Culiacán

Historias de histeria | Tabla

‘No creo que regrese, por una cosa o por otra’.

En la ciudad de Culiacán, los altos niveles de violencia han propiciado una grave descomposición social que se traduce en hechos que parecen sacados de relatos de terror, relatos que han trascendido la fantasía y se han convertido en el día a día de los habitantes de la urbe. En historias de histeria hacemos un recuento de aquellos sucesos que nos hablan de la necesidad de emprender acciones para devolver la paz y tranquilidad a todos los culichis.

Se lo llevaron de la nada, había estado ahí en la banqueta como media hora, echándose unos botes  con los plebes del barrio, como que traían maldad porque estaban risa y risa.

Juan Pablo es mañoso, tiene un carácter sumamente voluble, a como puede ser tranquilo, puede llegar bien alterado a la casa y hacer un  desmadre, los niños ya saben cómo es por eso ni se le acercan. Soy yo la que casi siempre tiene que adivinar su estado de ánimo, pero bueno, él siempre ha sido así.

Yo sabía que debía ese dinero, pero siempre me he hecho mensa cuando vienen a cobrarle, les digo que ya ni estamos juntos, que a mí ya ni me da para el gasto y eso es cierto, pero si estamos juntos, el paga unas cosas y yo otras, es algo más como una convivencia en lo que el termina de irse.

Del día que se lo llevaron te puedo decir que ya me lo estaba esperando, porque él le debe a mucha gente, del mismo vicio que tiene y gente que pensó que le iba a poder quitar cosas o que su papá iba a responder, pero el señor ya no quiso y ya lo que queda en la casa es mío y no se lo va a llevar. Vendió el carro, la moto, un mini Split viejo y la esclava que le dio su mamá de chiquito y que ya le habíamos puesto a mi hijo el más grande, pero ni así pudo pagar.

Esa fue la segunda vez que se lo llevaron, pensé que con la primera ya iba a agarrar el rollo, porque le destrozaron las nalgas a punta de tabla y cables. Vinieron y me lo tiraron aquí a la puerta de la casa y se metió arrastrándose.

Me dio mucho coraje que lo niños lo vieran, porque luego esas imágenes se le quedan a uno grabadas, pero también para que vean por donde no se deben ir, yo soy de la idea de que estudien y que tengan su trabajito decente para que no anden sufriendo como su papá o como yo.

Me acuerdo que esa vez lo dejaron bien madreado, nos fuimos a la Cruz Roja y lo curaron porque tenía las pompas llenas de astillas, yo digo que le fue bien porque no lo pasearon como a los otros morros que habían agarrado antes que los cargaban amarrados bichis por la colonia.

De regreso a la casa me hizo mil promesas, que ya no si iba a meter en problemas, por eso lo dejé que se quedara, porque también una se acostumbra y yo a veces pienso que si una eligió esta vida a veces tienes que aguantar las consecuencias de tus actos, mi mamá me decía que no me convenía y sí tenía razón.

Duró como mes y medio para reponerse, de las nalgas le salía pus y mucho cochinero, yo lo curaba dos veces al día y cada tercer día venía Malena, la hija de una amiga que estudia enfermería y me echaba la mano por si veía que se le complicaba la herida, pero no, sí la libró. Quedó más flaco porque prefería no comer muchas cosas sólidas para no ir al baño, eso me daba mucha risa.

Ahora yo no sé qué está pasando porque aquella vez a los dos días ya lo tenía de vuelta,  ya pasó como un mes y nada, no sé si le hicieron algo más feo o si me lo mataron, o si es él el que ya no se quiso regresar, me da hasta miedo preguntar, porque luego a una se lo toman a mal y mis niños están chiquitos.

No creo que regrese, por una cosa o por otra.

¿Será que la constante exposición a hechos de violencia, narcotráfico, corrupción e impunidad y muchos otros más que ocurren constantemente en Culiacán y Sinaloa empiezan a afectar el correcto funcionamiento de la psiqué de los sinaloenses?

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