Opinión

Volver a la bicicleta en Culiacán, ¿evolución o regresión? |

En días recientes,  muchos ciudadanos—incluyendo entre ellos a connotados consultores foráneos—opinaron que la propuesta de una ciclovía en la avenida Álvaro Obregón, de Culiacán, sería un planteamiento de moda, lo cual da pie a recordar que toda esta bici-florescencia se debe a su éxito en la ciudad de Copenhague. Allá la idea se solidificó en […]

En días recientes,  muchos ciudadanos—incluyendo entre ellos a connotados consultores foráneos—opinaron que la propuesta de una ciclovía en la avenida Álvaro Obregón, de Culiacán, sería un planteamiento de moda, lo cual da pie a recordar que toda esta bici-florescencia se debe a su éxito en la ciudad de Copenhague.

Allá la idea se solidificó en materia de conquista del espacio público contra el auto particular, al grado de la expulsión del automovilismo de la ciudad. No fue una moda, lo que realmente sucedió es que se retomó el modelo de la bicicleta que dominaba como sistema de movilidad con más de un siglo de tradición.

Fue hasta después de la segunda guerra mundial cuando esa sociedad sucumbió ante la seducción progresista del automóvil, pero el caos y el colapso que acompaña a esta desigual modalidad de transporte se hizo presente y por primera vez el tema se extendía a la diferencia de clases con las variables velocidad y medio de transporte.

La demanda de automóviles se basa en la independencia del desplazamiento apropiándose con frecuencia y velocidad repetitiva de un nuevo espacio, demandando así cada vez más calles y estas son un recurso limitado, ya que se costea solo por dos financiadores:  los propietarios de fincas y los propietarios de vehículo.

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Fotos cortesía del Colectivo de Mujeres en Bici, en Culiacán.

Además, por su alto costo da como resultado que las retículas viales sean mínimas y proporcionalmente limitadas a las cuadras que circundan, generando así una lucha férrea por la conquista de estas escasas áreas públicas, convirtiendo al auto en un objeto de desvalorización por su misma abundancia, que se entorpece a él mismo y a todas las formas de movilidad.

En Culiacán se estima hay un auto por cada 2.2 habitantes, es decir, para dar números redondos, la mitad de los culiacanenses tiene el pensamiento de hombre auto, su imaginario es a través del volante y el tablero, con la creencia ilusoria de que cada individuo puede prevalecer y beneficiarse a expensas de todos los demás. Se asesina simbólicamente a “los demás”, a quienes ya no se les percibe más que como estorbos materiales y obstáculos que se interponen a su propia velocidad, dice André Gorz, discípulo del existencialismo de Jean-Paul Sartre,

Podemos aceptar que la bicicleta es evolución y no regresión, sí, es revertirse a un método anterior, rudimentaria para muchos. Abre la sospecha de volver al primitivismo de la movilidad, pero ante los retos de un mundo limitado la bicicleta tiene el éxito sustentable garantizado ya que resulta que por su sistema de apalancamiento y relación de poleas representa el método menos consumidor de energía conocido por el hombre: 3 veces menos energía que el mismísimo peatón, 60 veces menos que el automóvil y, por si fuera poco, en ocupación de espacio es 10 veces menor que el auto.

Ya comparando el desplazamiento, por una ciclovía pueden pasar 10 mil unidades transportando 5 veces más personas que las transladadas en vehículos en la misma calle. Se le critica con pensamientos maternalistas de que “hace mucho calor en Culiacán” pero la lucha contra el sudor en el verano culichi es una lucha estéril y por demás perdida.

Decir que es una moda es algo limitado y quizás efímero. No hay duda que la era de la supremacía del auto particular va de salida, la contingencia de la Ciudad de México así lo juzga. El automovilismo como cualquier forma de movilidad tiene como objetivo satisfacer una necesidad y por lo cual no constituye inmortalidad.

La avenida Álvaro Obregón tendrá una ciclovía y la ciudad un sistema de ciclovías. Será cuestión de tiempo mediante un duro juicio al raciocinio equívoco.

 

SOBRE EL AUTOR

Jesús F. Aragón

Jesús Fernando Aragón Campos es:

  • Licenciado en arquitectura por la UAS.
  • Se desempeña como académico UAS-UDO.
  • Conductor del programa Ciudad Abierta de la Facultad de Arquitectura UAS.
  • Colaborador de ESPEJO.
  • Es articulista invitado del periódico Noroeste.
  • Articulista de la revista “En tu obra”.

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