Reflexiones

Dr. Jorge Rafael Figueroa Elenes

Para impulsar Sinaloa, la Ley de Planeación para el Desarrollo del Estado de Sinaloa y sus Municipios… y un nuevo CODESIN

Se trata de diseñar el futuro de la economía y de la sociedad sinaloense con una planeación que vea más allá del corto plazo.

El pasado 12 de octubre, el Colegio de Economistas del Estado de Sinaloa, el Centro Empresarial de Sinaloa y la asociación Iniciativa Sinaloa, presentaron a la LXIV Legislatura del H. Congreso del Estado de Sinaloa, una solicitud para la ratificación de la iniciativa ciudadana Ley de Planeación para el Desarrollo del Estado de Sinaloa y sus Municipios, cuya entrega original se hizo el 30 de junio de 2020.

Firmaron la solicitud de ratificación, Leobardo Diez Martínez Guzmán presidente del Colegio de Economistas, Guillermo Gastelum Bon Bustamante presidente del Centro Empresarial y Marlene Angélica León Fontes directora de Iniciativa Sinaloa.

A propósito de esta solicitud, les comparto enseguida un conjunto de argumentos y reflexiones sobre la estructura y dinámica de la economía sinaloense en los últimos años, que explican la importancia de esta iniciativa en tanto busca revertir y superar el estancamiento de los principales indicadores económicos, mejorar los niveles de competitividad de la entidad y consolidar una perspectiva de largo plazo para alcanzar un crecimiento y un desarrollo sostenidos.

Por el tamaño de su PIB, con datos del 2019 (el último año para el que se tiene información), somos la economía 17 en el país. Si consideramos el tamaño de las poblaciones en cada territorio obtenemos el llamado PIB per cápita (el ingreso por habitante) y en este ranking nos ubicamos en el puesto 18 en el conjunto de las economías regionales. Nos encontramos por debajo del promedio nacional y muy lejos de los líderes nacionales, que son, Campeche, la CDMX, Nuevo León y Baja California Sur. Para dimensionar, el ingreso per cápita en esas entidades es hasta cuatro veces más grande que el nuestro.

En los últimos 16 años (2003-2019), la economía sinaloense creció 2.1 por ciento (promedio anual), un poco más que la media nacional, ocupando sin embargo en el ámbito nacional la posición 18, por lo que puede considerarse una entidad de bajo crecimiento.

A través del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), podemos observar el desempeño reciente de la economía sinaloense. Las cifras evidencian nuestra vulnerabilidad, ya que, en el año de la pandemia (2020), a tasas anuales, el crecimiento promedio muestra una caída de -7.3 por ciento ubicándonos en el puesto 15 en el ámbito nacional, mientras a tasas trimestrales, la caída fue de -0.2 por ciento y ocupamos el puesto 17 en el país. Si observamos el crecimiento hacia finales del 2020 y principios del 2021 para las entidades federativas del país, encontramos que Sinaloa con una variación promedio de 5.8 por ciento se ubica en la posición 19, debajo de la media nacional y en el grupo de entidades con lenta recuperación.

Los datos muestran que la economía sinaloense suele ubicarse, en el mejor de los casos, en una preocupante medianía, sin despegar y sin dar muestras de que exista una estrategia que permita mejorar el nivel y la dinámica de crecimiento que le ha caracterizado en al menos los últimos cuarenta años. Creo que esta situación se explica por la presencia de problemas estructurales y la carencia de una estrategia de crecimiento y desarrollo que haya trascendido los gobiernos sexenales.

Por eso, a través de la Ley de Planeación para el Desarrollo, podremos institucionalizar el crecimiento económico para promover el desarrollo, para lo que requerimos del diseño de normas que tracen la obligatoriedad al seguimiento de las directrices centrales en materia económica, para que así nadie tenga posibilidad de desviarse de ellas. Solo así se conseguirá en Sinaloa sentar las bases para un proceso de crecimiento y desarrollo sostenido, con una economía más diversificada y con actividades productivas de mayor complejidad y dinamismo, que permita escalar a mayores niveles de ingreso per cápita y de mayor bienestar social para la población sinaloense. 

Se trata de diseñar el futuro de la economía y de la sociedad sinaloense con una planeación que vea más allá del corto plazo. Para la concreción de esta aspiración, creo que también es necesario modificar la estructura y el funcionamiento del Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa (CODESIN).

