Justicia

“Buenos días, señoría” | Así fue la primera audiencia del presunto feminicida de Diana Giselle

Édgar Vladimir, de 23 años de edad, fue llevado ante un juez de proceso por el asesinato de su ex pareja sentimental, que tenía cuatro meses de embarazo. Su comportamiento en la sala de juicios orales se ciñó a lo establecido por la estrategia de su abogado defensor. La puerta de la sala de juicios […]

Édgar Vladimir, de 23 años de edad, fue llevado ante un juez de proceso por el asesinato de su ex pareja sentimental, que tenía cuatro meses de embarazo. Su comportamiento en la sala de juicios orales se ciñó a lo establecido por la estrategia de su abogado defensor.

La puerta de la sala de juicios orales se abre y el gigante aparece escoltando al presunto asesino de Diana Giselle.

La mano del agente de la Policía Procesal oprime, con su propio peso y autoridad, la nuca de Édgar Vladimir. Con la otra mano le sujeta el brazo izquierdo.

Los veintitrés años del supuesto feminicida y la estampa de adolescente esposado se ven banales al lado de la corpulencia de ese guardia que ronda el 1.90 de estatura.

El acusado viste una camiseta Calvin Klein negra, pantalón azul de mezclilla chispeado de lodo de la parte trasera y tenis oscuros.

El guardia lo hace caminar sin dejar que levante la cara. Avanzan por la sala hasta la silla que le corresponde al presunto asesino, junto a su abogado defensor.

Édgar Vladimir se sienta. El gigante le quita las esposas y se planta a su lado, donde habrá de permanecer por poco más de dos horas.

En cuanto tiene las manos libres, el imputado empieza a tallarse el fleco, a acomodarse el peinado. A revirar hacia la parte acusadora y a los demás asistentes a la audiencia inicial.

Atrás de él, a unos tres cuatro metros, la madre de Diana Giselle no soporta la escena. Se siente mal y tiene que salir de la sala.

 

BUENOS DÍAS, SEÑORÍA

Si algo distingue a las salas de juicios orales es el respeto a las normas internas y el protocolo. Todo se hace siguiendo una especie de guion oficial.

Todo se da dentro de la civilidad y los buenos modales entre los participantes de los juicios. La parte acusadora aquí, el imputado y su defensa en lado opuesto, el juez en medio y frente a ellos, familiares, amigos y prensa detrás.

Hasta el silencio parece correcto.

Y de todo ello ha sido instruido Édgar Vladimir, acusado de matar a balazos a su ex pareja sentimental, quien estaba embarazada de él (cuatro meses, según reveló la autopsia practicada al cadáver).

Se le ve hasta cierto punto relajado, como si no estuviera enfrentando dos posibles condenas que podrían recluirlo en prisión por el resto de su vida.

Porque de acuerdo a la investigación de la Fiscalía fue él quien accionó en al menos siete ocasiones una .9 milímetros para matar a la joven el pasado 22 de septiembre en la comunidad de Bacurimí, perteneciente a la sindicatura de Culiacancito.

Después de que la parte acusadora y el abogado defensor se presentan toca el turno al acusado.

“Buenos días, señoría. Édgar Vladimir…”, dice.

 

UN MAL DÍA

El domingo 22 de septiembre pasado no fue un buen día para Édgar Vladimir. Pero a Diana Giselle le fue peor: ese fue el día de su muerte.

De acuerdo a la investigación desarrollada por la Fiscalía General del Estado, Édgar Vladimir llegó a la casa de la joven alrededor de las 3:00 horas.

“Diana, Diana”, le gritó.

El padre de la muchacha lo escuchó. Le dijo que ahí le hablaban y le recomendó no salir. La joven salió.

Aproximadamente 10 minutos después el papá oyó detonaciones de arma de fuego. Afuera de la casa encontró a su hija tirada. Prácticamente ya estaba muerta a causa de los disparos.

Luego salió la abuela. Vio a la nieta, fue por una cobija, taparon el cuerpo y esperaron a las autoridades.

También salió el hermano, quien vio una camioneta negra con franja gris en la parte posterior huyendo del domicilio. Era el vehículo en el que su cuñado, Édgar Vladimir, se movía: una Chevrolet S10 del 84.

Así empezó aquel domingo. Ese mal día.

 

SIETE BALAZOS

Fueron siete balazos de una .9 milímetros los que acabaron con la vida de Diana Giselle y el bebé de cuatro meses que se gestaba en su cuerpo.

