Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Geografía del hambre y la inseguridad alimentaria

Sinaloa, con 24.7 por ciento, ocupa la posición 7 en el ranking de las entidades federativas con mayor porcentaje de su población con inseguridad alimentaria.

Por municipios, se observa que casi en la mitad de ellos, la cuarta parte de su población padece de inseguridad alimentaria.

De acuerdo con el GLOBAL REPORT ON FOOD CRISES (GRFC 2020), elaborado por la Red de Seguridad Alimentaria en la que participan la ONU, la FAO y la Unicef, en 2019, 135 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria extrema (se presenta cuando la incapacidad de una persona para consumir alimentos adecuados pone en peligro inmediato su vida o sus medios de subsistencia) en 55 países. Pero hubo otros 183 millones de personas que ya estaban al borde del hambre aguda en 2019 y que como consecuencia de la crisis provocada por el covid-19, pasarían a aumentar las cifras del hambre hasta llegar a 265 millones de personas en este 2020.  

Según el estudio, revela el diario EL PAÍS, Yemen, República Democrática del Congo y Afganistán son los países con mayor cantidad de población necesitada de ayuda para sobrevivir a causa del hambre y la desnutrición, ya que en esos países se concentran 48.2 millones de personas en tal condición, cifra que representa el 32 por ciento de las personas con hambre aguda en el mundo. De hecho, África es la región que acumula el mayor número de personas en situación de hambre aguda, con 73 millones que representan más de la mitad (54.1%) de la población mundial en esta situación, le sigue la región de Medio Oriente y Asia con 43 millones, América Latina y el Caribe con 18.5 millones y, Europa con 0.5 millones de personas. En América Latina y el Caribe, Venezuela ocupa el primer lugar en inseguridad alimentaria extrema (cuarto lugar en el mundo) con 9.3 millones de personas en esta situación, seguida por Haití (3.7 millones de personas) y Guatemala (3.1 millones de personas).

En el mundo, si no se consideran solo los casos de inseguridad alimentaria extrema, sino la cantidad de personas que de alguna manera sufren de hambre y desnutrición, los números son todavía más altos, ya que para África la cifra es de 256.1 millones de personas, 513.9 millones en Medio Oriente y Asia y, 42.5 millones de personas en América Latina y el Caribe. Tan solo en México, de acuerdo con el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social CONEVAL, en el 2018 había 25.5 millones de personas con carencia de acceso a la alimentación, en cualquiera de sus tres grados de inseguridad alimentaria, bajo, moderado y severo. Para ubicar a la población mexicana en condición de inseguridad alimentaria, se toman en cuenta los resultados de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares, en donde se plantean seis reactivos para determinar el grado de inseguridad alimentaria de las personas. Se pregunta, si en los hogares las personas tuvieron una alimentación basada en muy poca variedad de alimentos; dejaron de desayunar, comer o cenar; comieron menos de lo que piensa debía comer; se quedaron sin comida; sintieron hambre, pero no comieron y; comieron una vez al día o dejaron de comer todo un día.

Los datos del CONEVAL señalan que desde la última medición (2016), en México el número de personas con carencia alimentaria aumentó en aproximadamente un millón, 1.2 millones de personas más con carencias en alimentación, si la cifra la comparamos con el 2008. Por su parte, el porcentaje de hogares con personas que padecen hambre en alguna de sus modalidades aumentó en 0.3 puntos porcentuales del 2016 al 2018 y la evolución del indicador muestra que en los últimos 10 años no se han presentado reducciones significativas en el porcentaje de personas que viven en estas condiciones en el país. En el año 2008 el porcentaje era de 21.7 por ciento, en el 2010 fue de 24.8, llegó a 20.1 en el 2016 y aumentó en el 2018, cuando la cifra fue de 20.4 por ciento, que equivale a 25.5 millones de personas.

Por entidades federativas, como sucede en el caso de la pobreza, la distribución del hambre en el plano nacional es desigual. Se aprecia que hay siete entidades, incluida Sinaloa, en donde la carencia de acceso a la alimentación abarca a la cuarta parte de su población. Los casos extremos corresponden a Tabasco (46.8%), Guerrero (35.6%), Oaxaca (27.9%), Campeche (27.4%) y Veracruz (27%), pero muy cerca les siguen Morelos (24.6%) y Sinaloa (24.5%).  

Se observa también que algunos estados concentran el mayor número de personas con carencia en alimentación en el país. Son los casos del Estado de México en donde viven 3.5 millones de personas en esa condición y Veracruz con 2.2 millones de personas. Sus poblaciones con inseguridad alimentaria representan casi la cuarta parte de la población en esa condición en el país. Si adicionalmente consideramos a Puebla, Guerrero, Jalisco, Guanajuato, Chiapas y la CDMX, tenemos que 8 entidades concentran la mitad de la población con carencia en alimentación, con una población aproximada de 13.3 millones de personas padeciendo hambre.

