Artes

Siguiendo los pasos de James Key, el artista que cuestionó la política cultural de Sinaloa

En el marco de su natalicio este 20 de julio, en Espejo nos dimos a la tarea de destacar la vida y obra de uno de los primeros artistas contemporáneos de Sinaloa

Ilustración: Machateo

Ilustración: Machateo

Un hombre negro delgado, pelo rizado, siempre con la broma y siempre de buenas; así recuerdan a James Key sus amigos más íntimos y los familiares que le sobreviven. Para quienes no se sentían familiarizados con el mundo del arte se trataba de otro personaje urbano más por su peculiar aspecto, casi siempre caminando por las calles de Culiacán con una cámara colgando sobre su cuello.

Pero James Key era un artista culichi y universal al mismo tiempo, siempre buscando ir un paso adelante que los demás, quería trascender y podemos decir que su obra así lo consolidó.

En el marco de su natalicio el 20 de julio en Espejo nos dimos a la tarea de consultar a personajes cercanos a esta figura como una especie de homenaje para hablar un poco de su vida y obra. En internet falta quien aborde su trayectoria desde la crítica de arte, mientras que en sitios web de gobierno, sus datos biográficos no pasan de un simple perfil.

Resaltamos la trayectoria de este artista de la localidad porque consideramos que fue uno de los primeros artistas sinaloenses en introducir el arte contemporáneo en el estado, en un momento tardío donde todavía predominaba entre el gremio las bases academicistas y las técnicas tradicionales principalmente en la pintura, escultura y fotografía.

Al mismo tiempo, porque de acuerdo a las fuentes consultadas, James siempre procuró poner en el mapa a Sinaloa en relación a la producción artística. Que las personas de otros puntos geográficos voltearan sus ojos a lo que sucedía en Sinaloa, que en Sinaloa también había artistas y se hacía arte; pero para ello, tuvo que abrirse primero al mundo y regresar con cierto renombre para convertirse al mismo tiempo en promotor cultural.

James Key estudió la licenciatura en arte en la Universidad de Harvard, alcanzando el grado de doctor por la misma institución. Posteriormente hizo una maestría en Ciencias en la Universidad de Massachusetts y a mediados de los noventa se doctoró en Bellas Artes, en la Facultad de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha, en España.

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Ilustración: Machateo

LA FAMILIA KEY

El padre de James Key fue un ciudadano norteamericano afro descendiente nacido en el estado de Carolina del Norte. Fue médico de profesión y pensionado por ese gobierno después de haber prestado sus servicios durante la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo a los testimonios de su hermana Clemencia Key, su padre llegó a Culiacán a petición del gobernador de Sinaloa, Pablo E. Macías Valenzuela (1944-1950). Lejos de atender asuntos de salud pública en la entidad, el peculiar llamado fue porque el mandatario sufría problemas en sus pies, no encontrando calzado que se le pudiera ajustar.

Al ser inexistente por esos años la especialidad de podología en el estado, el Macías Valenzuela solicitó personalmente sus servicios médicos, trasladándose el señor Key a este lado del territorio mexicano.

“Quedó muy contento porque él ya no sufrió más, quedó tan contento con mi padre que el gobernador le regaló un auto”, menciona la señora Clemencia, precisando que lo que menos le faltaba a su padre era dinero.

Posteriormente en el transcurso de su estadía en tierras sinaloenses el médico conoce a una joven culiacanense de ojos azules, describe la hermana de James, con quien contrajo nupcias. De esa alianza matrimonial surgieron cinco hijos: el mayor James Key Rodríguez, el 20 de julio de 1950, luego Margarita, Enrique, Clemencia y Cuquita Key. Al abrirse una nueva etapa para el podólogo norteamericano, la familia Key Rodríguez optó por establecer sus raíces en el Culiacán de inicios de los cincuentas.

“Mi hermano James estudió en muy buenas escuelas, mi mamá se preocupó por la educación de nosotros siempre. James estudio en el Colegio Sinaloa, primaria y secundaria. La preparatoria en una de la UAS y posteriormente estudio unos años arte aquí, después se fue a la Universidad de Harvard”, relata.

James Key. Homenaje a Santos Balmori, s/f. Electrografía / tela 121 x 74 cm. Colección ISIC-MASIN

Desafortunadamente James y sus hermanos pierden a su padre cuando ellos eran todavía niños, el hijo mayor con apenas 13 años. Fue este trágico acontecimiento, quizás, lo que definiría la personalidad de este futuro artista.