Según la autopsia, una bala entró por el parietal derecho y salió por la nariz, otra por el costado derecho a la altura del tórax, una tercera entró por la cara y se alojó en el cráneo; una cuarta también entró por el parietal derecho. Esas fueron las más graves.

Los investigadores del grupo Águila 1 recogieron 11 indicios de la escena del crimen: ocho casquillos, dos balas deformes y huella de rodado de la camioneta Chevrolet S10.

“(El presunto asesino) actuó conociendo el carácter ilícito de su conducta”, resaltó la parte acusadora.

Siguiendo la versión de la Fiscalía, el presunto homicida le marcó a un amigo para pedirle que le guardara el arma porque “la había regado”. El amigo accedió. Todo por amistad.

 

“CINCO VECES AMOR”

Momentos antes del crimen, Édgar Vladimir le dice “amor” en al menos cinco ocasiones a Diana Giselle a través de mensajes por celular.

“Amor te quiero ver”, le dijo el presunto asesino.

“No quiero estar así otra vez”.

“¿Cómo amor?”

“Ya me viste y hablaste y no me diste el celular… Túmbate eso de la cabeza”.

“Amor, ahí llego”.

Sale.

Y según la Fiscalía, ahí llegó.

Cuando Diana Giselle salió, un vecino vio a la pareja. Y le sugirió a la joven:

“¿Por qué no te metes?… Ahí estás otra vez”.

 

OTRA VEZ

Cinco días antes del asesinato, el 17 de septiembre, Diana Giselle decidió interponer una denuncia por amenazas en contra de Édgar Vladimir, con quien tenía seis meses de noviazgo.

La relación era conocida por las familias de ambos. Y la joven vivía en casa de él.

Pero el día 17 la pareja tuvo una discusión. Édgar Vladimir la insultó, la golpeó, le quitó el celular y la amenazó de muerte colocándole una pistola en la cabeza.

En esa ocasión, los padres de Édgar Vladimir tuvieron que intervenir para calmar el altercado.

La Fiscalía señaló que no era la primera ocasión que el joven la agredía. Pero la pistola en la cabeza fue lo que provocó que la muchacha se decidiera a denunciarlo ante el Ministerio Público.

Ante el riesgo, se giró una orden de protección. Se avisó a la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal. En su momento, Óscar Guinto Marmolejo, secretario de Seguridad de Culiacán, aseguró que se brindaron los rondines de vigilancia…

La familia señala que no protegieron a Diana Giselle.

Lo cierto es que a la joven, con rondines o sin rondines, fue asesinada.

Las integrantes del colectivo Mujeres Activas Sinaloenses han acuñado una frase que encaja con el entorno previo a este caso: La violencia familiar es la antesala del feminicidio…

 

HUIDA

La investigación llevó a la Fiscalía a la terminal de autobuses de Culiacán. Ahí se supone que Édgar Vladimir compró un boleto de camión en la línea Tufesa. Lo pidió a su nombre. El destino: Hermosillo, Sonora.

Información proporcionada por la empresa indica que la compra del boleto se registró a las 3:48 horas del domingo 22 de septiembre de este año. El camión era el 243.

El presunto homicida iba en el asiento 25.

De acuerdo a la Fiscalía, Édgar Vladimir no llegó a Hermosillo. La madrugada del pasado lunes fue detenido en la ciudad de Guamúchil.

 

“NO HAY DUDA SU SEÑORÍA”

Después de haber escuchado la acusación formal, el juez de proceso Adán Alberto Salazar Gastélum, le pregunta al imputado si ha entendido lo que escuchó y si quiere decir algo al respecto.

“Sí, su señoría. Deseo guardar silencio”.

Luego le dice si tiene duda sobre la continuación de la audiencia inicial para el próximo viernes 4 de octubre a las 12:00 horas.

“No hay duda su señoría”.

A Édgar Vladimir se le acusa de feminicidio agravado y aborto. El primer delito por la muerte de Diana Giselle y el segundo por la interrupción de la vida del bebé de ambos.

Siete disparos acabaron con 19 años de vida, seis meses de noviazgo y un embarazo de cuatro meses.

Todo eso, sumado o mezclado con una protección no brindada por las autoridades, es la historia del asesinato de Diana Giselle contada por la Fiscalía. Falta lo que el viernes próximo pueda decir a su favor el acusado.

Al concluir la audiencia, el gigante que lo custodiaba ya ha sido relevado. En su lugar está otro guardia más pequeño, de similar estatura a la de Édgar Vladimir. Lo esposa.

Édgar Vladimir camina de vuelta a la Penitenciaría de Aguaruto. En las posaderas aún lleva el lodo seco de una lluvia que quizá no recuerde.

Comentarios

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo