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Y después del fútbol ensangrentado, ¿quién pondrá la sensatez para atemperar el odio nacional?

Hasta el momento ningún nivel de autoridad ha ofrecido la enérgica acción legal para que se realice la investigación, determinar responsabilidades penales y llevar ante la justicia a los que resulten responsables

FOTO: Twitter @JosueDanielFG

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Al mismo tiempo que la información sobre los hechos del sábado en el estadio La Corregidora de Querétaro corrió con total crudeza en las pantallas de los dispositivos móviles mostrando al México regido por el odio y la pérdida de valores, el gobierno empezó a tender cortinas de humo que oculten el tamaño de la crueldad y vergüenza con el propósito de evadir las culpas propias para endosarlas al pasado.

Lo que se desató durante el encuentro de futbol entre los equipos Gallos Blancos de Querétaro y Atlas de Jalisco va más allá de un partido de balompié teñido de sangre por los hinchas. Los sucesos delatan la enorme olla de presión en que se convierte el país al acumularse los rencores que al hacer explosión concretan apetitos de venganzas entre mexicanos que al margen de filias y fobias sí pueden convivir con apego a la ley y la función conciliadora del Estado.

Sin embargo, hasta el momento ningún nivel de autoridad ha ofrecido la enérgica acción legal para que se realice la investigación, determinar responsabilidades penales y llevar ante la justicia a los que resulten responsables. Desde el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, más preocupado por esconder la violencia que en castigarla, hasta el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que atribuye el salvajismo a “a gobiernos neoliberales anteriores” toman el cómodo atajo de la indolencia y esquivan el largo y sinuoso camino del marco jurídico.

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El silencio gubernamental le continúa dando pauta a mil y una sospechas provenientes de la sociedad que no cree en la versión oficial que minimiza la gravedad de los hechos. Después del acontecimiento que mancha de sangre al deporte y le imprime la atrocidad a la nación azteca, lo que crece es la confusión, desesperanza y frustración ciudadanas alentadas por servidores públicos que desde muy alto nivel adquieren el rango de sospechosos por acción u omisión cuando tendrían que ser, obligadamente, restauradores de la paz y el orden.

Al odio que detonó la violencia en el estadio La Corregidora se le atiende con más odio. López Obrador insiste en desprenderse de cualquier responsabilidad como jefe del Ejecutivo Federal, el gobernador Kuri lucha por quitarle lo ignominioso a estos hechos para manejarlos como nota de color del balompié, los empresarios del fútbol anclan en la defensa del negocio con sus mafias, y enojada y desinformada la sociedad mexicana saca sus propias conclusiones. Y nadie pone la cuota de sensatez que urge para enfriar los ánimos de las aficiones y los ciudadanos.

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