Un amigo cercano a él comenta que no hablaba con cualquiera, sin embargo, opina que lo interesante de su vida es que él se hace un hombre a sí mismo por la ausencia de una figura paterna. Tal vez para forjar de cierta manera su carácter, se introdujo durante su juventud al Pentatlón, destacando ahí tras haber realizado un recorrido a pie de Culiacán hasta Parral, Chihuahua.

Aunque cabe señalar que siempre contó con el apoyo de su padrino de bautizo e íntimo amigo de su padre, Silvino Silva Lozano, fundador y director del periódico Noroeste. 

En lo que todos concuerdan es que esa experiencia como pentatleta lo convirtió en una persona sumamente disciplinada y dedicada. Sin haber tenido una influencia directa por su gusto al arte en la niñez, su hermana considera que James ya lo traía dentro, porque cuando concursaba en algo él ganaba, le gustaba dibujar de todo, pero posteriormente transformó el arte, la pintura y el dibujo, en la electrografía. 

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ESE ERA JAMES

Eran los años setentas, en una ocasión James Key se encontraba en una ceremonia de premiación en el naciente Instituto Nacional de la Juventud Mexicana (INJUVE), en la ciudad de México, donde había participado y ganado con un proyecto relacionado con un programa de radio. Ese día tambien premiarían el pintor sinaloense Luis González Coronel.

Durante el evento, en presencia de autoridades federales y decenas de asistentes, se suponía que los ganadores iban a estar representados por los escudos de sus respectivos estados de la república a manera de decoración. De repente, los presentes ven como una persona comienza a escalar las estructuras del recinto donde se encontraban estas imágenes para bajar el que se suponía era el escudo de Sinaloa diseñado por el pintor Rolando Arjona.

“Él se trepa lo baja y dice, señores, este no es el escudo del estado de Sinaloa, ante la mirada atónica de los invitados…eso le ganó puntos en ese instante porque puso hasta en ridículo a los organizadores y funcionarios, a partir de ahí el obtiene becas en Estados Unidos y otros lugares”, comenta un amigo cercano.

Muchos que conocieron a James lo recuerdan por su carácter controversial, a veces efusivo y sumamente crítico, llegando a ocasionar desplantes en más de una ocasión en eventos públicos. Su hermana Clemencia justifica lo anterior porque lo consideraba una persona perfeccionista, que le gustaban las cosas bien hechas y cuando no era así le molestaba bastante.

Estas características tambien le generaron a lo largo de su vida señalamientos adversos en el ámbito cultural sinaloense, así como animadversión entre algunos de sus compañeros artistas.

Quien lidió de manera institucional durante varios años hasta su muerte fue el sociólogo Rolando González Valdez, director de la extinta Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional (DIFOCUR), entre 1999 y 2008, quien resalta su personalidad controversial.

Recuerda con humor como James en ocasiones le llegaba a reclamar porque no le contestaba de manera expedita o inmediata como él lo demandaba en relación a algunos requerimientos. Comenta que siempre era de los primeros en llegar en los tiempos de DIFOCUR por las razones que hubieran sido.

En la actualidad atesora como documentos históricos algunas de las cartas en tono de quejas culturales que James le hizo llegar en varias ocasiones a su vieja oficina:

“Estimado Rolando, siempre he aceptado que la verdad en cierto momento debe ceder. Sin embargo, no creo que está deba someterse a actitudes parciales y por consecuencia deshonestas. Tus funciones oficiales, creo que deben ser de mayor exigencia para la apertura del MASIN a los artistas sinaloenses. El tiempo me dará la razón”, le reprochaba a quien fuera la autoridad cultural durante esos años y señalando en esa misiva a la ex directora de ese museo, Rosa María Haas.

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James Key. Simbiosis II Fotografía-51 x 41 cm. Colección ISIC-MASIN

Al ex director de DIFOCIR, hoy ISIC, la figura de James no dejó de asombrarlo nunca. Remitiéndose a la obra del filósofo George Steiner, lo define como un personaje extraterritorial: su estancia en Massachusetts, en Cuenca, Corea, sus viajes por el mundo, dan prueba de ello; “él era un personaje extraterritorial que, por un lado, él necesitaba mostrarse en el mundo y para eso requería apoyo”.

“Batallaba para contemporizar con la comunidad artística sinaloense, buscaba interlocutores en otras parte del mundo, por ejemplo, la relación que estableció en Cuenca la mantuvo siempre y en Cuenca se le recuerda mucho según me dicen los amigos que tengo allá”, menciona.

