Sociedad

‘Me voy a Villa Juárez mientras que pasa la enfermedad’

Bonfilio ha planeado su cuarentena en Villa Juárez, allá puede vivir a bajo costo, apenas por 200 pesos a la semana y aquí cerraron el Hotel Isabel, donde solía dormir antes de la pandemia.

Bonfilio Bautista no ve con su ojo izquierdo. Perdió la vista mientras trabajaba en los cortes de tomate en Villa Juárez, a donde volverá hasta que se vaya la enfermedad.

Es de Chilapa, Guerrero, pero tiene casi la mitad de su vida aquí, 29 años, recuerda. Llegó después de estar viviendo en Los Ángeles, donde trabaja sin tener documentación migratoria en regla. Luego volvió para estar con su esposa, a quien ya no encontró. Había fallecido.

Se vino a Villa Juárez para ser jornalero, pero su problema de vista lo fue consumiendo y decidió instalarse en Culiacán. Vivió en la colonia La Lima y vendió por más de 10 años helados Bon Ice.

Tiene hijos, aunque no sabe de ellos, solo que una vez los dejó para irse a Estados Unidos por aventura.

Ahora vive en Culiacán, vendiendo chicles en cruceros. Conoció a una mujer con la que ha planeado su cuarentena en Villa Juárez, a donde volvió porque allá puede vivir a bajo costo, apenas por 200 pesos a la semana y aquí cerraron el Hotel Isabel, donde solía dormir antes de la pandemia por Coronavirus, que ha cobrado la vida de 19 personas en Sinaloa, según el reporte de la Secretaría de Salud para el 10 de abril.

Estarán confinados en cuarentena o hasta que se vaya la enfermedad.

Bonfilio

Antes yo veía bien, yo trabajaba en Villa Juárez en el corte de tomate. Yo agarraba y trabajaba, mantenía a mis hijos y a mi esposa, pero se me murió en Guerrero en lo que me casé con ella”, contó.
Luego me vine acá, a la ciudad, a Culiacán, Sinaloa y vendía Bon Ice. Yo tengo 29 años, prácticamente soy de aquí… tengo 60…
Me vine aquí a la Ciudad, vendía Bon Ice en las escuelas, desde la Lima me venía caminando y vendía en una escuela secundaria que está en el Parque Revolución, en el callejón.
Y luego me encontré a una señora, ella tiene casa en Díaz Ordaz, tiene a su papá y todo. Me dice que me vaya, pero no, es casa de su papá, no me gusta.
Fue a buscar un cuarto, fíjate nomás, tiene casa, pero anda buscando un cuarto allá en Villa Juárez para vivir allá, mientras que pasa la enfermedad, esta que hay, porque allá casi no hay.
Ahorita no tarda en venirse y ya que pase todo, ya nos venimos, porque allá en la KZ4, por donde pasa el Vegas está un hotelito, se llama Isabel. Diario, diario ahí dormimos, porque está bien limpio, pues, pero lo cerraron. 
Me dicen que la enfermedad se termina como el Primero de mayo, ¿qué voy a estar haciendo aquí?
En la calle hay mucha enfermedad, entonces no podemos quedarnos en la calle, hay mucha enfermedad… no es miedo… bueno, yo no tengo miedo, lo que pasa es que mi señora se preocupa. Me dice ‘mira, viejo, ya que se pase esa enfermedad ya venimos acá otra vez.
Nosotros fuimos a Guadalajara, ella no conocía, ni la Ciudad de México, yo le fui a enseñar, yo la llevé, fue a conocer hasta Hermosillo y Nogales… Yo estaba en Estados Unidos, en Los Ángeles, California, era cocinero, me gusta porque puedes comer lo que tú quieras. Estuve tres año, pero la señora que tenía allá en Guerrero no sabía, no le avisé.
Un día me fui con unos polleros, estaba en la cantina con unos amigos y me dijeron ‘Bonfi, qué te parece, vamos a otro lado, me gustas como amigo, porque cuando tienes dinero me disparas cerveza’ y ya está, vamos. 
Ya venía entunado y pues vamos y nos fuimos. Mi esposa andaba buscándome, en Chilapa, en todos lados… pero yo ya me fui de ahí.
Allá en Los Ángeles primero me metieron como puertero, metía carros y cuando se metía uno allí iba yo corriendo detrás de un carrito y ya que se bajaban les decía, siéntense… sit down please… y ya que se sentaban thank you me decían, que gracias y ora pues.
Yo llevaba una mica de comida, donde anunciaba todo lo que había de comida y pedía y órale, salía corriendo con la charola, siempre bien limpio y órale.
Ya cuando se levantaban, ‘Boy, comin, comin’, y me regalaban unos cinco dólares y las botellitas esas chicas de vino… me los dejaban a la mitad y vale caro eso, me los metía aquí en la mochila, porque los borrachitos se quedaban en las calles y también te pegan con piedras…
Yo pasaba como de aquí al Parque Revolución y ya pasaba y me gritaban ‘hey, guerrerense, qué pasó’ y les decía ‘mira, ya te traigo botellitas de alcohol, a la mitad pero del bueno’, y ‘oh, thank you, muchas gracias’.
Todavía me acuerdo.
Luego me vine a Sinaloa y aquí sigo, ahora con mi señora, pero ya cerraron el hotel, nos iremos a rentar un cuartito que vale 200 por semana allá en Villa Juárez, a ver cómo le sacamos para la comida ella y yo juntos, porque no vamos a venir, hasta que se vaya la enfermedad.

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