Economía

‘Cómo si trabajar fuera un delito’

Aquí vender ropa o accesorios de belleza se volvió una actividad clandestina.

Hoy abrieron las cuatro tiendas de ropa, calzado y accesorio en donde trabaja Angelina, sobre la calle Juan Carrasco, en el primer cuadro del Centro de Culiacán, pero teme que en cualquier momento llegue la patrulla de Protección Civil y los empleados del Ayuntamiento de Culiacán cierren las cortinas.

“Uno siente que trabaja mal, como si fuera un ratero, se siente feo y no son cosas que quiero que sepa mi hijo”, señaló Angelina dentro de uno de los locales donde se vende ropa para mujer.

El Ayuntamiento de Culiacán estableció el cierre parcial de comercios no esenciales en el Centro de la Ciudad, como una medida sanitaria durante la contingencia por Covid-19. 

Así cerraron zapaterías, tiendas de ropa, de accesorios y cualquier otro que no tuviera relación con temas médicos.

La Cámara Nacional de Comercio declaró este cierre como una muerte certera a los establecimientos y los empresarios.

“Sí nos ha ido muy mal, se vende muy poquito, casi nada”, dijo y agachaba la mirada.

El Ayuntamiento indicó que el cierre sería al menos por un mes, pero ese tiempo pasó y el alto número de contagios provocó que se extendiera ese tiempo.

Para el 14 de junio, la Secretaría de Salud en Sinaloa informó que el total de contagios era de 5 mil 635, de los cuales 879 fueron pacientes que murieron.

De esas defunciones, 430 habían ocurrido en Culiacán.

La permanencia de esa decisión provocó manifestaciones de comerciantes, quienes han asegurado que de no volver a abrir provocará la muerte de los comercios.

El último aliento ocurrió este 15 de junio, cuando decenas de comerciantes abrieron sin un permiso municipal.

“Nos dieron una hojita que decía que debíamos poner eso de la sana distancia, un tapete con cloro, usar cubre bocas, lentes, limpiar cada hora con cloro, poner gel y echar Lysol”, contó Angelina, al reconocer que pese a tomar esas medidas las autoridades municipales pueden venir y cerrar la tienda.

También hay comercios que no tienen para comprar el gel, el tapete o el desinfectante, pero decidieron salir y rebelarse a las decisiones municipales.

Fue en clandestinidad como salieron tiendas de ropa, que levantaron media cortina y así disimular que adentro había clientes. O los que venden accesorios y zapatos, o la señora que vende nopales en la esquina de Miguel Hidalgo y Domingo Rubí, o Don Manuel, un anciano ciego que vende chocolates sobre la calle Juan Carrasco.

Todos ellos han salido seguros de una sola cosa: las autoridades irán a cerrar sus negocios, como si trabajar fuera un delito.

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