Historia

Eldorado, Sinaloa, el Macondo de Inés Arredondo

Con motivo de su natalicio el 20 de marzo, en Espejo decidimos exponer un poco de la vida y obra de esta escritora a manera de conmemorar esta efeméride culichi.

Grandes extensiones de tierra marcadas por largos surcos de cañaverales y árboles frutales, seguido de una diversidad de plantas exóticas y huertos de árboles de mango y ciruelos alrededor de una fábrica; todo esto debió haber hecho lucir a la todavía sindicatura de Eldorado, como un centro de desarrollo en la entidad durante los primeros años del siglo XX.

Era la última etapa del periodo conocido como el Porfiriato; y en Sinaloa lo que se entendía como orden y progreso en mayor medida fue auspiciado por una de las familias sinaloenses más rica de la época, los Redo.

Fue en 1900 cuando el empresario Joaquín Redo (1833-1904) puso la primera piedra de lo que sería el ingenio azucarero de Eldorado, comenzando así a florecer una población derivado del conjunto de instalaciones industriales importadas de Estados Unidos para procesar el azúcar. Las imágenes del ingenio y su gran hacienda podrían remitir a las grandes industrias de este tipo que florecieron en varios países suramericanos.

Posiblemente de ahí que sus fundadores hayan propuesto llamar a esa población como Eldorado, en relación a la leyenda mítica difundida entre los conquistadores españoles para hacer referencia a una ciudad prehispánica construida enteramente de oro, sus calles, casas; donde supuestamente este mineral era tan abundante que todo se construía a base de ello.

Todas estas reminiscencias e historias de la región influyeron para crear en gran medida la obra literaria de la escritora culiacanense Inés Arredondo. Con tan solo tres libros de cuentos publicados —La Señal (1965), Río Subterráneo (1979) y Los Espejos (1988) — logró plasmar desde su imaginación personajes con peculiaridades endémicas de Eldorado y Culiacán.

Con motivo de su natalicio el 20 de marzo, en Espejo decidimos exponer un poco de su vida y obra a manera de conmemorar esta efeméride culichi. Una de las razones es porque la influencia narrativa de la escritora es tan grande, que ha sido apropiada por los críticos dentro de la literatura nacional en diversas antologías y ensayos, pero su legado artístico en Sinaloa ha ido quedando en segundo término.

Aunado también a que no han sido muchos los gobiernos locales y sus funcionarios culturales quienes reivindiquen la imagen de Inés como cuentista y como mujer, siendo nula su acercamiento entre la juventud en las escuelas de educación pública.

Lo curioso de la vida y obra de Inés Arredondo en torno a Eldorado, es que no le tocó ver su época de más esplendor antes del estallido de la Revolución Mexicana, esos años donde el ingenio y su mano de obra lograban producir 6 millones de toneladas de caña anualmente antes de 1910, en una extensión de poco más de 875 mil hectáreas; y que a su vez era procesado en 447 mil kilos de azúcar refinada al año para su exportación

Esa descripción pudiera hacer parecer a dicha comunidad como una ciudad fábrica, con la tecnología más avanzada en esa época, con grandes obras de irrigación hidráulica, donde a lo lejos se imponían las altas chimeneas del ingenio expulsando sus densas humaredas; aunque también por la influencia generada por una ola de inmigrantes chinos que ayudaron a diversificar la identidad y la cultura de los eldoradenses.

Como todo el mundo tengo muchas infancias de donde escoger, y hace tiempo elegí la que tuve en casa de mis abuelos, en una hacienda cercana a Culiacán, llamada Eldorado”, escribió en su autobiografía, ya con cierto renombre entre los círculos literarios y académicos de la ciudad de México. 

De este  modo, las escenas y personajes ficticios de Inés Arredondo fueron representados enormemente a partir de las crónicas verídicas que le heredó su abuelo materno Francisco Arredondo, historias llenas de nostalgia y esplendor económico de un ingenio que para ese momento terminaba su ciclo productivo.

Francisco Arredondo fue el jefe de campo del ingenio azucarero de Eldorado o capataz, por lo tanto fue uno de los empleados de confianza de la familia Redo. Y para situarnos en contexto, Diego Redo (hijo de Joaquín Redo) además de ser unos de los mayores empresarios del estado, fungía como gobernador de Sinaloa cuando inicio el conflicto armado de la Revolución.

Al ser una  de las familias oligarcas íntimamente ligada a las políticas económicas del presidente Porfirio Díaz, los Redo no tuvieron más opción que exiliarse al extranjero, pero no sin antes confiar el cuidado de la hacienda azucarera y la administración del ingenio al abuelo de Inés Arredondo, quien cumplió con el encargo de Diego Redo hasta su muerte. 

Por lo tanto, Eldorado que conoció la niña Inés fue el de finales de la década de años treinta, cuando provenía de Culiacán con sus papás a visitar a su abuelo durante las vacaciones de verano y fines de semana. Para esos años dicha comunidad se había convertido en una especie de santuario para los inmigrantes de origen chino, ya que por ese tiempo el gobierno mexicano emprendió una deportación masiva contra ellos, ocasionando oleadas de violencia y discriminación entre muchos mexicanos.