Probablemente quien pueda entenderlo mejor como creador artístico es un contemporáneo suyo, con quien compartió espacios y veladas, tal es el caso del pintor y escultor navolatense Lopus Diarakato, quien lo recuerda por su carácter estruendoso, pero amigable. Hace memoria de como solía ser en ocasiones un tanto escandaloso, rompiendo el turrón en algunas exposiciones, diciendo cosas que pocas personas se atrevían a decir.

A pesar de ello, e independientemente de su temperamento voluble, lo resalta como amigo y como una persona agradable que siempre tenía la broma a flor de labio.

“Entre los artistas se da esto… no hay reglas específicas. Casi siempre nos regimos por una especie de anarquía en nuestras acciones y en nuestras palabras; con eso de que el arte está tan cerca de la libertad nos damos el lujo de ser sinceros, que es un lujo que no se da en la política y que no se da en otras áreas donde la sinceridad puede ser una causa de precaución”, manifiesta.

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Lopus identifica que muchas de las polémicas en las que se vio inmerso James Key tenían que ver al momento de defender puntos de vista personales, señala que no quitaba nunca la mano del renglón y sabía defender sus convicciones, por lo que su opinión era constante.

Entre pensamientos dispersos Lopus Diarakato analiza el contexto cultural de la localidad de ese tiempo, especialmente entre los creadores de su generación donde existía una especie de “club de elogios mutuos”.

“’No me ataques, habla bien de mí y yo hablo bien de ti y hay nos la vamos llevando’. Y ese es un problema muy grande porque no nos permite crecer, ni conocernos. Hay un gran temor de enfrentarnos a nosotros mismos en la crítica. Yo por ejemplo, soy un pintor satanizado como James Key también, yo manejo mucho la soledad, el retiro, porque he encontrado que entre los artistas no hay amigos, hay competidores”, expresa.

LA ELECTROGRAFÍA

Seguramente durante la estadía estudiantil de James en Harvard le tocó una época turbulenta relacionada a la cultura y el pensamiento. Eran años donde los filósofos académicos reflexionaban sobre si la humanidad debía superar la modernidad tras el fracaso de los grandes discursos, para brincar a un grado siguiente de la evolución: la posmodernidad.

En el mundo del arte, la posmodernidad implicó una autorreferencialidad entre los artistas, es decir, que el arte hablara solo de arte, sin pretender una labor social, enmarcando diversos movimientos donde muchas veces la idea era más importante que la obra de arte como objeto físico.

Sumado al contexto acelerado de descubrimientos científicos, el avance tecnológico y el  auspicio de herramientas electrónicas que vinieron a facilitar las tareas diarias de las personas, y sobre todo, la llegada del internet, la obra de James Key comenzó a expresar circunstancias que correspondían a su época.

James Key. La verdadera historia de Morfeo en los Estados Unidos, 2000. Electrografía / alfombra 100 x 92 cm. Colección ISIC-MASI

En ese sentido, la industria de las fotocopiadoras brindó un amplio apoyo a ciertos artistas para que trabajaran con ellas y este artista culiacanense se convirtió en uno de los pioneros de la vertiente del arte contemporáneo conocido como la electrografía en México, que en síntesis, significó la adhesión de las artes gráficas a las nuevas tecnologías.

De acuerdo al sitio oficial del Museo Internacional de Electrografía-Centro de Innovación en Arte y Nuevas Tecnologías (MIDECIANT), en la ciudad de Cuenca, España (donde actualmente se encuentran piezas expuestas de James Key), esta disciplina abarca todo aquel gesto generado mediante el uso de sistemas y tecnologías eléctricas y posteriormente digitales.

“Su obra se desarrollaba más que nada en la fotografía. Al principio manual, artesanal; con la llegada del internet se volvió un especialista en efectos, en fotografías maravillosas que hacía él usando todo el rigor de la máquina, en este caso el internet y otros accesorios electrónicos que le permitían hacer efectos maravillosos; eran fotos muy poéticas, muy fuertes, muy bien hechas y con rigor técnico”, describe Lopus Diarakato.

James Key. Sin título. Fotografía 27 x 42 cm. Colección ISIC-MASIN

“Inclusive ganó una foto con un estudio que tenía yo en La Sinaloa, Navolato, fue una vez y me hizo una serie de fotos magníficas. Y ahí me hizo una foto de unas torres que tenía yo como de Babel compuesta de huesos, un tanto fantástica y ganó un premio en Corea. Me regaló la foto por cierto”, recuerda.

Para Ronaldo González Valdez, también académico de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa, no cabe duda que si ha habido un artista contemporáneo con todas sus letras, originario de Culiacán, ese es James Key.

“Y otra característica, él practicaba la autorreflexibidad, como artista él se tenía asimismo como referencia y a su obra, pensaba mucho en eso, no solo sobre los temas, sino sobre el concepto y proceso creativo”, menciona.

