

Frente a la aparente inmovilidad táctica y cibernética del resto de los aspirantes a la candidatura del PRI al Gobierno de Sinaloa, asciende en la opinión pública la idea de que el único que anda en campaña por la postulación es Gerardo Vargas Landeros y otra percepción más extrema da por hecho la postulación de […]

Frente a la aparente inmovilidad táctica y cibernética del resto de los aspirantes a la candidatura del PRI al Gobierno de Sinaloa, asciende en la opinión pública la idea de que el único que anda en campaña por la postulación es Gerardo Vargas Landeros y otra percepción más extrema da por hecho la postulación de quien todavía se desempeña como secretario general en el Gabinete de Mario López Valdez. Ambas creencias son, por supuesto, erróneas y peligrosas.

 

El equívoco consiste en que Vargas Landeros no es el único que con desespero busca la candidatura priista—las redes sociales dan cuenta de otras ansiedades y desfiguros—y lo peligroso tiene que ver con que el PRI aún no toma la decisión y deja correr sin control a sus pretensos rumbo a una ruptura similar a la de 2010 cuando perdió la gubernatura, riesgo que trae implícita la posibilidad de que en medio de igual aquelarre tricolor se instale en Sinaloa otro régimen fallido.

Es verdad que el gobernador López Valdez y su “padre político” Juan Millán Lizárraga ya decidieron que será Vargas Landeros el que busque la continuidad del grupo actualmente en el poder y es real también que ambos personajes gestionan ante la dirigencia nacional del PRI y el presidente Enrique Peña Nieto la candidatura de Vargas. A este propósito abonan otros ex gobernadores como Francisco Labastida Ochoa y Antonio Toledo Corro.

Es decir, el hombre del trébol de cuatro hojas sí es el candidato de Malova pero todavía no es oficialmente el candidato del Revolucionario Institucional. Le queda a GVL enorme trecho por andar y drásticas decisiones a tomar en aras de ser el abanderado priista a la gubernatura. El viejo PRI con todo y su máscara de modernidad es, antes que nada, pragmático y pendenciero.

¿Qué le podrían ofrecer Malova y Millán a Peña Nieto para convencerlo de que Vargas sea el candidato? ¿Qué le aportaría Vargas al proyecto político de Manlio Fabio Beltrones con miras a la elección presidencial de 2018? Para responder a ambas preguntas habría que resolver que lo que le han ofrecido hasta hoy no les interesa ni a Peña ni a Beltrones.

Entonces, ya teniendo el apoyo de los artífices de la derrota priista de 2010, lo que debiera preocuparle a GVL es qué le está ofreciendo a Sinaloa. Y partir de una realidad: no debe fincar su aspiración solo en tal padrinazgo que delata la extensión de un modo de gobernar, el de Malova, que reedita rencores en el PRI y decepciona y orienta a los electores a un voto más razonado y por lo tanto distinto.

Otro paso a dar, que sería un gran salto políticamente visto, es la reconciliación con los grupos que emanaron de la gran fragmentación de hace seis años. ¿Ha tendido Vargas puentes de diálogo con Jesús Vizcarra Calderón? En el caso de que sostenga la negativa de ser el candidato a la gubernatura el empresario de la carne constituye un importante factor de decisión en el PRI, en el sector privado sinaloense y en el gobierno de Peña Nieto.

También le ha faltado a GVL evaluar el costo político que trae consigo el hecho de ser gobierno. Abandonar el discurso de las cuentas alegres, diseñado para una sociedad de tontos, y asumir el reconocimiento de errores y compromisos incumplidos que son saldo de un mandato que estuvo muy alejado de las esperanzas que los sinaloenses fincaron en la oferta del cambio. Seguir alardeando que a Sinaloa le ha ido bien con Malova significa la autodemolición de la candidatura.

Por último, la negociación. Si Vargas no es ahora el candidato priista a gobernador, dentro de cuatro años se estará decidiendo por el pretenso a un sexenio completo. Aferrarse al hoy equivale a cerrarse puertas en el mañana. Bien le concedería el PRI ser diputado local, presidir la Junta de Coordinación Política y desde ahí proyectarlo, sin la sombra del millanmalovismo, hacia la gubernatura. ¿Es factible un pacto así? Posible sí, cumplible quien sabe.

Mientras tanto lo único cierto es que el PRI decidirá en enero próximo, en convención de delegados, quién será su candidato a gobernador. Es el método donde le resulta más fácil manejar, operar y controlar la línea política, dados cargados, dedazo o como se le llame a la gran simulación de democracia interna. Y Gerardo Vargas está en la pelea bien posicionado por su dualidad de gobernante y precandidato, condición que le significa ventaja pero también perjuicio.

 

Re-verso

Que no la quiere Vizcarra,

Que sí Irízar, que sí Vargas,

Que Galindo no la agarra,

¿Acaso es guerra de botargas?

 

El “tapado”

¿Qué pasaría si el comité ejecutivo nacional del PRI, en acuerdo con el presidente Peña Nieto, decidiera no postular a ninguno de los que se pelean por la candidatura a gobernador y sacara en Sinaloa a un tercero en discordia que esté al margen de la riña tricolor?

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