Opinión

OBSERVATORIO | Para el grupo político de Vizcarra, la candidatura del PRI

Desde el miércoles 20 de enero le habían informado al gobernador Mario López Valdez que su secretario general, Gerardo Vargas Landeros, no sería el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la gubernatura. “¿Quién entonces?”, preguntó el mandatario. “Es Quirino Ordaz, ustedes confórmense con saber que ya no será Jesús Vizcarra”, le respondió un enviado de […]

Desde el miércoles 20 de enero le habían informado al gobernador Mario López Valdez que su secretario general, Gerardo Vargas Landeros, no sería el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la gubernatura. “¿Quién entonces?”, preguntó el mandatario. “Es Quirino Ordaz, ustedes confórmense con saber que ya no será Jesús Vizcarra”, le respondió un enviado de Manlio Fabio Beltrones, dirigente nacional del PRI.

El mismo día Juan Millán Lizárraga, a manera de emisario, le corrió la misma cortesía política a Vargas Landeros quien desencajado recibió el “no” del PRI pero así frustrado ofreció a cambio disciplina. De cumplirla, seguramente el mochiteco tendrá un buen premio tras la elección del próximo 5 de junio. Al interior de su partido se habla de que coordinaría a los diputados del PRI en la 62 Legislatura local y ocuparía la Junta de Coordinación Política.

En realidad la decisión de postular a Quirino Ordaz Coppel ya estaba tomada cuando los diez aspirantes a suceder a Malova se reunieron el 13 de enero con la cúpula priista para firmar un pacto de unidad en torno a quien resultara elegido. De ahí en adelante lo que se hizo fue afinar la decisión tomada por Enrique Peña Nieto a pesar de algunas oposiciones en el Gabinete, como la del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, pero igual con respaldos como el del secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso.

La candidatura de Quirino Ordaz la empujaron tres hombres: Jesús Vizcarra Calderón, David López Gutiérrez y Heriberto Galindo Quiñónez que pacientemente armaron la propuesta con el asentimiento del sector empresarial sinaloense que tenía como carta fuerte a Aarón Irízar López hasta que la “campaña negra” venida desde Palacio de Gobierno los convenció de que no era el hombre ideal para la candidatura priista.

A Peña Nieto le pusieron sobre la mesa tres elementos de convencimiento: es un político empresario que no ha sido vinculado en sus negocios con el crimen organizado, se mantuvo al margen de la confrontación que libraron los otros nueve aspirantes, guerra de lodo orquestada en su mayoría desde el tercer piso de Palacio de Gobierno y, tres, guarda una excelente relación con el Ejército Mexicano, pues su esposa, Rosa Isela Fuentes, es hija de un alto mando militar.

Y sí. Quirino Ordaz es ahora parte del grupo político que encabeza Jesús Vizcarra Calderón, el principal promotor de esta candidatura ante Peña Nieto. Cuando Vizcarra le dijo a EPN que él no aceptaba ser el candidato del PRI, el presidente le preguntó entonces quién y el dueño de Sukarne comenzó a cabildear una propuesta con el aval del empresariado.

Así se escribió esta nueva etapa de la vida política de Sinaloa. Un hombre que ni en sus mejores sueños se vio como candidato del PRI al Gobierno de Sinaloa será el que venga a enfrentar a los otros partidos que se han envalentonado al considerarlo un contrincante débil. Veamos qué sucede en la segunda parte y en el desenlace de una historia que inicia apenas.

 

Re-verso

 Del sur, dicen que vino,

con disfraz de disciplina,

la orden de que Quirino,

les hunda una vieja espina.

 

El Chino de todos

 

Dígase lo que se diga, y hágase lo que se haga, Juan Manuel Ley López es parte de la historia de Sinaloa. No tanto por su cadena de supermercados, ni por su equipo Tomateros, sino porque la lección que continuó de su padre, al construir de la nada y contra toda adversidad un emporio de negocios, habrá de estar en los libros del emprendimiento. Y porque el Chino Ley es parte del anecdotario popular de nuestra tierra.

 

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