Economía

Las mesas seguras que no tienen comensales

Al menos 3 de cada 10 restaurantes que se conocieron antes de la contingencia sanitaria por Covid-19 en Culiacán, ya no volverán a abrir sus puertas.

Está la música instrumental, una decena de meseros con cubre bocas y los manteles con el menú impreso ya puestos en las mesas. Ahí va el pan de elote, el pastel de chocolate y el famoso pay de guayaba sobre el carrito que una mujer empuja por los cuatro pasillos de este restaurante que no tiene comensales.

“¿Viene solo o esperará a alguien?”, pregunta la recepcionista y atrás de ella otras dos mujeres y un hombre esperando guiar a los clientes a las mesas en las que se puede ver que hay anuncios de advertencia.

“Mesa segura”, se lee en uno de esos. “Mesa sin servicio por su sana distancia”, dice el otro.

Una de las mujeres lleva hacia una de las mesas seguras, al fondo, donde se puede ver casi todo el restaurante. Aquí todo está vacío.

El 16 de abril se decretó el cierre de restaurantes en Culiacán, cuando apenas sumaban 325 personas contagiadas por Covid-19 y al menos 41 personas habían muerto. 

Los restauranteros dijeron comprender la medida, pero advertían golpes severos contra centenas de personas que sobreviven con el salario mínimo y las propinas de los clientes. Pronosticaban una crisis inmensurable.

Casi dos meses después, el 8 de junio que se visitó el restaurante, ya sumaban 4 mil 778 personas contagiadas y 733 muertes, pero pudieron reabrir.

Las autoridades sanitarias permitieron la reapertura, siempre y cuando se respetaran reglas, como el tener un aforo máximo del 40 por ciento y permitir grupos máximos de 4 personas por mesa.

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Eso forma parte de lo que autoridades, como la Secretaría de Salud y la Secretaría de Economía, llaman “Nueva Normalidad”.

En realidad no son más que recomendaciones para cambiar el comportamiento social en trabajos, escuelas, eventos masivos, fiestas, reuniones, capacitaciones y todo aquello que antes del 26 de febrero, cuando se confirmó el primer caso de Covid-19 en México, generaba aglomeraciones, tumultos, empujones y contacto constante entre dos o más personas.

Así con los restaurantes, donde antes imperaba el ruido, las pláticas de sobremesa, los festejos de cumpleaños y las reuniones de trabajo, ahora hay soledad.

Así abrieron después de casi dos meses, en silencio.

“Cuando vayan al baño, se deberán lavar las manos y aplicar gel antibacterial”, dice un muchacho y a este le sigue la mujer que empuja el carrito de los postres.

“¿Va a acompañar su café con una rebanada de pastel?”.

Aquí hay una decena de meseros que pelean una sola mesa con clientes, como ha ocurrido con todos los restaurantes, asegura Miguel Taniyama, representante de los restauranteros en Culiacán.

“Pensamos que iban a llenarse pero no pasó así”, señala, al asegurar que eso se debe a dos factores:

“La gente tiene miedo de volver a los restaurantes y salir contagiada, pero también es porque cambiaron los hábitos de consumo, la gente pide más para llevar y se siente cómoda”.

Ese cambio de hábitos fue otro golpe para los restaurantes, pues no todos se adaptaron a vender con servicio a domicilio.

Los cálculos de Taniyama es que al menos 3 de cada 10 restaurantes que se conocieron antes de la contingencia sanitaria por Covid-19 en Culiacán, ya no volverán a abrir sus puertas.

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