Ciudadanía

DOS A LA SEMANA | Las ciclovías

Un grupo de ciudadanos, entre los cuales aparecen varios buenos amigos míos, tuvo la iniciativa de ponerse a construir con sus propias manos una ciclovía sobre la avenida Obregón en proceso de remodelación. Dicen que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Este movimiento en favor del uso de la bicicleta en Culiacán […]

Un grupo de ciudadanos, entre los cuales aparecen varios buenos amigos míos, tuvo la iniciativa de ponerse a construir con sus propias manos una ciclovía sobre la avenida Obregón en proceso de remodelación.

Dicen que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Este movimiento en favor del uso de la bicicleta en Culiacán ya tiene buen rato y sin duda llegó para quedarse, como suele suceder con todas esas ideas que destacan no por lo buenas, sino por lo bonitas.

El problema actual de movilidad en nuestra ciudad, no se va a resolver con el uso de bicicletas o helicópteros, se va a resolver cuando se ataquen las causas que lo provocan. Bajita la mano, en Culiacán tenemos treinta años con crisis vial, desde entonces todas las soluciones han sido de relumbrón y apariencia, además de que han estado dirigidas a actuar sobre los efectos… nada más.

Hace quince años aproximadamente, se decidió educar a la ciudadanía con la ingeniosa idea de poner sobre la avenida Obregón, ocho semáforos peatonales en igual número de cruceros del centro, a los que se les aunó unas gentiles señoritas de tránsito, que se dedicaban a obligar (de muy buena manera, hasta eso) a los peatones a respetar los semáforos. Década y media es tiempo suficiente para declarar el experimento como un fracaso, tal y como era de esperarse, pues todas las acciones iban sobre los peatones, mientras que a automovilistas, camioneros, taxistas, etcétera, nunca se les molestó ni con el pétalo de una rosa… como viene sucediendo desde hace treinta años.

El problema es que Tránsito estatal es todo menos una institución encargada de la fluidez y la seguridad en nuestra ciudad, de hecho, suele hacer exactamente lo contrario en aras de incrementar el caos para imponer un número mayor de infracciones. A Tránsito háblenle de lana, lo demás carece de importancia; es la instancia que más ha trabajado para convertir a los peatones en ciudadanos de cuarta, y como a nadie le gusta que lo ninguneen, nuestra ciudad tiene el mayor número de autos per cápita en el país, lo cual tiene muy feliz al Gobierno estatal porque la registradora no deja de sonar. Esa es la causa del problema, es un asunto de simulación y de corrupción, y la solución empieza necesariamente por combatir esos dos vicios, porque me van a perdonar pero la lógica hasta hoy sigue demostrando vigencia, y recomienda resolver las causas, no los efectos, además de advertirnos que no vamos a obtener resultados distintos haciendo siempre lo mismo.

 

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