Pero no en Eldorado, justo ahí llegaron por primera vez a territorio nacional unas semillas provenientes de China, que al crecer en tierras sinaloenses sus árboles produjeron una fruta exótica nunca antes vista por los campesinos y sus habitantes, las lichis.

Así pues, la imaginación hacia mundos oníricos de la futura escritora comenzó a modelarse al ir y venir por huertos de lichis y flores de amapola envolviéndola en una atmósfera de colores brillantes, evocando a Eldorado de una manera idealizada, como hizo Gabriel García Márquez con Macondo en Cien Años de Soledad.

Como se dijo, Inés Arredondo nació el 20 de marzo de 1928 en Culiacán y fue la hija mayor de un total de nueve hermanos. Sus padres fueron Mario Camelo Vega e Inés Arredondo Ceballos, sus biógrafos la describen como una alumna distinguida donde destacó desde sus estudios primarios en el Colegio Montferrant, escuela de monjas de la Compañía de María.

Su papá fue un destacado médico de la capital sinaloense y de quien heredó su incursión a la lectura. Su vida errante comenzó desde muy joven, cuando partió a la ciudad de Guadalajara a estudiar la preparatoria en el Colegio Aquiles Serdán. Posteriormente, se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México en 1947, pero su carrera se vio interrumpida por cuestiones médicas, aunque nunca dejó de trabajar y desempeñarse en varios ámbitos de la cultura de la capital.

En 1953, la escritora se casó en Culiacán con el poeta Tomás Segovia, un refugiado de la Guerra Civil Española en México, matrimonio que se prolongaría hasta 1965 ante un divorcio, no sin antes haber procreado cuatros hijos.

Sin embargo, es en esa época junto con Tomás que ambos se adhieren al grupos de escritores conocidos dentro de la historia de la literatura como la Generación del Medio Siglo, quienes a su vez se proyectaron en la Revista Mexicana de Literatura, impreso que circuló de 1955 a 1965 y donde Inés Arredondo publicó por primera vez varios de sus cuentos.

Actualmente en Culiacán son pocos los especialistas que han analizado la obra de Inés, pero entre ellos destaca los trabajos de la escritora y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Dina Grijalva Monteverde. En su libro Eldorado: evocación y mito en la narrativa de Inés Arredondo, por ejemplo, se propuso analizar los cuentos que transcurren en el espacio geográfico aludido.

“En varios de sus cuentos encontramos una presencia muy intensa de Eldorado, pero es una presencia trastocado por la magia de la literatura. Inés Arredondo logra crear un Eldorado casi mítico, es decir, si vamos ahorita ahí, además de que ya pasaron varias décadas desde que ella iba de niña; pero ella lo que hace ya de adulto es crear una literatura donde esa comunidad queda convertida en paraíso e infierno”, expone.

Dina Grijalva explica que en los tres libros de cuentos de ella aparecen textos donde el escenario, su espacio, es Eldorado, reiterando que se muestra como Inés lo recuerda; ya que en realidad la escritora nunca regresó a la hacienda azucarera y su representación en su obra es como la recordó ya de adulta.

Inés Arredondo

“Ella literaturiza Eldorado que recuerda, si vamos ahorita a Eldorado no vamos a encontrar para nada ese Eldorado que Inés describe. De hecho los vestigios de la hacienda que aún permanecen no son de la hacienda original”, precisa.

Incluso la académica nos da a conocer que no son pocos los especialistas e investigadores de Inés Arredondo de la ciudad de México que han tenido la ilusión de lanzarse a la actual sindicatura de Eldorado, llevándose un poco de decepción al no lograr ubicar semejanzas o características de esa comunidad como Inés lo plasmó en sus cuentos.

Cuenta como en el 2005 vinieron a Culiacán unas 15 académicas de la UNAM y de la UAM, a quienes organizó una ida a Eldorado a solicitud de ellas, aunque con la advertencia de Dina de que probablemente verían una ciudad distinta a la idealizada por Inés.

“Ella de niña escucha lo que la hacienda había sido y luego después de 20 ó 30 años, empieza a recrear lo que ella había escuchado, pero lo que cuenta ya no existe y eso es la magia de la literatura”, opina.

Finalmente, Dina Grijalva comenta que en general la obra cuentística de Inés Arredondo es compleja y está muy lejos de ser literatura infantil, por lo que admite que se requiere un previo bagaje cultural para incursionar en sus lecturas. Y es por esta razón, quizás, que su literatura no ha logrado democratizarse del todo, sobre todo en las escuelas.

Sin embargo, cree que si hay ciertos cuentos en específico —particularmente “El membrillo” — que sí pudiera y debiera incluirse por lo menos en las preparatorias de Sinaloa: “desde el bachillerato se debería incluir a Inés Arredondo en la currícula y creo que si pudiera difundirse su obra más”, manifestó.

PARA SABER

Aparte de ser conocida por sus cuentos, Inés Arredondo se aventuró en varios estilos narrativos entre ellos el guión cinematográfico. En 1967 colaboró en la adaptación de su cuento “Mariana” para una película que produjo y dirigió el cineasta mexicano Juan Guerrero. Lo interesante de esto es que se trató de un rodaje firmado en Culiacán, apreciándose los edificios más emblemáticos de la ciudad.

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