Derechos Humanos

La niñez y adolescencia doblemente vulneradas ante los desplazamientos forzados

“Infancias amputadas, adolescencias en riesgo, niñez y violencia crónica en el noreste del país” es la investigación que retrata el escenario de desprotección al que se enfrentan las niñas, niños y adolescentes dentro de los contextos de desplazamiento forzado interno en la zona noreste de México (Chihuahua y Sinaloa) y en Honduras

Por: Alondra Angel Rodriguez / Zona Docs

Cifras de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), gracias a su monitoreo permanente, estiman que hay cerca de 400 mil personas desplazadas en México. Y de acuerdo con organismos de la sociedad civil, en 80% de los episodios documentados de desplazamiento durante 2020, se veía involucrados a niñas, niños y adolescentes, grupo poblacional fuertemente afectado por esta problemática.

“Hablar de niñez y adolescencia desplazada es importante en medida de que es la población más numerosa entre la población desplazada y muchas veces se nos olvida” explicó Séverine Durin, doctora en antropología y coordinadora del proyecto de investigación Infancias amputadas, adolescencias en riesgo, niñez y violencia crónica en el noreste del país. 

El desplazamiento ocurre cuando las personas se ven obligadas a huir para salvaguardar su vida e integridad debido a un conflicto armado y violaciones de derechos humanos; dejando su hogar de manera repentina.

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Estos eventos han existido en distintos momentos de la historia del país, aseguró Durin, principalmente en los armados, es decir, aquellos que involucran la militarización de la seguridad pública, como la Operación Cóndor, el levantamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) o la estrategia de combate al narcotráfico en el sexenio de Felipe Calderón.

Andrea Nomdedeu, de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, presente en la Mesa de Diálogo a la que nombraron Niñez, adolescencia y desplazamiento forzado en el norte, “el desplazamiento forzado es multicausal”, así como puede generarse por la violencia, también pueden ocasionarlo desastres naturales e, incluso, conflictos agrarios. Aunado a ello, advirtió, sus impactos son diferenciados para cada población.

En el caso de la niñez, esto supone una doble vulnerabilidad, ya que sus estructuras familiares se ven fragmentadas, son más propensos a sufrir explotación, recibir abusos, abandono o reclutamiento forzado, afirmó Nomdedeu. Además, determinados grupos de niñas, niños y adolescentes pueden estar en especial riesgo como la niñez no acompañada, huérfana, en situación de calle o con alguna discapacidad.

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 Séverine Durin y Andrea Nomdedeu.

La fragmentación de las familias explicó, influye en la experiencia que pueden tener en el desplazamiento las niñas, niños y adolescentes: las niñas pueden ser víctimas de agresiones sexuales, secuestros, matrimonios precoces y forzados. Por su parte los niños están expuestos a ser objeto de reclutamiento de grupos del crimen organizado, violencia o explotación:

“El desplazamiento interno afecta en todos los aspectos físicos mentales y sociales de la vida de un menor de edad y todas las medidas que se tomen deben de atender al interés superior de la niñez” agregó la representante del Alto Comisionado.

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En México, así como en la jurisprudencia internacional existen marcos específicos de protección a la niñez para salvaguardar su interés superior. Por ello, consideró que los gobiernos deben trabajar en su aplicación a través de enfoques participativos, que garanticen que se incluya a niñas niños y adolescentes en la planeación y gestión de soluciones duraderas.

El estudio “Infancias amputadas, adolescencias en riesgo, niñez y violencia crónica en el noreste del país”  fue presentado el pasado 6 de octubre en un panel organizado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología del Noroeste (CIESAS Noroeste) en conjunto con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). El documento plasma las vivencias de niñas, niños y adolescentes del noroeste de México (principalmente Sinaloa y Chihuahua) y Latinoamérica dentro de estos procesos de desplazamiento interno, a través de un análisis comparativo que identifica el impacto en sus vidas y cómo significan esta experiencia.

Esta investigación pudo identificar que la documentación que existe sobre la experiencia de desplazamiento en las infancias y adolescencias “no es común”, ya que tiende a mirarse sólo a la población adulta, aseguró Jessika Juárez, maestra en antropología, investigadora y colaboradora del proyecto.

“Huir es una decisión que tomaron los adultos para proteger a sus familias, por hechos victimizantes”.

Séverine explicó que es necesario que esta problemática se trate desde la antropología de la infancia, con la perspectiva de las niñas, niños y adolescentes, que se les pregunte cómo lo están pasando, y no a los adultos que, si bien, comenta Jessika, ellos son quienes toman la decisión de abandonar el lugar en donde viven, las infancias y adolescentes son capaces de comprender la situación y actuar ante ésta, ya que les compete y son sus derechos.

Agregó que pudieron notar que en ambos grupos de estudio (hondureños y de la zona noroeste de México) prevalece una tensión entre padres e hijos, ya que estos últimos se sienten infantilizados por el ocultamiento de la verdad del desplazamiento, así como porque “no se les toma en cuenta”. A la par, las infancias y adolescencias comienzan a tener su propio plan de desplazamiento.

Eventos violentos como la extorción, secuestros, homicidios o desaparición de familiares, presenciar violencia en espacios públicos y amenazas a periodistas y funcionarios, fueron los motivos de desplazamiento para las familias noroestenses; en el caso de las hondureñas se destaca el reclutamiento forzado, homicidio de un familiar, persecución política, amenaza de homicidio e intento de homicidio.

Además de estas problemáticas se encuentra la pobreza y vulnerabilidad de las comunidades, que viene de una violencia estructural y que es generadora de otras problemáticas.

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Por otro lado, Séverine Durin advirtió que, si bien, las poblaciones de clase baja altamente vulneradas son receptores directos de violencia en sus entornos, también se ha visto desplazamiento por personas tanto de clase media y clase alta por hostigamiento, amenazas y violencia.

En los procesos de desplazamiento se desarrollan también nuevos lazos sociales que benefician a las infancias, adolescencias y sus familias y se experimenta la reconfiguración de los roles familiares, esto suele suceder en los casos donde algún integrante de la familia falta, principalmente, cuando se trata de la madre o el padre, hijos o hijas deben suplir y ejercer su rol, concluyó Jessika Juárez.

Para Sibely Cañedo, periodista e investigadora en Sinaloa, esta problemática se acrecienta debido al abandono del Estado. Describió que existen comunidades que arrastran problemas estructurales, donde no sólo ha normalizado los hechos violentos, sino el desplazamiento forzado y sus consecuencias.

Preocupa, ya que, al encontrarse en entornos problemáticos normalizados, las niñas, niños y adolescentes consideran como una opción o “alternativa de vida” unirse a estos grupos delictivos que los usan como “cartuchos” para realizar sus trabajos, manifestó la periodista.

Séverine Durin comenta que las niñas, niños y adolescentes tienen afectaciones psicosociales muy severas debido a la pérdida de familiares, ansiedad ante la incertidumbre de llegar a un nuevo lugar, así como frustración. Los resultados del estudio también revelan que se enfrentan a problemas como la escolarización, el rechazo, el acoso y el aislamiento relacionado con el racismo.

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“Las violencias que desplazaron a las niñas y adolescentes familia no cesan con la huida, ya que a los lugares donde llegan siguen enfrentándose a las dificultades y a las violencias” afirmó Rafael Ortega, antropólogo e investigador.

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