Seguridad

Caso Wizzard Fest: Un ejemplo de normalización y apología al delito en Culiacán

Lo increíble en el caso Wizzard es el nivel de naturalización de un tema tan fuerte y delicado como el feminicidio.

Con información de Alexandra Figueroa, Marcos Vizcarra y Josué David Piña. 

El pasado viernes, 29 de octubre del 2021, en Culiacán, ocurrió un suceso que muchos calificaron como lamentable, en una fiesta con temática de Halloween, organizada por el grupo Grupo Wizzard y la empresa decoradora MC Diseña Eventos en la discoteca KING, se podía observar la simulación del cadáver de una mujer, con una leyenda que hacía referencia a un feminicidio.

Esto sacudió a las redes sociales, cuyos usuarios demandaron una disculpa de parte de los y las organizadoras del evento. Pero aunque ellos se disculparon, la situación trascendió:

Funcionarias como la secretaria de las mujeres, María Teresa Guerra Ochoa; la Senadora por Sinaloa, Imelda Castro Castro, y diputadas del poder legislativo local lamentaron estos actos que normalizan la violencia contra la mujer.

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La Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) destacó que también se revictimiza a quienes han sufrido este delito en Culiacán, esta misma semana anunciado entre los 10 municipios más violentos para las mujeres en México. 

La Comisión de Igualdad de Género y Familia del Congreso del Estado propuso un Acuerdo de Obvia y Urgente Resolución para rechazar que este tipo de conductas se normalicen en la sociedad; pero además de esto, Juana Minerva Vázquez criticó que el día de Halloween, las más de 90 personas detenidas por elementos de la policía no hayan sido procesadas por apología del delito como lo marca el artículo 254 del Código Penal del Estado de Sinaloa.

Fue así que la Fiscalía General del Estado(FGE) inició de oficio la carpeta de investigación CLN/AEVMTG/8981/2021, por apología del delito y lo que resulte ante estos hechos ocurridos.

Esto plantea la pregunta¿Qué tan delgada es la línea entre la libertad de expresión y lo castigable? ¿Qué se define como apología del delito?

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Narcocultura y mercantilización de la violencia

Para la académica experta en estudios sociales, Anajilda Mondaca Cota, sí podemos interpretar como una apología del delito el hecho de que se visibilice de esa manera una de las tantas formas en que está tipificado el delito de feminicidio en todo el País.

Pero la doctora en Estudios Científico-Sociales por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), señala otro tipo de conductas que también pueden calificarse como normalización de la violencia y apología del delito, desde los ya polémicos narco corridos, hasta la moda, mercancías e incluso actitudes violentas como el ‘agandalle’. 

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“Cuando pasó el caso y se llevó por apología del delito se me vino en mente inmediatamente los narcocorridos”, indicó. “Podrán estar prohibidos, podrán haber acuerdos, pero seguimos escuchando en la calle, los seguimos escuchando en las fiestas”.

Mondaca Cota hace énfasis en que la narcocultura, al igual que otros grupos de poder, es modelo aspiracional que se decanta en la mercantilización de la violencia a través de productos y servicios como la gorra con el número 701, las cirugías estéticas, la música, series y demás productos culturales. 

“Para el que vende podríamos decir que está vendiendo una forma simbólica de la cultura que tiene que ver con el delito… (pero) encontramos jovencitas que no necesariamente aspiren, solo porque buscan estar a la moda y aunque no tengan un vínculo, no les interesa estar en ese mundo, quieren ser parte de la moda”.

“Ahí está lo que hemos llamado la mercantilización de la violencia”.

Pero la académica va más allá al calificar incluso conductas como ‘el agandalle’ como parte de la narcocultura y apología del delito con la que los culichis convivimos todos los días, ya sea de manera consciente o inconsciente.

¿Qué es apología del delito?

El artículo 254 del Código Penal del Estado de Sinaloa llamado “Provocación para cometer un delito y apología a éste o a algún vicio” establece que:

Al que provoque públicamente a cometer un delito o haga apología de éste o de algún vicio, se le aplicará prisión de tres meses a dos años y de diez a cincuenta días multa, si el delito no se ejecutare.

Por la manera en que está redactado, explica el abogado Óscar Fidel González Mendivil, se dejan al aire definiciones relevantes como “vicio” y no considera en qué situaciones se “provoca” un delito. 

“Hay que hacer una interpretación de tipo no solamente gramatical, sino cultural… Así como está redactado el artículo resulta muy ambiguo y a esto, en el mundo de la abogacía, se le conoce como tipo penales abiertos, en donde la materia de la prohibición no está completamente detallada”, manifestó.

“Yo creo que lo que se requiere es una mejor redacción de este tipo de cosas. La otra es que no podemos como sociedad proponernos que todo lo que esté mal lo hagamos delito, tiene que haber otras fórmulas para que esto no se lleve a cabo”, mencionó.

Los límites entre lo prohibido y lo permitido son muy borrosos… Creo que nos invita una reflexión más grande de qué si es delito o no es delito”

¿Otras fórmulas?

Para Nayeli Burgueño, profesora e investigadora de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), lo increíble en el caso Wizzard es el nivel de naturalización de un tema tan fuerte y delicado como el feminicidio.  

“¿Cómo es posible que un tema tan fuerte, que se vive en una sociedad como en la que estamos sea también un elemento simbólico ya cultural de una temática en una fiesta, en una festividad?, se cuestionó.

“A mí desde ahí digo, qué enfermos estamos y que no haya habido en ese momento una queja, una observación hasta que ya sale a la luz y ya haya esta discusión sobre la tipología”, abundó. 

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La académica añade que, si bien, desde el estado la manera más visible de tratar de frenarlo es a través de la reglamentación, es más necesaria y urgente aún una estrategia paralela “para tratar de contener, revertir, los niveles de violencia que existen en los jóvenes; que no sea nada más a través de una acción coercitiva”.

En ese sentido, Burgueño invitó a los culichis a cuestionarse qué hacer como sociedad y como estado para realmente transformar esta naturalización de la violencia. 

“Yo veo más antro, más casinos que bibliotecas en Culiacán, por ejemplo; cuando yo veo que en las escuelas no se implementa en realidad una política de respeto a la diferencia, una política de mayor respeto a la diversidad, que entren como parte del programa de estudios; de vigilancia escolar, no la hay”, acusó. 

“Ahí está la dualidad que yo veo… Naturalizamos estas escenas de terror en las que vivimos permanentemente y esos niveles de insensibilidad que estamos viviendo son preocupantes”.

“¿Por qué mejor no nos educan a los niños a que aprendan a vernos (a las mujeres) de otra manera?, educa al niño desde la escuela de que tiene que aprender a ver a su compañera no solo en el ámbito sexual. Eso es parte de nuestra cultura patriarcal”, puntualizó.

Lee toda la información sobre el #CasoWizzardfest acá.

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