Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

Las narcolimosnas

“Si un narcotraficante da una limosna, es porque es creyente, persona de buena fe, por tanto, ese dinero al entrar a la iglesia se purifica porque sirve para aliviar el dolor y la angustia de gente que sufre”.

Don Ramón Godinez Flores, obispo de Aguascalientes, hace algunos meses armó un escándalo con una declaración que sorprendió a católicos y no católicos, se alarmaron cuando dijo: –Si un narcotraficante da una limosna, es porque es creyente, persona de buena fe, por tanto, ese dinero al entrar a la iglesia se purifica porque sirve para aliviar el dolor y la angustia de gente que sufre. Para afirmar su teología, el señor Obispo recordó un pasaje de la vida de Cristo cuando una mujer le hizo un homenaje perfumándole los pies con un perfume caro. Él, no le preguntó a la mujer de donde sacó el perfume, simplemente aceptó el homenaje, afirmó el prelado.

Por cierto, si usted lee El Evangelio según Jesucristo del afamado premio nobel José Saramago, es posible que descubra quien fue aquella mujer; incluso de donde sacó el dinero para comprar el perfume.

Desde que Jesucristo sacó a los fariseos del templo donde se veneraba a  Dios todopoderoso, porque ahí comerciaban y también realizaban ofrendas paganas, como el sacrificio de animales.    Quedó claro, que los dineros mal ávidos y los rituales de sectas ocultas, están fuera de la aceptación cristiana, sin embargo…

Capilla de Malverde en Culiacán.

Poco antes de morir don Eligio González León, el que fuera fiel guardián de la capilla de Malverde, y que además administraba y utilizaba los dineros de las limosnas que ahí se recolectaban, para beneficiar a la gente necesitada, esto es suministrándoles sillas de ruedas, despensas, ropa, en fin. En una ocasión un reportero supo, de buena fuente, según dijo, que algunos de los que visitaban la capilla eran narcotraficantes, y sin más preámbulos le preguntó a don Eligio. -¿Señor González, es cierto que algunos de los que visitan la capilla de Malverde, son narcos? La respuesta fue esta: -No lo sé, aquí viene gente de toda, y yo no tengo porqué preguntarles a qué se dedican? Respuesta contundente que acotó la aclaración de otras posibles preguntas; como la realizada al Obispo Godinez Flores.

En relación al tema, muchas historias se han tejido al paso de los tiempos, aquí en nuestra ciudad existe una, y mucha gente la comenta allá por el rumbo de la colonia Mazatlán.

Él era un agricultor-ganadero, dicen que porque sembraba marihuana, y era un ganadero de dólares que no veas. Ella, chica de barrio, agraciada, jovial y muy católica. Cuando él se le declaró, ella, que sabía de la fama de Humberto Ojeda Barraza, alias el Roba chivas, que además de narco era jugador y parrandero, le puso como condición para aceptarlo, que debía  acompañarla a misa todos los domingos. Él aceptó, faltaba más.

En uno de aquellos domingos, estando la pareja  en la iglesia de nuestra Señora del Refugio, ubicada por cierto, en lo más alto de la colonia, en el preciso instante en que el padre Nicolás empezaba el sermón, se soltó un chubasco que al azotar sobre el techo de lámina galvanizada de la iglesia, el ruido no permitió escuchar el sermón del señor cura. Ella, que por cierto se llamaba Feliciana, al salir de la misa le hizo saber a su novio de una congoja; –Amor, la iglesia es vieja y con ese techo de lámina, por la resolana se calienta tanto que parece horno,  y la lluvia, ya te diste cuenta; no deja oír.

El Robachivas, era hombre de acción, y no se andaba por las ramas a la hora de tomar decisiones, por eso, al día siguiente, se presentó ante el padre Nicolás. ¿Qué palabras se cruzaron entre personajes tan singulares? No se sabe, y ni se sabrá; lo cierto es que a los días, los vecinos de la iglesia se quedaron sorprendidos por la presencia de gigantescas maquinas que en un dos por tres, tumbaron la iglesia, incluyendo la casa parroquial, todo mundo quería saber que pasaba, buscaban al padre Nicolás para que explicara, pero de él, nada.  Ingenieros, arquitectos, albañiles, peones, buldozers, excavadoras,  moto-conformadoras, vibro-compactos, etcétera, formaron un laborioso enjambre que en apenas tres meses construyeron la iglesia; los mármoles y maderas importadas, la dejaron elegante por dentro, y por fuera resaltaba su belleza en un ambiente de calles limpias, con banquetas y árboles nuevos; su benefactor, también mandó pavimentar las calles adyacentes.

El padre Nicolás y sus feligreses festejaron orgullosos la obra, y claro, manifestaron su eterno agradecimiento al ahora legendario Humberto Ojeda Barraza, más popular por su mote de El Robachivas. Los principales protagonistas de esta historia ya no están en este mundo, pero han dejado en claro, que las palabras del señor Obispo de Aguascalientes, algo tienen de razón.

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