Ciudad

A Miriam estuvo a punto de llevársela el socavón dentro de su casa

La casa de Miriam ahora tiene un hoyo del tamaño de su recámara, unos 9 metros cuadrados en los que se asoma un arroyo con aguas cada vez que llueve

Por Valeria Estrada y Marcos Vizcarra

“De pronto sonó bien fuerte, pensé que eran esas bombas en las nubes para hacer llover y de pronto se abrió el suelo”, cuenta Miriam mientras abre la puerta que ahora tiene una leyenda escrita en la que se lee: “No entrar, sona de riego”. Fue escrita por su sobrino de apenas ocho años que la salvó antes de que se la llevara un arroyo debajo de la casa cuando fue por un albañil que trabajaba cerca para sacarla del hoyo.

Miriam limpiaba su recámara con el trapeador, pero debajo de ella se abrió un socavón del tamaño de su cuarto. Todo fue como un remolino, se empezó a ir por el hoyo y ella aunque trataba de escapar no podía. De no haber sido por un colchón que ahora reposa en una de las paredes de la sala, se habría ido por el arroyo que se ve a simple vista cuando llueve.

“Esta casa tiene 50 años y nunca le había pasado nada, hasta ahora que se abrió el socavón”, cuenta mientras se toma del brazo derecho, donde aún cuenta con moretones y raspones.

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Al fondo de su cuarto quedó un crucifijo colgado, un cuadro con fotografías viejas y el rastro de ladrillos carcomidos en la parte donde debería estar el suelo. Debajo solo se ve un hoyo con la luz del sol reflejada en el arroyo y un montón de escombro.

En la recámara de Miriam hay un socavón abierto. Fotografía: Marcos Vizcarra

La casa de Miriam está en la colonia Rafael Buelna, por la calle Fresno, sobre la calle 15 de septiembre. Abajo de esta pasa un arroyo que no había provocado más que el sonido del agua por debajo sin que les afectara por 50 años, pero el tiempo venció la estructura e hizo que se abriera el socavón.

Ahora fue la recámara, pero al ver el piso de la sala se puede observar cómo una parte se encuentra irregular, como si el suelo lo chupara hacia abajo.

“Ahorita estoy durmiendo en el sillón, pero cuando amanece me salgo al patio porque tengo miedo de que se abra también aquí”, relata esta mujer con razón, pues aunque esta casa ya aguantó 50 años, es posible que vuelva a suceder.

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Su cuarto ahora está cerrado, con una leyenda que advierte el riesgo, pero Miriam cree que en cualquier momento tendrá que poner esa leyenda en la puerta de entrada, pues no hay nadie que le haya diagnosticado el problema o alguna autoridad que le dé razón de lo que se pueda hacer con su vivienda y el arroyo que pasa debajo de esta.

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