Cultura

Lectura para llevar | Francisco deja libros en paradas de camiones

En lugar de apilar sus libros en una repisa, el señor Francisco ha decidido regalarlos y con ello fomentar la lectura

El señor Francisco Hernández Villegas, de 67 años, llevó más allá la cultura de donación de libros y la reflexión de “regala un libro para navidad”, pues a finales del 2019 comenzó con la tarea de dejar libros en las paradas de camiones con el fin de acercar a la población el hábito de la lectura.

Si bien en otros estados y países existen las máquinas expendedoras de libros, Culiacán no se queda atrás, ya que envueltos en una bolsa de plástico con una nota al frente que dice “Lectura para llevar, sanitizado”, Francisco amplía las posibilidades de la ciudadanía de acceder a un libro.

FOTO: Cortesía

Narrado por su hijo, Edgar Hernández, pues Francisco prefiere mantener el anonimato, la cultura de la donación y el amor por la lectura de este maestro jubilado de la Universidad Autónoma de Sinaloa nació desde hace muchos años.

Contrario a algunos asiduos lectores que cuidan las obras literarias como su más grande tesoro, Francisco ha decidido regalarlas, ha hecho donaciones a diferentes escuelas y bibliotecas, también solía regalar libros a sus estudiantes y ha fomentado la lectura en sus hijos.

“A mí me parece que es un estilo de vida minimalista en el que se trata de despojarnos de objetos, recuerdos, en este caso libros, es difícil a veces que esto pase porque vamos por la vida acumulando.

Mi papá siempre tuvo eso con los libros. Casi 30 años se dedicó a la docencia (…) y estuvo en contacto con las lecturas, pero no las acumuló, no las apiló en libreros, las estuvo siempre compartiendo, en su momento con los alumnos. Los donaba a la biblioteca de la UAS, en alguna ocasión a la biblioteca del antiguo Difocur, también en otro momento en la biblioteca del pueblo del que es originario, de Higueras de Zaragoza, también ha donado en la penitenciaría de Aguaruto. Entonces, es una vida de estar regalando los libros que ha tenido.”, narró su hijo Edgar.

Edgar Hernández. FOTO: Marcos Vizcarra

Al comienzo, Francisco dejaba libros en las paradas de camiones de mayor tránsito para estudiantes, luego de dejarlos se daba la vuelta por el lugar para ver si habían sido recogidos, comenzó a notar que la gente no los tomaba y decidió colocarles notas para dejar claro que los podían agarrar, fue así como emprendió la “Lectura para llevar”.

En marzo del 2020, la pandemia del COVID-19 llegó a Sinaloa, y al iniciarse el confinamiento y las clases a distancia tuvo que dejar de hacer esta tarea. Meses después, cuando los contagios bajaron, la retomó, pero la gente no confiaba en llevarse los libros por cuestiones de higiene, ahí fue cuando comenzó a ponerlos en las bolsas de plástico y le agregó el “sanitizado” a la nota.

FOTO: Cortesía

Aunque la intención no es solo regalar libros a estudiantes, sino que personas de escasos recursos, para quienes obtener un libro se ha convertido en un lujo, también puedan acceder a ellos y tal vez, compartirlos con otras personas.

“Es acercar la lectura a personas que tal vez no puedan acceder tan fácilmente a un bien de esa naturaleza. Es subjetivo, pero a veces nos parecen caros los libros”, agregó.

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Francisco inició este proyecto utilizando sus propios libros, pero esta iniciativa ha crecido y ahora recibe donaciones de otras personas que gustan sumarse a su labor.

Creo que el proyecto ciudadano ha tocado el corazón o las fibras sensibles de algunas personas que han decidido generosamente compartir sus libros, donarlos. Por ejemplo, la familia de un vecino mío, don Joel falleció el año pasado, era un gran lector, y la familia al enterarse de esta actividad decide regalarnos la biblioteca del señor, fueron cientos de libros que llegaron al proyecto y empezaron a circularse en las diversas paradas de camión”, dijo.

UN FUTURO PARA LA LECTURA

Edgar Hernández comentó que la idea es que se pueda compartir con más personas, que este proyecto se replique en otros municipios o que aliente a más gente que quiere emprender proyectos ciudadanos.

“Es parte, siento yo, de un movimiento cultural, de compartir arte, de compartir conocimiento, si te gustó y lo terminas, pues lo puedas compartir, a veces es difícil despegarte, pero es una invitación, a elección de la persona, que si encuentra un libro lo pueda compartir”, mencionó.

“La idea es que los libros vuelen, salgan de las prisiones en las que puedan estar. Esta actividad que inició mi papá de manera personal, casi anónima, ha tomado un camino muy bonito, sorprendente, inesperado aquí en Culiacán”, agregó.

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Destacó que este es solo un intento de una persona amante de los libros que busca facilitar el acceso a la lectura, pero que, incluso editoriales y universidades pueden realizar proyectos similares, por ejemplo, dejando códigos QR en lugares públicos para el acceso gratuito a libros o páginas.

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Compartimos ejemplo de QR y te invitamos a leer el proyecto “Hasta Encontrarles”

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