Derechos Humanos

Entrevista a Rafael Méndez: “Fui carne de cañón para justificar una guerra”

“Prisioneros del sistema” es un libro que relata la lucha del autor y su madre en contra de un sistema jurídico podrido

Hace poco más de trece años Rafael Méndez Valenzuela se encontraba buscando trabajo en la Ciudad de México. A los días se encontraba entre el Palacio Nacional y la Catedral metropolitana, esperando el encuentro de un contratista que le daría empleo en la construcción de una carretera en el Estado de México, entre Valle de Bravo y Toluca.

Cuando se encaminaban por carretera ya dentro de esa entidad la camioneta en que circulaban fue detenida por un retén de la policía municipal. Desafortunadamente lo que se suponía iba ser un chequeo preventivo de rutina se convirtió en 13 años de un encarcelamiento injustificado.

Las autoridades les señalaron que la unidad en que viajaban tenía reporte de robo y a los minutos Rafael ya estaba rodeado por agentes de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI) y elementos del Ejército.

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Vendado de los ojos y esposado de las manos los elementos de seguridad le preguntaban por “El perro”, por “El Bóxer”, un tal “Caballo”; empiezan las torturas y la violencia psicológica, lo trepan a un helicóptero y de repente ya estaba en las oficinas de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SIEDO).

Durante todo ese tiempo la víctima pasó un calvario por demostrar su inocencia, a ello se sumaron malas experiencias con abogados extorsionadores, jueces corruptos, audiencias donde las mentiras de los oficiales interrogados eran cínicas; tenía todo el sistema de impartición y procuración de justicia en su contra.

En ese transcurso pasaron tres administraciones federales, incluso Rafael ya había cumplido su sentencia y no fue hasta que su madre, Judith Valenzuela, expuso el caso frente al presidente López Obrador en su conferencia mañanera, que la situación comenzó a revertirse en beneficio de los dos.

Así pasaron los días, meses, años; Rafael llevaba un proceso lleno de trabas mientras compartía celda con integrantes del crimen organizado, capos, sicarios, narcomenudistas, secuestradores, pero también con muchas víctimas bajo las mismas condiciones que él. Aceptando un poco sus circunstancias comenzó a aprender los códigos de convivencia dentro del Centro Federal de Readaptación Social Número 1, “El Altiplano”.

Podría decirse que el mecanismo que encontró para no desprenderse de la realidad tras los excesivos niveles de estrés en los que estaba inmerso fue refugiarse en la escritura y la lectura.

Posteriormente, de todos esos años de plasmar sus emociones y frustraciones en apuntes, sus textos se convirtieron en un libro: “Prisioneros del sistema. Testimonio de un sobreviviente a la tortura y la injusticia carcelaria”, recientemente publicado por Random House.

Espejo tuvo la oportunidad de conversar con el autor, quien nos comentó que la idea es relatar su lucha y la de su madre de cara a un sistema de justicia anacrónico.

“A mí me detuvieron en un tiempo en que el gobierno de Felipe Calderón mantenía la llamada Guerra contra el narcotráfico; y en mi caso encarcelado inocentemente para justificar esa política con la presentación de números; supuestamente entre más agarraban significaba que estaban trabajando bien, pero también se llevaron entre las patas a mucha gente que en realidad no la debía ni la temía”, expresa.

Reitera que una figura clave en todo esto fue su madre y agradece que por ella es que en estos momentos se encuentra libre para contarlo: “Ella estuvo al pendiente del caso siempre, desde que caí siempre estuvo conmigo, yendo y viniendo de Culiacán a la CDMX”, comenta.

Judith Valenzuela es una periodista originaria de Culiacán, ejerció varios años en el semanario Río Doce, fue compañera de trabajo de Javier Valdez hasta el momento de su asesinato. Fue gracias a las amistades y contactos del gremio periodístico que comenzó a investigar la manera de plantarse frente al presidente Andrés Manuel López Obrador en su rueda de prensa matutina.

En paralelo la madre se acercaba con organismos internacionales de derechos humanos, la misma ONU, se hizo experta en el Protocolo de Estambul, un manual de investigación efectiva sobre tortura, castigos, tratamientos crueles, inhumanos o degradantes, todo esto apoyado por peritos externos al sistema judicial mexicano para documentar la tortura de la que fue víctima su hijo.

“La verdad si no se mueve nadie acá afuera, si no se tiene un conocido, si no se defiende por sí mismo ahí adentro, buscando en libros de leyes, etc., uno se queda estancado. En realidad están muy lentos los procesos de justicia en los juzgados, son muy ineficientes. No digo que todos los que lo integran, pero el sistema si es demasiado lento”, menciona Rafael.

“Si las personas no tuvieran los contactos para llegar al presidente entonces las otras personas cómo le van hacer para sacar a sus hijos u otros familiares, se van a quedar estancados siempre”, reprocha.

Por otro lado, Rafael nos comparte su proceso de escritura, la cual usó para encontrar fortaleza y a su vez refugio. Indica que comenzó con un diario el cual comenzó a los pocos meses de permanecer enclaustrado.

Aquello, comenta, fue como una especie de terapia para él, donde iba expresando todo lo que iba viviendo. Con los años fue llenando y acumulando libretas plasmando su amarga experiencia, los tratos, las humillaciones, los diálogos con sus compañeros, el letargo de todos los internos y cómo la televisión contenía toda aquella suma colectiva de rabia, injusticia y desesperación; analizaba como una cajita de esas canalizaba toda esa energía que de lo contrario podría convertirá en un motín.

“Todo está narrado exactamente cómo iban pasando las cosas, lo que sentía, lo que vivía, en libretas, tengo todas las libretas. De hecho, este libro se armó como con unas cuatro libretas y mi mamá fue mi editora”, explica.

La libreta se fue convirtiendo en su psicólogo, uno que no escuchaba pero que le daba la oportunidad de liberar toda su presión. Tenía que adaptarse de alguna manera a esa realidad: leer, escribir y hacer ejercicio.

Comparte también que dentro del penal había personas muy nobles, humildes, otros que como él no habían caído en conductas delictivas. Aunque también había quienes si habían caído en errores, pero que en algunos de ellos en el fondo veían personas buenas. Dice que no los justifica, pero descubrió que no los todos los que están dentro son malos.

“Quisiera agradecerle primordialmente al presidente por su intervención en mi caso, por ultimo a la editorial Random House por hacer realidad este libro, por confiar en mí y darme la oportunidad de dar a conocer un testimonio de vida, que es una de muchos jóvenes que fuimos carne de cañón para el gobierno mexicano con el objetivo de justificar una guerra”, resalta.

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Actualmente el libro ya se encuentra en venta en todas las librerías, pero su presentación oficial será el próximo 18 de agosto en la Librería México, en Culiacán. Al autor lo acompañarán como presentadores Patricia Figueroa y el periodista Alejandro Sicairos en punto de las 19:00 horas.

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