Opinión

El gran arcoíris

El tipo andaba encuerado envuelto en un plástico simulando ser un condón; yo no sabía si ignorarlo o aplaudirle. Seguí caminando y los ríos de gente me llevaron al corazón de la colorida fiesta, en pleno centro capitalino. Tremenda marcha la de este sábado y no por el triunfo futbolero sino por —dice un amigo […]

El tipo andaba encuerado envuelto en un plástico simulando ser un condón; yo no sabía si ignorarlo o aplaudirle. Seguí caminando y los ríos de gente me llevaron al corazón de la colorida fiesta, en pleno centro capitalino. Tremenda marcha la de este sábado y no por el triunfo futbolero sino por —dice un amigo que ya se perdió entre tantas ttt iii— el orgullo lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual (LGBTTTI).

Una marcha que ya quisiera cualquier candidato —ni el síndico de mi pueblo arma semejante argüende—, donde la bandera tricolor se mezcló amistosamente con la del arcoíris; donde el Ángel se alcanzó con el Zócalo en pacífica algarabía; donde los 40 años del Orgullo Gay han dado muestra de gran civismo —y eso que ya lo quitaron de los libros de texto. Nada se alteró, nada ni nadie faltó; hasta mi flautista favorito mostró su musculatura. Un día de fiesta que hizo olvidar a muchos la discriminación y el desprecio que sufren en sus propias familias.

“Una marcha de orgullo porque no hay motivo para estar avergonzado, ni una forma correcta de ser gay”, rezaba el cartel de una chava. Una marcha que no deja indiferente a nadie. Una marcha que por su exhibicionismo deja claro que no pretende ganar simpatías, simplemente hacer visible una forma de vida para la que exigen respeto. Una marcha a la que se unieron los llamados muxes —una comunidad gay de Oaxaca que llama así a sus hombres y ngui’u a sus mujeres, y que ha vivido su sexualidad con naturalidad y sin aspavientos. Al parecer esta comunidad zapoteca ha admitido un tercer sexo desde tiempos prehispánicos, mucho antes de que el mundo hablara de los derechos homosexuales. Sin aparatosos reflectores, los muxes han vivido abiertamente su preferencia sexual y tienen por tradición ayudar a sus familias y quedarse con ellas si es necesario.

Una marcha de mucha fiesta, excesos y color, donde hay mucho que ver, pero donde hay más que aprender.


Escríbele a La tía Juana:



Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo