Derechos Humanos

Buscar a Martín en un pantano de balas

Esto duró apenas tres horas, el calor era impasible en ese pantano de lodo y balas, cada pisada parecía cubrir los pies de plomo y les cansaba el paso. Empezaron a deshidratarse y a sufrir golpes de calor.

Este quizás ha sido el rastreo de fosas clandestinas más cansado que han tenido Magaly Castillo Rodríguez y sus compañeras de Sabuesos Guerreras, un colectivo integrado por más de 300 familias que buscan a personas desaparecidos en Sinaloa.

Fue en un estero pantanoso, en ElDorado, al sur de Culiacán, donde está el campo de Tiro La Pichigüila. Aquí ha llovido poco, casi nada, dicen los trabajadores del lugar, donde hay unas tres cabañas con electricidad y un área de alberca.

Ahí fue Magaly con el colectivo al que se unió hace dos años, luego de que desaparecieran a su hijo. Llegó con un pensamiento: quizás en ese lugar pueda estar enterrado el cuerpo de su hijo, asesinado y enterrado. Quizás no y sea otro lugar para descartar, con la esperanza de que esté vivo. Todo es una incógnita y la consume.

“Desde que se lo llevaron no he podido dormir bien. Hoy tampoco pude aunque sabía que venía a búsqueda. Es imposible hacerlo porque se te vienen los recuerdos, pensamientos. Todo”, contó la madre de Martín Alejandro López Castillo, un joven que fue desaparecido el 31 de julio de 2018 en la colonia Alturas del Sur por un grupo de hombres que montaban motocicletas.

Sabuesos Guerreras buscan fosas clandestinas en el campo La Pichigüila

Esta búsqueda fue distinta, por primera vez desde 2017, cuando se fundó el colectivo, son acompañadas por elementos militares, de la Secretaría de Marina y la Guardia Nacional. También fueron integrantes de la Comisión Estatal y Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Con ellos una ambulancia y personal de Protección Civil.

Fue algo inédito en todas sus formas, María Isabel Cruz Bernal, madre del policía desaparecido Yosimar García Cruz y líder del colectivo, ha denunciado en decenas de ocaciones con manifestaciones, cartas públicas y entrevistas a periodistas la ausencia de las autoridades en las búsquedas de personas desaparecidas.

Sabuesos Guerreras buscan fosas clandestinas en el campo La Pichigüila.

Esta vez todas las autoridades estaban en disposición de acompañar e ir a cada uno de los lugares donde el colectivo sospecha que puede haber personas enterradas en fosas clandestinas. Eso sucedió bajo la premisa de ser una orden federal luego de reconocer que la desaparición forzada de personas es un problema grave en Sinaloa, donde se han reportado 4 mil 865 personas aún desaparecidas.

La Pichigüila es un campo de tiro para caza deportiva. Es un atractivo turístico privado, tanto como para no estar anunciado por ningún lado.

Está en medio de un estero, rodeado de carrizo que crece en el lodo. Durante la época de sequía, cuando el calor topa los termómetros hasta los 39 grados, la sensación es peor, llegan a sentirse hasta los 50 grados por el nivel de humedad provocada por esa vegetación.

Sabuesos Guerreras buscan fosas clandestinas en el campo La Pichigüila

Ahora mismo hay sequía en ese lugar, han caído apenas dos lluvias este año y ese estero pantanoso se puede caminar. aunque cuesta trabajo, sobre ese lodo hay una capa de tierra y arena dura que se quiebra al pasar sobre ella.

Hace poco viento y la humedad atrapa, provoca ansiedad y desesperación, pero Magaly y las Sabuesos no desistieron en buscar. Sobre la tierra del estero pantanoso encontraron  decenas de casquillos de balas. Están tirados por doquier y son de distintos tamaños.

“No parecen solo de caza, también hay otros calibres”, dijo uno de los marinos que acompañaban a las mujeres.

Pero no es todo, siguieron su paso y mientras cruzaban el pantano encontraron tenis, pedazos de camisa, botellas de plástico y latas de cerveza.

Registraron en libretas, tomaron nota de cada detalle con una capacidad de asombro visible y escarbaron con palas, picos y varillas donde sospecharon , pero no encontraron nada.

Esto duró apenas tres horas, el calor era impasible en ese pantano de lodo y balas, cada pisada parecía cubrir los pies de plomo y les cansaba el paso. Empezaron a deshidratarse y a sufrir golpes de calor.

Magaly fue una de las que cayó al piso y tuvo que ser atendida en la ambulancia. También María Isabel. Ambas fueron derrotadas.

“Me dio una insolación y se me bajó la presión, tuvieron que ponerme oxígeno y apenas así me puse bien”, dijo Magaly, mientras bebe suero desde una botella y se acomoda un sombrero para cubrirse del sol.

Ahí no encontraron más y decidieron parar. Dejaron el lugar con suspenso, asegurando que volverán en otro momento, quizás pronto y solo si las aguas de verano no llenan el estero, pues entonces deberán hacerlo hasta que vuelva a estar seco y pantanoso.

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