Movilidad

Fantasía y buenos deseos | El ‘camino empedrado’ hacia una movilidad sustentable

Para lograr una movilidad sustentable en Culiacán pareciera que todavía falta un largo trecho por recorrer a pesar de existir una Ley de Movilidad Sustentable desde 2018

Ilustración: Hannacrv

Ilustración: Hannacrv

Es indudable que la movilidad en Culiacán muestra signos de saturación. Las quejas son constantes entre la ciudadanía, en todos los ámbitos, quienes curiosamente vociferan sus molestias mientras conducen sus automóviles. Mucho tiene que ver que la ciudad cuenta con un parque vehicular de 500 mil automóviles en un municipio de poco más de 800 mil personas, una situación preocupantemente y desproporcional.

En la capital sinaloense los accidentes viales son el pan de cada día: embotellamientos en horas pico y fuera de ellas, choques por alcance o contra algún objeto inanimado, atropellamientos de personas o contra ciclistas; a ello hay que agregar el contexto de violencia de la localidad, donde de manera intempestiva pueden irrumpir convoyes del crimen organizado por las principales avenidas de la ciudad a pleno mediodía.

De acuerdo al informe realizado por la organización civil Mapasin, Anuario Estadístico de Siniestralidad vial Culiacán 2021, ese fue el año que más muertes se han registrado con 51 decesos, un incremento del 46 por ciento en comparación con 2020.

El comportamiento de esta problemática en Culiacán ya debería ser catalogado como un tema de salud pública, opina el laboratorio vial.

Este fenómeno también ha llamado la atención del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), identificando que Sinaloa cuenta con la tasa más alta de muertos por accidentes viales entre todas las entidades del país, concentrando Culiacán la mayor cantidad de siniestros mortales, con el 38 por ciento.

Sin embargo, el problema de la movilidad en Culiacán es multifactorial, y si los culiacanenses prefieren desplazarse —independientemente de la comodidad— sobre automóviles de sus hogares a sus destinos diarios y viceversa, es porque no contamos con opciones de transporte públicos de calidad.

El proceso se vuelve cíclico influyendo en otros problemas relacionados con la salud: la tediosa pérdida de tiempo a la hora de transportarse tanto en carro como en camión, repercutiendo directamente en la calidad de vida de las personas.

Para abonar al ordenamiento urbano y al mismo tiempo mitigar el caos en el espacio público y su vías, en 2018 el Poder Legislativo de Sinaloa creó la Ley de Movilidad Sustentable con la intención de adherirse a las políticas internaciones que promueven el desarrollo sustentable, aunque como muchas otras leyes y normas, esta ha quedado en el discurso por falta de voluntad política o por los vacíos que no terminan de llenar los gobiernos.

Por si fuera poco, la citada ley todavía no termina de aplicarse y socializarse cuando desde la federación ya nos mandan una serie de disposiciones para ser homologadas en la entidad, la gran mayoría ya contempladas desde 2018 en Sinaloa. 

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Las fallas en este tema son tan estructurales que la ciudadanía también carga buena parte de la responsabilidad. Por ejemplo, todos hemos escuchado entre nuestros círculos más cercanos, o más aún, observado en redes sociales como las personas reprochan “es que al culichi le falta cultura vial”, o “que la gente de Culiacán carece de educación vial”.

Lo anterior se complica cuando no percibimos en los elementos de tránsito una aplicación estricta de los reglamentos: ¿A caso alguien conoce a alguna persona que haya sido infraccionado por usar su teléfono mientras conduce? ¿Por lanzar algún residuo de su vehículos? ¿Por llevar a algún menor o mascota sobre las piernas del chofer? ¿Por estacionarse arriba de una banqueta? ¿Por estacionarse en doble fila aun y cuando el conductor permanece dentro del vehículo esperando? ¿Por generar ruidos excesivos y molestos con sus vehículos?

Por otro lado, como peatón, ¿considera que se le garantiza su derecho a disfrutar del espacio púbico en condiciones de seguridad, comodidad y accesibilidad adecuadas para su salud física y emocional? ¿Siente que goza de preferencia al cruzar las calles como marca la Ley de Movilidad Sustentable del Estado de Sinaloa?

Del transporte público en Culiacán mejor ni profundizamos porque generaríamos más indignación. Basta decir que el gobierno está  obligado a impulsar el “desarrollo tecnológico” de los servicios del transporte en el estado para eficientar su operación, así como para garantizar la accesibilidad y seguridad a los usuarios, tal y como marca la fracción 27 del Artículo 16 de dicha ley.

