Justicia

Caso Sanalona | Los cuatro tiradores del Templete

Uno de los policías estatales que dispararon a un vehículo en Sanalona está detenido; los otros tres tienen órdenes de aprehensión pendiente de ejecutar.

Ahí están en la medianoche de Sanalona, jalando los gatillos de sus fusiles. Son cuatro los tiradores en la zona del Templete de la presa, los cuatro elementos activos de la Policía Estatal Preventiva.

No tiran al aire. Tiran en una dirección específica. Le tiran a un Honda Accord gris.

Han llegado en el convoy de cinco “móviles” y un “Storment” blindado que lidera Carlos Alberto “C”, el Comandante Niquel. Lleva a 30 elementos a su mando.

Los cuatro tiradores son los agentes Alfredo “D”, Luis Antonio “B”, Joel Noé “M” e Ismael “A”, los de la patrulla 3638.

Y allá adelante, en dirección a Sanalona, está detenido el carro. Veintidós balas de los fusiles Galil de manufactura israelí han pegado en el vehículo.

Andrea (copiloto) está herida; la bala le ha entrado por la espalda y minutos después morirá desangrada. Ana Carolina (atrás del asiento del copiloto) ni cuenta se ha dado de su muerte: el tiro le ha atravesado el cráneo.

Julio César (piloto) y Dulce María (atrás del asiento del piloto) sobreviven.

En su defensa los cuatro tiradores del Templete de la presa Sanalona habrán de decir que del carro compacto les dispararon primero y que ellos repelieron la agresión.

La Fiscalía General del Estado no se creyó la versión y acusó el montaje del enfrentamiento. La Juez de Control avaló las pruebas aportadas por la Fiscalía y vinculó a proceso al único de los agentes detenidos hasta el momento.

PRUEBAS DE BALÍSTICA

Veintidós impactos dieron en el Honda Accord. Veintitrés casquillos fueron recogidos como evidencia por los investigadores. Y solo dos balas fueron las que provocaron las muertes de Andrea y Ana Carolina.

De acuerdo a las pruebas de balística presentadas por la Fiscalía, 18 casquillos son coincidentes con el arma larga de Ismael “A”, tres con la de Alfredo “D”, uno coincide con el fusil de Luis Antonio “B” y uno con el de Joel Noé “M”.

Los cuatro fusiles Galil disparados por los agentes dieron negativo en la prueba de Griess. Alguien los limpió.

Según lo expuesto por la Fiscalía esos son los casquillos levantados, pero pudieron ser más los disparos efectuados por los policías estatales porque en la zona de la agresión se generó movimiento de patrullas y vehículos de civiles inmediatamente después del hecho.

LAS BALAS LETALES

La versión de la Fiscalía señala que la bala que mató a Ana Carolina entró en por la parte trasera del cráneo; y la que acabó con la vida de Andrea también fue de atrás hacia adelante.

Nunca podrá saberse de qué fusil salió la bala que mató a Andrea. Según la carpeta de investigación las condiciones de la ojiva hallada en el abdomen de la joven no permitirá la identificación del arma homicida.

Durante la audiencia inicial contra Joel Noé “M”, el agente detenido por estos hechos, el informe de los especialistas en balística reporta este impedimento.    

Tampoco se sabrá de qué fusil salió el disparo que mató a Ana Carolina. La ojiva tuvo orificio de salida y no fue encontrada en el lugar de los hechos por los peritos.

A Joel Noé “M” se le acusa del homicidio calificado con ventaja bajo el concepto de autoría indeterminada. Es decir, que se presume su participación pero no consta que él haya producido la muerte de las jóvenes, situación que, en caso de que sea condenado, podría obtener el beneficio de una reducción de la pena.

El artículo 18 del Código Penal del Estado de Sinaloa (Capítulo III Autoría y Participación) establece lo siguiente:

Son responsables del delito cometido:

I. Los que acuerden o preparen su realización;

II. Los que lo realicen por sí;

III. Los que lo realicen conjuntamente;

IV. Los que lo lleven a cabo sirviéndose de otro como instrumento;

V. Los que induzcan dolosamente a otro a cometerlo;

VI. Los que dolosamente presten ayuda o auxilio a otro para su comisión;

VII. Los que por acuerdo previo auxilien al delincuente con posterioridad a la ejecución del delito;

y VIII. Los que intervengan con otros en su comisión, aunque no conste quién de ellos produjo el resultado.

LA TRAGEDIA DE JOEL NOÉ

Joel Noé “M” disparó su propia desgracia con ese fusil Galil. Ahora está contra la pared y con la bota en la tráquea.  

Es uno de los cuatro tiradores del Templete de la presa Sanalona. Tiene 25 años de edad, originario de Navolato. Es delgado, aunque la bronca con la que actualmente convive le ha llevado a perder 10 kilos de peso según su abogada defensora.

Joel Noé solamente cobró tres meses como agente de la Policía Estatal Preventiva, corporación en la que fue dado de alta en noviembre del año pasado. Tres meses de policía… Y este brete y el mundo encima.

Está acusado del homicidio de Ana Carolina y Andrea, ocurrido el 27 de enero pasado en las inmediaciones de la presa Sanalona.

También le imputan el homicidio calificado en grado de tentativa por haber puesto en riesgo la vida de Julio César y Dulce María, los sobrevivientes. Además de abuso de autoridad y delitos cometidos por servidores públicos.

“Lo único que quiero decir es que andaba chambeando. Éramos muchos. Escuchamos disparos pero yo nunca apunté al vehículo. Nunca disparé a las muchachas… Y todo lo que dice la Fiscalía de mí es falso”, dijo Joel Noé ante la Juez de Control, Dulce María Villegas Soto.

Dos balas mataron a las jóvenes. Y un casquillo de su arma es lo que incrimina a Joel Noé, que aceptó ante la Juez de Control haber disparado su fusil Galil.

Los otros tres tiradores tienen orden de captura en su contra. No han sido detenidos.

Tres meses de policía…

Y ese fusil…

Y ese casquillo…

Y esa medianoche en Sanalona lo han llevado ante la posibilidad de pasar 15, 20 años en la cárcel… Tal vez más.

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