Reflexiones

Malú Morales

El Sueño del Celta

Mario Vargas Llosa, nos presenta una novela perfectamente bien documentada sobre la explotación en África y en América en contra de los esclavos del caucho

Existen escritores que no necesitan presentación. Caso muy notable es Mario Vargas Llosa (1936) escritor Peruano de controvertidas novelas, obras de teatro y lúcidos ensayos. Polémico en sus declaraciones; merecedor de prestigiados galardones entre el que figura el Premio Nobel de Literatura 2010.

Su reciente novela EL SUEÑO DEL CELTA, se desarrolla en los años 1864-1916. Relata la vida del Irlandés Roger Casement, diplomático, militante activo de causas como la independencia de Irlanda y su lucha y denuncia sobre los abusos del sistema colonial en el Congo y posteriormente en la Amazonia. Humanista admirado y denostado en su época.

Roger Casement se encuentra en una cárcel de Londres, a mediados del año 1916,  acusado de alta traición por los británicos, así como de conducta inmoral, debido a su homosexualidad. Está a la espera  del indulto que le ha de salvar de ser condenado a la horca. Durante las horas muertas de incomunicación en su celda, el prisionero hace un recuento sobre los 23 años que vivió en el Congo que gobernaba el rey Leopoldo II de Bélgica. El soberano era dueño de inmensas extensiones de tierra y, sobre todo, de las vidas de los congoleses a quienes sus capataces controlaban con brutalidad, para la recolección del caucho tan codiciado a finales del siglo XIX.  Harto del horror inhumano con que eran tratados los esclavos, siempre con la piel hecha tiras por los latigazos; obligados a trabajar sin descanso y sin pago para extraer el caucho, tenían que abandonar sus sembradíos, sus rituales religiosos, la pesca y sus familias para la recolección. Algunos que se atrevían a desobedecer eran testigos de cómo sus familias eran capturadas como rehenes. El Irlandés cobró fama de amigo de los negros, lo que despertó hostilidades en su contra con argumentos sobre las costumbres  de los esclavos, entre otras, el canibalismo y el ahogamiento de los hijos que nacían con algún defecto físico.

Había sido contratado para supervisar el trato que se les daba a los esclavos. Cansado de ver cómo sus informes no eran suficientes para cambiar el castigo hacia los hombres de color, buscó la manera de trabajar para los ingleses, tomando oficialmente residencia como Cónsul de Gran Bretaña, en ese entonces, aliada con Bélgica. Tras su amarga experiencia de casi dos décadas, en las que sufrió fiebres que lo mantuvieron moribundo en más de una ocasión. Escribió un informe que causó revuelo en Londres porque ponía al descubierto  la oscuridad del alma humana en el trato a los explotados. Sin embargo, su trabajo fue muy apreciado por los ingleses, al grado de otorgarle el nombramiento de Sir de la corona. Debido a su experiencia, fue enviado a la Amazonia en donde también se explotaba el caucho como si fuera oro negro, con el fin de investigar sobre el comportamiento  hacia los indígenas.  Casement, se encontró con la misma bestialidad con que se trataba a los congoleses. Veía horrorizado cómo  los indios, bajo el taparrabos ostentaban en la piel la marca de la compañía que los controlaba y cómo eran colgados de los frondosos árboles si no se sometían.  El nombrado Sir, indignado en contra del gran país que tanto admiraba, pero que parecía ignorar a los opresores de los indios, se volvió en contra del Reino Unido, abrazando otra causa que había estado contemplando durante su agotadora labor: Resurgió el amor por su patria, Irlanda. Abandonó sus servicios hacia Inglaterra decidido a buscar apoyo en otros países para formar batallones en defensa del nacionalismo Irlandés. En plena primera guerra mundial, buscó apoyo con los alemanes solicitando que separaran y permitieran a los reos irlandeses en poder de los berlineses, a fin de prepararlos para formar un pequeño ejército para luchar por su país. La falta de interés de los alemanes y de los propios presos,  le llevó a participar, por su cuenta,  en un levantamiento rebelde para independizar a su patria. Inglaterra, se sintió traicionada por quien tanto había admirado. Así fue como denunciaron a Roger Casement por traición.

En su pequeña celda, trataba de evadir sus temores hacia un fin que parecía inminente. Soñaba con los jóvenes que había amado, algunos lo habían  traicionado, otros sólo habían sido amores ocasionales; todo  ello lo registraba en un diario en el que volcaba sus apasionados encuentros. (El autor de esta novela, revela  que posiblemente esos diarios sean  de veracidad dudosa) Esos registros se volcaron en su contra, agravando la situación del reo que fue condenado a la horca.

Una mañana de agosto de 1916, el irlandés Roger Casement, héroe y villano, traidor y libertario, moral e inmoral, su figura múltiple se apaga y renace tras su muerte.  Contraportada de la edición  de Alfaguara.

Tal y como nos tiene acostumbrados, Mario Vargas Llosa, nos presenta una novela perfectamente bien documentada sobre la explotación en África y en América en contra de los esclavos del caucho; lo que representa un genocidio, brillantemente investigado por una de las plumas más experimentadas de Latinoamérica.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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