El CODESIN es un espacio de colaboración público-privada, integrado por empresarios y funcionarios públicos, cuyo objetivo principal es influir en políticas públicas para la competitividad y el desarrollo económico de Sinaloa. Se creó por decreto en 1996 y se sustenta jurídicamente en la Ley de Fomento a la Inversión para el Desarrollo Económico del Estado de Sinaloa, publicada en 1997, en donde se reconoce como un organismo mixto que entre otros objetivos tiene proponer un proyecto económico de largo plazo para el Estado, la planeación estratégica que los sustente, los mecanismos de medición de avance y la difusión que de estos conceptos debe realizarse. El CODESIN dice contribuir a crear las condiciones para atraer y retener inversiones, que es una de las formas más reconocidas para generar empleos. Crear las condiciones tiene que ver con la construcción de una plataforma competitiva, la planeación del desarrollo y con la institucionalización de un proceso de promoción que garantice al Estado la continuidad y la visión de largo plazo.

Pero a pesar de la declaración de objetivos del CODESIN, Sinaloa muestra, en relación con las entidades con mayor crecimiento, desarrollo y bienestar, un evidente rezago estructural que se manifiesta, entre otros indicadores, en la baja participación del PIB en los llamados sectores de alto crecimiento (lugar 23 en el país), la escasa diversificación económica (lugar 17), la poca complejidad económica de nuestras actividades productivas en sectores de innovación (lugar 26), nuestra pobre participación en el conjunto de las exportaciones nacionales (apenas 0.7% y el lugar 19 en el país), la muy baja participación de las exportaciones en el PIBE (lugar 27) y, la también muy baja participación de Sinaloa en el total de la Inversión Extranjera Directa (IED) recibida por el país en los últimos 20 años (apenas 1.1% y lugar 20 en el país). 

Mientras en otras entidades federativas se observa una estructura productiva equilibrada, en Sinaloa las actividades productivas de la entidad se han concentrado en el sector terciario y, en el ámbito nacional, solo tenemos una presencia relevante en el PIB del sector primario.

En la estructura productiva de Sinaloa tienen un papel preponderante las actividades primarias y terciarias y, una participación marginal las actividades secundarias.

La evidencia empírica muestra que el tamaño de las actividades manufactureras (que forman parte de las actividades secundarias) en el PIBE, explica en buena medida, en las entidades federativas, la presencia de un mayor PIB per cápita y una mayor dinámica de crecimiento. Aquí hay mucho por hacer, ya que Sinaloa, por el tamaño de su industria manufacturera se ubica en la posición 22 en el país, por la aportación de las manufacturas al PIBE ocupa la posición 24 y por su contribución a la producción manufacturera nacional se encuentra en la posición 22.

Creo que a pesar de los esfuerzos que se dice se han hecho para atender estos rezagos, hemos avanzado poco, ya que aunque industrializar Sinaloa ha estado en el discurso de todos los aspirantes a la gubernatura del estado y en todos los Planes de Desarrollo Estatal de los últimos cincuenta años, lo cierto es que las actividades manufactureras sinaloenses no han pasado de representar en promedio el 8 por ciento del total de las actividades productivas del estado y la aportación de las manufacturas sinaloenses a la producción manufacturera nacional, no ha podido trascender el 1 por ciento.

En resumen, la economía sinaloense está estancada y no logra despegar porque está ligada a actividades productivas poco complejas, poco dinámicas y con escasa productividad.

Nos hemos rezagado también, porque existe un conjunto de variables clave que los distintos gobiernos no han atendido, porque hemos carecido de una estrategia de desarrollo regional integrado y de largo plazo y, porque hemos carecido de gobiernos e instituciones eficientes.

Sin considerar que ello constituye la solución a todos nuestros males, sí creo que mucho ayudaría modificar la estructura y el funcionamiento del CODESIN. Me parece que este organismo ha hecho un esfuerzo importante por impulsar el crecimiento y el desarrollo económico de Sinaloa, pero es evidente que se ha quedado corto. Aunque quizás sin su participación, estaríamos en peores condiciones. Como quiera que sea son 25 años en los que otros frentes tampoco, por las razones que sean, han aportado lo suficiente. Me refiero concretamente al sector académico, el sector social y el sector público. En este último caso, no pocas veces los responsables de las secretarias y dependencias relacionados con los temas económicos impulsaron agendas distintas al CODESIN retrasando la posibilidad de alcanzar sus objetivos. Por eso, para abonar a la atención de nuestros rezagos económicos y sociales,muy relevante sería, encabezados por un nuevo CODESIN, trabajar para construir un gran acuerdo y una agenda para Sinaloa con la participación de empresarios, académicos y sector público. Se requiere que incluya objetivos y metas claras, y una visión de largo plazo, de la que hemos carecido.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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