Opinión

Tema de la semana | Semana Santa Naïf

¿Salir o no salir? No hay respuesta correcta.

PINTURA: Garden Party (1968) Ivan Generalic.

PINTURA: Garden Party (1968) Ivan Generalic.

Cuando a inicios del 2020 se hablaba de un nuevo virus que tenía el potencial de llevar a la humanidad a una pandemia de carácter global, no muchos imaginábamos que un año después dicho suceso estaría aún lejos de finalizar.

En aquella ocasión las autoridades decidieron adelantar las vacaciones de Semana Santa con el fin de mitigar una escalada de contagios; pero desde aquella fecha la situación no ha vuelto a la normalidad, sino más bien a una nueva normalidad.

El hecho de que en la opinión pública se difundiera tan ampliamente un concepto como el de ‘nueva normalidad’ deja entrever que más allá del horizonte, el futuro que nos depara seguirá siendo fuertemente influido por los cambios en la lógica de producción y convivencia bajo el esquema de las medidas implementadas para combatir a la Covid-19.

Es por eso que aunque los centros recreativos de todo Sinaloa estarán abiertos al público, el tener la posibilidad de salir a vacacionar, consumir y convivir con otros no cambia el hecho de que seguimos, día a día, conviviendo de cerca con la muerte.

Sin embargo es esta misma convivencia la que nos ha puesto de frente a una situación inconmensurable: Mientras la pandemia detuvo a la humanidad, el tiempo siguió su curso.

¿Y qué significa detenernos sino dejar de vivir?

Ante esta difícil situación la sociedad está actualmente una encrucijada simbólica entre la vida y la muerte, la cual seguirá afectando todos los aspectos de nuestras vidas a la espera que los avances tecnológicos logren que mudemos cada vez más actividades al plano digital.

Si bien hubo individuos y negocios que se adelantaron a este gran cambio de paradigma social a través de tendencias como las redes sociales, el e-commerce, la comida a domicilio a través de apps, las videollamadas grupales y demás formas de consumir y convivir sin la necesidad de salir de casa, lo cierto es que estas experiencias no suplen a lo que hasta hace poco llamábamos como ‘realidad’.

Es así que, al encerrarnos evitamos enfermar y ser enfermados, pero daños colaterales financieros y a la salud física y sobre todo mental, suponen el mayor reto actual para individuos, autoridades y empresas.

Durante el arranque de esta Semana Santa, segunda en lo que va de la pandemia, las autoridades estatales reconocen que el proceso de vacunación va lento, que no existen las condiciones para un regreso a clases presencuales, que la pandemia sigue fuerte y que sigue siendo necesario cierto nivel de distanciamiento social; pero a la vez tienen presente que más de un año de quedarnos en casa también está afectando otros aspectos de la vida que, si no se atienden de una manera inteligente y oportuna, terminarán por pasarnos factura de una u otra manera.

Esta misma semana, el 24 de marzo, la canciller alemana Angela Merkel anunció un nuevo confinamiento durante las pascuas con el fin de evitar una tercera ola de contagios, un día después dio marcha atrás disculpándose por la incertidumbre generada por el anuncio.

¿Salir o no salir? No hay respuesta correcta.

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