Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Decoración a precio de extinción

La conservación de la naturaleza no es solo una tarea de regulación, ni de poner castigos severos. Se trata de esforzarnos por concientizarnos, por informarnos sobre las plantas que es cívica y ambientalmente correcto tener en casa y evitar aquellas cuya adquisición puede salirle caro al ecosistema.

A muchos de nosotros nos encanta tener plantas en nuestros hogares: los llenan de vida y de frescura, mejoran la calidad del aire y promueven la relajación. Usualmente, buscamos aquellas plantas que se adapten a nuestros espacios: la iluminación, la ventilación y, por supuesto, el tamaño del espacio a decorar. En ocasiones, incluso, buscamos plantas de temporada que permitan cimentar el espíritu: flores de cempasúchil alrededor del Día de Muertos y Nochebuenas para las fiestas decembrinas. Preguntamos sobre el riego o luz solar necesaria… pero olvidamos preguntar si la especie está en peligro de extinción o, en ocasiones, es ilegal.

Constantemente escuchamos sobre los animales en peligro de extinción, vemos sus imágenes y el potencial impacto de su desaparición, dejando de lado que este fenómeno también afecta a la flora, aunque sea menos notorio. Nos hemos acostumbrado a la enorme biodiversidad de nuestro México, que cuenta con más de 10 mil especies de plantas endémicas, pasando por alto que alrededor de una cuarta parte se consideran especies bajo amenaza, con un alto porcentaje de estas en peligro de extinción. Tan solo entre los cactus, el 31% de las especies se encuentran amenazadas de extinción.

Esta situación se debe en gran medida a la pérdida de ecosistemas ocasionada por el cambio climático y la indiscriminada actividad humana que destruye hábitats para expandir los campos agrícolas y los espacios urbanos. En menor medida, pero con gran impacto y cuya solución está al alcance de nuestras manos como sociedad civil: la extracción y comercio ilegal de plantas para decoración o colección sin detenernos a considerar el impacto ambiental de esto. Entre las principales amenazas para los cactus en peligro de extinción, el 47% se relaciona con el comercio ilegal de plantas vivas y semillas para coleccionistas privadas y la venta como plantas ornamentales y se estima un fenómeno similar para otras especies florales si bien no se cuentan con mediciones al respecto.

Legalmente, contamos con bases para proteger estas especies de plantas en peligro: en la Norma Oficial Mexicana NOM-059- SEMARNAT-2010 se pueden encontrar las especies amenazadas, así como la pena por su captura, extracción, acopio y comercialización. No obstante, aunque esto se encuentra bien establecido en papel, la realidad es muy diferente. ¿Cuántos hogares mexicanos no cuentan con la típica “pata de elefante”, palmas, cactus en forma de bola, bromelias, orquídeas exóticas o violetas? ¡Algunas de las variedades de estas especies se encuentran prohibidas debido a su inminente extinción! A pesar de esto, es común encontrarlas en viveros o mercados a precios bastante accesibles, como si se encontraran en abundancia en la naturaleza.

Las especies más exóticas, como algunos tipos de cactus que crecen en zonas alejadas de la civilización difíciles de vigilar por la autoridad, se venden a los coleccionistas prácticamente en el momento en el que son descubiertas, acelerando su extinción al ser arrancadas de su ecosistema a un ritmo mucho mayor del que les toma reponerse naturalmente.

En otros casos, es el desconocimiento lo que nos lleva a fomentar este tipo de prácticas, porque no conocemos el estado de la especie que queremos comprar ni toda la implicación que conlleva su comercialización. Vemos una hermosa “pata de elefante” y la adquirimos para decorar la sala sin considerar que, como nosotros, miles de mexicanos hacen lo mismo generando un daño irreparable a esa especie. De esta manera, tanto los coleccionistas de especies extravagantes como la población en general contribuimos a la extinción de la hermosa y diversa flora de México.

Parece inofensivo, pero la desaparición de una sola especie vegetal tiene un impacto enorme en el ecosistema, generando un efecto dominó que afecta en todos los ámbitos. En primer lugar, afecta a las especies de insectos y animales que se alimentan o interactúan con ella de alguna manera. En segundo, de mayor gravedad aun, se rompe con el esquema de captación de agua, producción de oxígeno, manejo de clima y hábitat de especies pequeñas, lo cual puede tener una reacción en cadena que resulta en la desaparición de otras especies. Adicionalmente, la ausencia de ciertas especies vegetales también se relaciona a un aumento de fenómenos naturales dañinos. Un ejemplo de esto son los manglares, que al desaparecer vuelven susceptibles a las playas de oleaje o golpes de huracanes más fuertes de lo que serían si aun contaran con esta especie.

La conservación de la naturaleza no es solo una tarea de regulación, ni de poner castigos severos. Se trata de esforzarnos por concientizarnos, por informarnos sobre las plantas que es cívica y ambientalmente correcto tener en casa y evitar aquellas cuya adquisición puede salirle caro al ecosistema. Para esto podemos apoyarnos en viveros socialmente responsables e informarnos más sobre la diversidad vegetal de nuestro país. Las plantas son hermosas y tenerlas en casa tiene muchos beneficios, hagámoslo de tal forma que el precio de nuestra decoración no sea la extinción.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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