Derechos Humanos

Tema de la semana | Por Joseph, Yamileth, Dagoberto, Yahaira, Britany, Monserrat, Nicole, Eunice…

Si pienso y por lo tanto existo, ¿qué peso debo dar a las valoraciones colocadas sobre mí ser desde un exterior muchas veces hostil? La respuesta ideal es ninguno, ningún peso.

Como un paso más en el aún largo camino hacia su plena incorporación a la sociedad, la comunidad LGBT de Sinaloa celebra la tipificación de crímenes de odio en el Código Penal del estado.

Al establecer penas de hasta 50 años de prisión cuando se demuestre crimen de odio por razones de orientación sexual, el estado da a ciudadanas y ciudadanos lesbianas, gay, bisexuales, transgénero, travesti, transexuales, intersexuales y queer, el aval de vivir su vida libre y plenamente.

Esto es en realidad un derecho de todos, pero que en los hechos se ha visto afectado por la discriminación que al día de hoy sigue pesando sobre aquellos que, valientes o resilientes, deciden vivir su vida y su identidad tal cual se les presenta, de manera libre y sin reprimir una parte central de sí mismos.

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Hace ya algunos años, cuando Descartes enunció su celebre frase “pienso luego existo”, no solo se estableció la base para el desarrollo de la sociedad y el sujeto modernos, sino que le preparó a este el terreno para considerar a su mundo interno como su primer campo de acción. A partir de ese momento el ciudadano tuvo sobre sus propios hombros la responsabilidad de construirse a sí mismo.

Entonces, si pienso y por lo tanto existo ¿qué peso debo dar a las valoraciones colocadas sobre mi ser desde un exterior muchas veces hostil? La respuesta ideal es ninguno, ningún peso.

Pero desde Descartes, quizá ningún pensador hasta Freud entendió que esta comprensión del ser humano, como producto de su mundo y vida internos, también nos encierra dentro de una burbuja de negación del otro y nos lleva a experimentar a nuestros semejantes como una extensión de nosotros mismos, negando hasta las últimas consecuencias el derecho a su libre determinación.

Años más tarde, estas ideas nos han inculcado que no hay mundo o realidad más válida que las propias y, en consecuencia, hemos cerrado la puerta al diálogo con lo que es diferente. Lo diferente sigue siendo una amenaza y hasta un peso muerto con el que no necesitamos cargar y del que incluso tenemos el derecho de renegar.

Así, en el plano de lo concreto esta libre determinación de la personalidad se ve atravesada por prejuicios, discriminación, rechazo, estereotipos, abandono, violencia y, en último termino la muerte.

Todo esto ha configurado la mixtura de miedos y culpas con las que los miembros de la comunidad LGBT han tenido que vivir durante años, mismos de los que hoy han empezado a despojarse.

Es por eso que, a pesar de aprobarse en temporada electoral y ser la menos costosa para la clase política de las tres iniciativas impulsadas por la comunidad LGBT en Sinaloa, no cabe duda que la gran lucha por sus derechos que estos han emprendido empieza a rendir frutos y ganarse espacios en las agendas políticas de todos los partidos.

En concreto, al aprobar esta reforma, la comunidad LGBT obtiene mayor reconocimiento a su ciudadanía plena como actores relevantes del colectivo social; al mismo tiempo, los legisladores locales evitan los costos políticos que en este momento hubiera significado subir al pleno iniciativas pendientes como la del matrimonio igualitario y la de identidad de género (que esta misma semana se aprobó en Puebla como la ‘Ley Agnes’).

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Cuando a inicios de julio del 2017 autoridades encontraron el cuerpo de una mujer transexual asesinada en pleno centro de Culiacán, medios de comunicación locales, nacionales e incluso extranjeros publicaron titulares que hacían hincapié en el ‘asesinato de un hombre vestido de mujer’.

Ese día, cientos, quizá miles de miembros de la comunidad LGBT vieron con temor, enojo y desilusión lo vulnerable que es vivir en un mundo en el que un prejuicio puede quitar una vida.

Hoy, cuatro años y mucho trabajo después, esos mismos ciudadanos pueden defender que la muerte de Joseph, Yamileth, Dagoberto, Yahaira, Britany, Monserrat, Nicole, Eunice, y muchas más, no han sido en vano.

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