Historia

Benito Juárez, el artífice de la segunda transformación de México

En la actualidad su legado ha servido en gran medida para construir el discurso de la Cuarta Transformación

La figura de Benito Juárez es quizá la más ensalzada por la historia nacional. Desde la primaria los profesores han ilustrado a innumerables generaciones sombre cómo de pequeño apoyaba al sustento familiar pastando ovejas en su natal Oaxaca.

En la historia política también logró destacar como uno de los mejores presidentes que ha tenido México. Su vida sin duda estuvo llena de hazañas, como la defensa del país en el marco de la invasión francesa. Épicas son las historias de cómo iba a salto de mata trasladando los poderes federales a través de una larga caravana que se asentaba de una ciudad a otra.

Justo el 18 de julio se cumplieron 150 años de su fallecimiento: El mejor presidente de México, mencionó el presidente Andrés Manuel López Obrador en un evento conmemorativo.

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En la actualidad su legado ha servido en gran medida para construir el discurso de la Cuarta Transformación, ya que durante su periodo logró vencer a los políticos conversadores del siglo XIX, inaugurando, en opinión de Andrés Manuel López Obrador, la segunda transformación de México en esa época.

Lo que es cierto es que durante el gobierno de Benito Juárez, el “Benemérito de las Américas”, se sentaron las bases del estado moderno mexicano, al realizar una serie de reformas constitucionales que hoy en día permanecen vigentes.

Parte de su legado

Benito Juárez García nació en 1806, en Oaxaca, y murió en la Ciudad de México en 1872. Fue abogado, político y presidente de México.

Entre las frases célebres de Benito Juárez, todas vigentes, podemos recordar algunas que son parte de su legado:

  • Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz
  • No deshonra a un hombre equivocarse. Lo que deshonra es la perseverancia en el error
  • Con el pueblo todo, sin el pueblo nada
  • Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes, porque el poder termina y el recuerdo perdura.
  • El triunfo de la reacción es moralmente imposible
  • El amor a Dios y al prójimo, no las hipócritas simulaciones de prácticas sin verdad ni sentimientos (volverán la paz a la República)

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