En la teoría, el transporte público es un servicio encaminado a garantizar la movilidad de personas y cosas en condiciones de libertad de acceso, calidad, seguridad e higiene. De igual modo, podría ser sorpresivo informar a la sociedad que la Ley de Movilidad contempla un apartado antimonopolios en el transporte público como indica el Artículo 127:

“Vigilar que en el establecimiento del servicio de transporte público, no se formen ni propicien monopolios, u otros fenómenos ilícitos de acaparamiento del mercado, ni barreras a la libre competencia, en los términos de la Ley aplicable, con el objeto de garantizar al usuario una adecuada accesibilidad a diversas alternativas de transporte, en términos de lograr una movilidad sustentable de pasajeros”, se lee en el documento.

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La realidad es otra y en este punto también abordaríamos un problema sistémico. Por años los concesionarios de camiones que ofrecen el servicio de transporte público en Culiacán han sido los únicos preferidos por las anteriores y actual administración. Si escarbáramos un poco nos daríamos cuenta que mucho se debe a los vínculos clientelares, familiares y políticos de los funcionarios públicos con los empresarios de estos camiones.

Las soluciones hasta el momento por parte de las autoridades son proyectos de movilidad enfocados exclusivamente hacia los automovilistas, a desfogar las vialidades de Culiacán, pero sin un acompañamiento integral de opciones para desplazarse, de un anhelado Sistema Integral de Transporte (como también contempla la Ley de Movilidad Sustentable).

Recientemente se ha difundido un proyecto de periférico en Culiacán como la panacea para descongestionar las vialidades, aun y cuando ya está demostrado que entre más incremento de vialidades, mayor será la demanda de automóviles en las ciudades; lo anterior es conocido como el fenómeno del tráfico inducido entre los urbanistas.

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¿A DÓNDE IREMOS A PARAR?

Platicamos con Ricardo Jenny del Rincón, actual titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública (SESESP), quien nos explicó que por primera vez la problemática de los accidentes viales en Sinaloa será adherida como un tema de seguridad pública.

“El problema lo tenemos muy bien identificado, no solamente porque nosotros vamos generando el conteo estadístico de los incidentes viales, sino porque también estamos generando el conteo de la cantidad de personas que fallecen o que quedan incapacitadas. El tema sí es de nuestro conocimiento y preocupación constante, es un tema que anteriormente no se había visibilizado, que no se le había puesto atención”, admitió el funcionario estatal.

Jenny del Rincón comentó que lo que ya es una alerta roja en el estado, pero sobre todo en Culiacán, la intención es trabajar coordinadamente los tres niveles de gobierno y los municipios. Sobre todo, dijo, una parte importante están en las medidas que tomen los ayuntamientos, sobre  todo en materia de operativos, buscando que estas acciones no sean recaudatorias sino que realmente busquen prevenir los accidentes.

“Nostros como Secretariado ya estamos trabajando con los ayuntamientos en ese sentido y le estamos dando seguimiento a las acciones que cada municipio implemente; les pedimos información precisa de los accidentes y sobre todo la georreferenciación de cada uno de estos accidentes”, sostuvo.

Argumentó que en base en dónde se dan los mayores números de accidentes se podría determinar las causas de los mismos; aunque ya se sabe, precisó: la mayor causa de los accidentes se generan por la mala conducción de vehículos.

Exceso de velocidad, consumo de alcohol o drogas y uso del celular son las tres principales causas de accidentes en automóviles, mientras que entre los motociclistas la falta de uso de casco.

“Todos estos datos nos permitirá construir diagnósticos certeros y reales. Buscar también las causas que van más allá del propio conductor, es decir, la infraestructura vial, señalamientos, las condiciones de las carreteras y caminos rurales, que también son causas”, comentó.

Jenny del rincón enfatizó que el tema también tiene que ver con los elementos viales y la manera en que han venido trabajando. Pero mucho de esto se puede resolver, dijo, señalizando bien las curvas, poniendo iluminación donde no hay, cambiándole las características a vueltas muy cerradas, arreglando los semáforos; “es un conjunto de cosas”, explicó.

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¿Y LA CULTURA VIAL?

El titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública aceptó que este sin duda es el meollo del asunto.

El funcionario argumentó que trabajar sobre las personas que ya conducen, que cuentan con un vehículo o que ya están sobre las calles, es lo más difícil.

“¿Qué se puede hacer aquí? Sin duda se está trabajando en ello. Se pueden incrementar las multas, para que a cada infractor le duela donde creemos que le duele a la sociedad, los bolsillos. Y no con un fin recaudatorio, sino realmente evitar que las personas que NO SABEN MANEJAR sigan cometiendo infracción tras infracción”, mencionó.

Paralelo a ello, otras acciones que se debería de tomar es fortalecer las entregas de las licencias a la hora del renovación, es decir, exámenes más estrictos y certificaciones más reales.

“Este par de cosas es lo que creemos que puedan ayudar que la gente que ya está conduciendo, disminuya la cantidad de accidentes. Ahora, ¿qué es más fácil? Pues trabajar en la gente que aún no maneja, en los jóvenes que apenas van a sacar sus licencias de aprendiz. Se trata de construir futuros conductores”, sostuvo.

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