Sinaloa, con 24.7 por ciento, ocupa la posición 7 en el ranking de las entidades federativas con mayor porcentaje de su población con inseguridad alimentaria. Para el 2018, se trata de 752 mil personas en esa condición, aportando el 2.9 por ciento al total nacional y ocupando en este renglón la doceava posición. En términos porcentuales, el cambio fue de 1.8 entre el 2016 y el 2018, que significa 65.8 miles de personas más con carencia por acceso a la alimentación. El aumento es mayor si la cifra del 2018 se compara con el 2008, ya que el incremento de personas en esta condición es de 116 mil personas.

Por municipios de Sinaloa, se observa que casi en la mitad de ellos, la cuarta parte de su población padece de inseguridad alimentaria. Los casos extremos son los de Navolato con 34.3 y Choix con 31.4 por ciento. Sin embargo, la mayor concentración de personas con carencia por acceso a la alimentación se encuentra en los municipios grandes y “ricos” de la entidad. En Culiacán se encuentra más de la cuarta parte de personas con esta carencia social (27.1%) y, junto con Mazatlán, suman cerca del 45 por ciento. Más aún, 8 de cada 10 sinaloenses que padecen de hambre o que no tienen acceso a una dieta adecuada y suficiente, viven en Culiacán, Mazatlán, Ahome, Guasave o Navolato.

El peor escenario que puede provocar la carencia de acceso a la alimentación es que esta derive en un deceso, sobre todo de niños menores de 15 años. En México, de acuerdo con el INEGI, en los últimos cinco años han muerto entre 7 mil 500 y 8 mil personas al año por desnutrición, una cifra cercana a las 23 personas por día. Del 2013 al 2018, Veracruz, Oaxaca, el Estado de México, Puebla y Jalisco, son los estados que más aportan a estas cifras. En ellos se presentan 4 de cada 10 defunciones por desnutrición.

Las cifras revelan que las políticas públicas y los programas implementados en los últimos años para erradicar la pobreza alimentaria y la desnutrición constituyeron un rotundo fracaso. Tan solo en la llamada Cruzada contra el Hambre implementada en el sexenio anterior, se reconoce haber gastado poco más de 8 mil millones de pesos, que según el diario Expansión Política equivaldría a que cada uno de los destinatarios hubiera recibido 834 mil pesos.

En un recuento de los resultados de la implementación de dicho Programa, Milenio reveló que entre 2014 y 2015 les fue mal a prácticamente cuatro de cada diez municipios donde se aplicó ese programa, ya que las muertes por desnutrición subieron en el 38 por ciento de los municipios y en el 17 por ciento permanecieron igual. Entre 2015 y 2016 las cosas empeoraron, ya que las muertes por desnutrición subieron en 185 municipios, el 42 por ciento de los atendidos por la Cruzada, y en el 14 por ciento permanecieron igual. Finalmente, entre 2016 y 2017 las muertes por desnutrición bajaron en 204 municipios, 46 por ciento, pero en el 54 por ciento subieron o se mantuvieron igual.

Lo que sin duda es más preocupante saber, es que la mayoría de los muertos eran ancianos (77.8%), que la mayoría de la gente muerta carecía de educación académica (39%) y que otro sector vulnerable afectado por muertes por desnutrición es el de los niños menores de 12 años, que representó el 2 por ciento del total. Lastima saber que la gente murió por hambre, ya que el 84.3 por ciento de quienes murieron en los municipios en donde se implementó la Cruzada fue por desnutrición proteico-calórica. Es decir, personas sin las suficientes proteínas y calorías en su cuerpo. Además, murieron por diabetes mellitus asociada con desnutrición, el 7.8 por ciento y, por anemia por deficiencia de proteínas, el 4.3 por ciento.

Para enfrentar la pobreza y mejorar los indicadores de carencia social, el nuevo gobierno ha puesto en operación un conjunto de nuevos programas, entre los que destacan: Programa Nacional de Becas para el Bienestar Benito Juárez, Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, Programa Jóvenes Escribiendo el Futuro de Educación Superior, Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, Programa pensión para el bienestar de las personas con discapacidad, Programa Sembrando Vida y,  las Tandas del Bienestar.

Serán las futuras evaluaciones de la política social las que aporten la evidencia para saber si estos Programas han resultado exitosos, la esperanza es que así sea para con ello erradicar el hambre y bajar significativamente las cifras de malnutrición, reduciendo así las vergonzosas cifras de enfermedades y defunciones por estas causas. Se trata sin duda de una tarea que requiere de un tratamiento integral que tiene que ver con atender, entre otras cosas, el sistema de salud y la falta de empleos bien remunerados que afecta a millones de mexicanos. Es también, una obra que exige, para que cumpla con su cometido, de su tratamiento desde los ámbitos regionales y locales, desde donde pueden y deben impulsarse iniciativas de desarrollo local y de economía social.

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