Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Defensa planetaria: de la pantalla grande a la realidad

Es esencial no perder de vista que, mientras volteamos hacia el cielo, no olvidemos voltear hacia nuestro alrededor y resolver con el mismo ahínco e ímpetu las situaciones que amenazan el bienestar de la humanidad en el aquí y el ahora

Entre los múltiples e ingeniosos escenarios que hemos creado en nuestra historia como humanidad para especular sobre el fin de la vida en la Tierra, se observa de manera recurrente aquel en el que un meteorito impacta contra su superficie destruyendo de manera efectiva. Esta posibilidad podría ser aterradora para muchos porque, por un lado, nos recuerda lo inmensamente pequeños que somos en el universo y la fragilidad de nuestra existencia y, por el otro, se especula que los meteoritos han sido responsables de algunas de extinciones masivas en distintas eras. No obstante, temerles en lo individual es poco fructífero, además de que, conforme más sabemos de la materia que cae del espacio, más herramientas tenemos para entender e incluso, combatirlo.

La cultura pop nos lleva a pensar que la caída de meteoros es algo altamente impactante e inusual, que requiere de enormes movilizaciones para impedir que acabe con la vida como la conocemos. Sin embargo, la realidad es que meteoritos impacten nuestro planeta es mucho más común de lo que pensamos, pues se estima que alrededor de 17 mil meteoros de diversas composiciones caen a la Tierra anualmente, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Manchester y el Imperial College de Londres. Si bien el trayecto de los meteoros una vez que entran a nuestra atmósfera y hasta su impacto es fugaz, las nuevas tecnologías e innovaciones astronómicas han permitido monitorear cada vez mejor este fenómeno.

El avance ha sido tal, que se estima que, en promedio, cada año recibimos 16 toneladas de rocas o desechos del espacio y que suelen caer en el océano o en espacios donde es difícil recuperarlos. Actualmente, también sabemos que, aunque los polos tienen 65% menos de probabilidad de recibir impactos que el resto del planeta, también suele ser donde es más sencillo encontrarlos preservados para estudiarlos. Gracias a ello, hemos aprendido que la gran mayoría de los objetos que caen del espacio son bastante pequeños y en su mayoría inofensivos para la vida en la Tierra, de entre 50 gramos y 10 kilogramos. Claro, un proyectil de 10kgs que desciende en llamas a toda velocidad contra una casa o un sembradío puede causar daños considerables, sin llegar a alterar la vida en la Tierra.

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Además del material que puede entrar a nuestro planeta e impactar, se encuentra también el riesgo de colisionar contra un asteroide, un elemento narrativo que se ha utilizado en distintas películas. En 1998, la película de Armageddon recordó al mundo de esta posibilidad, mostrando además algunas conjeturas de estrategias para evitar el cataclismo cuando científicos de la película descubren un asteroide del tamaño de Texas listo para chocar con la Tierra en poco menos de tres semanas. Recientemente, la película de “No mires arriba” muestra un planteamiento similar, pero ahora en un mundo totalmente apático que prefiere politizar la tragedia y volverla una discusión en redes sociales que tomar acciones para salvar a la humanidad.

En la vida real, para que un asteroide o meteoro sea realmente peligroso para nuestro planeta, debe ser de un tamaño considerable, lo que lo volvería fácilmente detectable con monitoreo oportuno. Por ello, la Agencia Espacial Estadounidense descarta un choque de esa magnitud en los próximos cien años, sin embargo, ha comenzado programas de defensa planetaria para explorar el alcance de la tecnología con la que actualmente contamos y las áreas de oportunidad para combatir esta amenaza si llegara a darse en el mediano plazo. 

Como parte de dicha estrategia, fue lanzada en noviembre del año pasado la misión DART; una nave espacial no tripulada de 500 kilogramos cuya única misión es desviar la trayectoria de un meteoro. A diferencia de lo mostrado en las películas, los científicos priorizan modificar el curso del asteroide y no destruirlo, dado que la última podría terminar perjudicando a la Tierra al generar rocas de tamaño considerable que podrían caer hacia nosotros. El 27 de septiembre de 2022, la primera parte de la misión, lograr la colisión con el astro, fue declarada un éxito cuando la nave logró estrellarse exitosamente a toda velocidad, 6.4 kilómetros por segundo, contra un asteroide a 11 millones de kilómetros de la Tierra. Ahora, queda esperar unos días para conocer si realmente logró modificar la trayectoria de Dimorphos, de 160 kms de diámetro.

Es impresionante lo que hemos logrado en las últimas décadas y cómo comenzamos a incursionar en una realidad más surreal que las películas futuristas del siglo pasado. Los proyectos de defensa planetaria han comenzado y, con ello, planes de prevención hacia el futuro.

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Ahora es esencial no perder de vista que, mientras volteamos hacia el cielo preguntándonos qué habrá más allá y nos protegemos de potenciales amenazas, no olvidemos voltear hacia nuestro alrededor y resolver con el mismo ahínco e ímpetu las situaciones que amenazan el bienestar de la humanidad en el aquí y el ahora.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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