Ronaldo González explica que a diferencia de muchos artistas contemporáneos, James era un artista que hablaba de su obra, opinando que esto tiene que ver en que la electrografía se mueve en una zona fronteriza, entre cierta técnica y el arte.

“De algún modo me intrigaba conocer qué tipo de cosas estaban llegando de otros lados, sobre todo en el caso de la electrografía que para mí era un absoluto signo de interrogación”, comenta.

Recuerda también que lejos de lo que se creía de él, si uno se interesaba por su obra, James siempre te hablaba de sus técnicas, de los soportes, de la fotografía, de la manera en que trabajaba con fotocopiadoras, de la manera que intervenía con la computadora y electrónicamente las fotografías, de la manera que lograba un equilibrio o desequilibrio cromático a partir de la intervención de la fotografía, etc.

James Key. Homenaje a mi tierra, 2004. Electrografía de alta resolución / papel plastificado 125 x 85 cm. Colección ISIC-MASIN

Derivado de esta otra pasión por la enseñanza y promoción cultural James Key tambien se convirtió en un prolífico conferencista, donde incluso llegó a ser investigador de la UNESCO, sin dejar nunca sus vínculos por Culiacán.

Por ejemplo, en 2003 tal y como se observa en El Sol de Sinaloa, el artista impartió una charla a estudiantes de diseño gráfico y fotografía titulada “Tras los bastidores del clik fotográfico”, en el Casino de la Cultura.

“Cuando vemos una fotografía bonita siempre pensamos que es por la buena cámara o equipo que posee el fotógrafo, o en la buena impresión, o en la calidad del papel, sin embargo, no pensamos en las condiciones extrafotográficas como lo es la persona que toma la foto, el fotógrafo es lo más importante en una fotografía y en la importancia que debe darse al fotógrafo estamos en pañales”, les exponía a jóvenes universitarios de Culiacán en esos años.

Si bien la personalidad del electrógrafo fue generando la impresión ya expuesta principalmente en ámbitos institucionales del estado y artistas mismos, su pasión por divulgar el gusto por el arte en general mostraba lo contrario.

En marzo de año 2005, la periodista Reyna Elena escribía de él a propósito de unas piezas suyas expuestas en el Museo de Arte de Sinaloa (MASIN) en ese tiempo:

“Particularmente, esa mañana James se veía muy bien, entre serio y formal por la ocasión, y había un brillo especial en sus ojos. Tan acostumbrado a verlo extrovertido, la mirada del fotógrafo tenía una sensibilidad especial, ¿una ternura?”, se escribía en el viejo suplente cultural MEDUSA.

Posteriormente la autora narra como James expresó a los presentes las exposiciones que había inaugurado por el mundo, pero ese día estaba a punto de llorar emocionado de que acudieran niños al museo.

“Luego los exhortó para que hagan lo que les gusta. Vale la pena, les dijo, ustedes van a llegar a ser grandes y el país entonces va a ser grande (…) Esa mañana en el Museo de Arte de Sinaloa, descubrimos a un James más humano, más cercano a las personas, más íntimo”, se lee en el impreso.

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EL LEGADO DE JAMES KEY

En el marco de conmemorar su natalicio, su hermana Clemencia Key trabaja por resaltar su legado, considerando que James y su obra ya han trascendido.

“Él dijo que uno de sus anhelos era trascender a través del arte y lo logró”, menciona.

Lamenta que muchas de las personas que lo conocieron, así como varios que incursionaron en el arte ya han muerto. La señora Clemencia opina que el trabajo de su hermano es para que una obra suya sea expuesta de manera permanente en Culiacán, como si las hay en otros museos del mundo.

“Aquí la que me ha tocado ver es una obra de él en el Tec de Culiacán, también le han hecho homenajes póstumos, pero es por un tiempo, luego las mueven. Me gustaría que fuera algo permanente de él, una obra, para que las nuevas generaciones se den cuenta de lo que él hizo, que no se pierda”, manifiesta.

Tras la muerte de James Key en 2006 algunas de las piezas del artista pasaron a ser resguardadas por su hermana, quien comparte que se ha visto tentada por transformar su casa en una galería y ella irse a rentar a otra parte.

“En las colonias se procura porque haya supermercados, plazas; pero de cultura que yo haya sabido no se nota la cultura, las personas tienen que asistir hasta el centro y hay personas que no les alcanza para eso. Qué bonito fuera que en un futuro se dedicara un espacio para que fuera como un museo y qué bien que se le pusiera el nombre de mi hermano”.

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