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El dadivoso Maradona que pisó Culiacán

Aquí estuvo y marcó la historia del club con dos subcampeonatos en la extinta liga de Ascenso del futbol mexicano. La única gloria fue el recuerdo y admiración de la pequeña afición sinaloense que sigue el balompié en este estado beisbolero.

La noticia parecía increíble: Diego Armando Maradona, ‘El Pelusa’, dirigiría a los Dorados de Sinaloa.

Su paso en el equipo de Culiacán causó revuelo internacional, llegaba a una ciudad escándalo, como él, con problemas de drogas, como él.

Aquí estuvo y marcó la historia del club con dos subcampeonatos en la extinta liga de Ascenso del futbol mexicano. La única gloria fue el recuerdo y admiración de la pequeña afición sinaloense que sigue el balompié en este estado beisbolero.

Apenas duró un año y renunció a su puesto argumentando problemas de salud. Ya se le sabía mal, con daños muy visibles en sus rodillas. Su caminar era lento y se ayudaba de bastones para sostenerse. En su cara los gestos de dolor.

Todo ese tiempo la pasó en solitario, ajeno a todos los escándalos mediáticos advertidos. Su tiempo la repartió entre su habitación del hotel Lucerna, el de mayor lujo en la capital sinaloense, y las canchas con el equipo.

“Era un hombre reservado, desconfiado, con un grupo hermético sobre los movimientos de Maradona. Nadie podía hablar de lo que hacía en lo privado, ni él”, confió una fuente al diario REFORMA.

Antes de su llegada a Culiacán se especuló de que su estancia sería en La Primavera, el complejo residencial más exclusivo de la ciudad, donde se presume de protocolos estrictos para habitarlo.

Los vecinos pidieron el veto a Maradona, pero la realidad es que el astro argentino no tuvo el interés de estar en ese lugar por la distancia. Prácticamente del otro lado de la ciudad.

Prefirió estar apartado de los reflectores y concentrarse en apapachar a sus jugadores.

“Regalaba relojes y lentes de sol Armani, para motivar a los jugadores. Una vez vino un promotor de unos lentes que le dijo a Maradona que buscaba promocionarlos, le regaló un paquete y todos fueron repartidos a los jugadores”, revelaron al diario REFORMA.

El campeón mundial, autor de ‘La mano de Dios’ en la justa de 1986 que se desarrolló en México, trató en todo momento de portarse generoso con su cuerpo técnico.

Hubo una ocasión, incluso, en la que retó a Vinicio Angulo, delantero en ese entonces de Dorados.

El 17 de septiembre se enfrentaban a los Cafetaleros de Tapachula, había que ganar al colero de la clasificación sí o sí. Habló con el delantero ecuatoriano y le prometió un reloj de la marca Hublot como recompensa si llegaban a imponerse.

Ese día Angulo metió tres goles, la afición gritaba ‘Maradó, Maradó’, era una fiesta comparada únicamente cuando Dorados clasificó a Primera División en 2003. El sudamericano se fue del estadio Banorte con su reloj nuevo.

Aquí las fiestas fueron en las canchas, el escándalo también. Surgió de nuevo el amor por el futbol. Jamás los futbolistas de Dorados habían sido tan abrazados y mimados por un Director Técnico como con Maradona.

Texto tomado del diario Reforma con autorización de su autor.

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