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Y el bato de la Col Pop llegó a presidente

El bato de la Col Pop se desprendió del presídium y fue al encuentro del micrófono. En las manos llevaba unas hojas, el discurso con el que habría de aderezar su nueva investidura. En el trayecto fue marcando esa cadencia de cholo, típica de su figura de galgo alto. Ese caminar de vago tan repelente […]

El bato de la Col Pop se desprendió del presídium y fue al encuentro del micrófono. En las manos llevaba unas hojas, el discurso con el que habría de aderezar su nueva investidura.

En el trayecto fue marcando esa cadencia de cholo, típica de su figura de galgo alto. Ese caminar de vago tan repelente a las formalidades y al protocolo.

Había elegido un traje gris y una corbata oscura como “uniforme” para ir acorde a la seriedad del evento. El bato de la Col Pop sería presidente. Era su toma de protesta. Y frente a él, familiares, amigos, autoridades de gobierno y conocidos esperaban sus palabras.

Llegó al estrado y el micrófono escondió su breve sonrisa, preludio de la broma que se asomaba:

“Es más difícil hacer un discurso que escribir una novela…”, dijo Élmer Mendoza y la risa conjunta en el pasillo de El Colegio secundó al narrador.

Canas en la barba rala que ya roza los 70 años. Cabellera de roles medianamente domesticados, nada parecida a aquella que aparece en la pestaña de una vieja edición de Trancapalanca, su libro de cuentos en el que Abebe Bikila parece un hombre de otro mundo.

Alguna vez, el bato de la Col Pop soñó con ser físico; también quiso ser explorador, competidor olímpico y hasta guitarrista. Ninguna de esas actividades cuajó.

Pero acabó ante los misterios y la magia de la hoja en blanco, escribiendo novela, cuento; leyendo a Joyce, a Saramago y Juan Rulfo, compartiendo mesa con Arturo Pérez Reverte y tantos más; y maravillado con Del Paso, el último gran sabio mexicano muerto recientemente.

Y se vio en la necesidad de saludar a todos los del presídium: al gobernador de Sinaloa, al alcalde de Culiacán, al presidente del Poder Judicial, a la representante del Congreso del Estado… El protocolo, la política pues. Porque el bato ya aprendió a moverse en esas aguas. Le hace a la diplomacia. “Ándese paseando pues”.

Formalito, no como cuando era greñudo y barbón y andaba en busca de su identidad, de una voz.

Esa voz que le dio Un asesino solitario de Balas de plata que tuvo Nombre de perro Firmado con un klínex, el mismo que fue Amante de Janis Joplin y que frente a La prueba del ácido y El misterio de la orquídea calavera sintió el Efecto de tequila y le dio por Besar al detective que iba tras él por el Asesinato en el Parque Sinaloa, pero en la Trancapalanca de la vida supo que en Cada respiro que tomas No todos los besos son iguales por eso, a la vida, le dijo Cóbraselo caro.

Frente al público congregado en El Colegio de Sinaloa, el bato de la Col Pop tuvo que volverse sobre su propia memoria, a escudriñar el origen, a seguir el rastro de su idiosincrasia y el alma de sus historias.

“Muchos de nuestros logros nacieron de sueños que con acciones se convirtieron en realidad. Yo pienso que soñar es un derecho humano. Realizar esos sueños significa una actividad muy perseverante. Señor gobernador, me gusta el lema de tu gobierno: Puuro Sinaloa. Me gusta porque es una fuerza motriz que nos define, una semántica del pundonor, del orgullo, del excelente resultado de la belleza inexplicable. De una identidad indómita que se genera en el mar, en la tierra, en las montañas y claro, en los cerebros. Esas mujeres y hombres que formamos parte de El Colegio Sinaloa somos puro Sinaloa, la neta eeeh”, dijo.

Y entonces recordó la primera vez que se presentó en España. Iba con Arturo Pérez Reverte; el autor de La reina del sur lo vio medio amarillo y se lo dijo. El bato de la Col Pop tenía miedo, pero confió en que se le quitaría.

Pérez Reverte le insistió: Acuérdate de dónde vienes y fíjate dónde estás.

“Y me dije: ¿por qué tengo miedo? Yo soy de Sinaloa, soy de Culiacán y soy de la Col Pop”, dijo Élmer Mendoza.

Siguió su mensaje. Dijo que esperaba estar a la altura de El Colegio de Sinaloa, donde 14 sinaloenses pensantes, propician y difunden la ciencia, el arte y la cultura. Ahí están los Jaime Labastida, los López Sáenz, los Martuscelli, los Patrón de Rueda, los Valadés, los Villa Rivera, los Blancarte, los Pescador Osuna…

Para culminar dijo que los sinaloenses “somos una fuerza incontenible, y esa fuerza incontenible debe ser para el bien y no para otra cosa”.

Vinieron los aplausos. Élmer Mendoza se retiró del micrófono. El bato de la Col Pop era ya presidente.

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