Opinión

Peña Nieto y el ‘Chapo’: la recaptura no borra la humillación

El ensordecedor ruido en torno a la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, estridencia que ensalza a los mismos que el 12 de julio de 2015 eran señalados con índice de fuego por la fuga del Chapo, es insuficiente para borrar la humillación que el jefe del cártel de Sinaloa le ocasionó hace seis meses al […]

El ensordecedor ruido en torno a la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, estridencia que ensalza a los mismos que el 12 de julio de 2015 eran señalados con índice de fuego por la fuga del Chapo, es insuficiente para borrar la humillación que el jefe del cártel de Sinaloa le ocasionó hace seis meses al gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto.

 

Sonrisas, abrazos, patrioterismo, historias de éxito gubernamental, reconocimientos de gobierno extranjeros y exaltación desbordada en medios afines al presidente Peña Nieto se mezclan en un coctel de júbilo muy diferente al amargo tentempié de la derrota que bebían ayer los mismos protagonistas.

fuga chapo 1

La fuga y la afrenta.

Se trata de escenarios diametralmente opuestos. La segunda fuga del Chapo,  el 12 de julio de 2015, fue un boquete abierto a las entrañas del sistema político mexicano repletas de corrupción e ineficiencia en materia de seguridad pública y justicia. México volvió a enseñar las tripas podridas, descomposición elevada a la enésima potencia, de un aparato público donde las altas esferas del poder, terminalmente cancerosas, perdieron toda inhibición.

La segunda recaptura, la del 8 de enero de 2016 en Los Mochis, muestra en su todavía incompleta relatoría cómo el gobierno de Peña Nieto es capaz de lavar las afrentas si las instituciones del Estado Mexicano se lo proponen. En cualquier otro asunto que avergüence a México y duela a los mexicanos—inclusive Ayotzinapa—el engranaje del régimen constitucionalmente instalado funciona a la perfección siempre y cuando las complicidades, simulaciones y dejadeces no traben los mecanismos de la justicia.

EPN y Marina

La recaptura y el gozo.

Hoy asistimos a la loca borrachera de los ineptos. La resaca moral que dejó aquella escapatoria por el túnel construido con millones de dólares se la curan los mismos parranderos pero esta vez embriagándose de gozo. Al fin y al cabo la juerga chapista hace olvidar los otros males, igual o más graves que el narcotráfico, que el país vive simultáneamente a la algarabía oficial por  la reaprehensión.

¿Y cuándo acabe la fiesta en Los Pinos? Para entonces ya habrán encontrado otro cuento para distraernos.

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