Reflexiones

Alejandra Maytorena Güémez

Recuperación de especies: señales de esperanza

Nos desacostumbramos tanto a convivir con la naturaleza, que nos escandaliza encontrarnos con sus habitantes en las ciudades

La modernidad y las consecuencias de vivir con un ritmo de consumo que excede las capacidades de nuestro planeta nos ha llevado a extinguir distintas formas de vida de flora y de fauna a un ritmo que no parece dar tregua. Entre la tala indiscriminada de bosques y selvas, la invasión de ecosistemas, la caza clandestina, el cambio climático y la extinción natural de las especies, año con año desaparece una parte de nuestra biodiversidad. Tan solo en 2019, 24 especies fueron declaradas oficialmente extintas. La más sonada fue la desaparición de un rinoceronte, pero también perdimos una subespecie de tigre, un invertebrado, otros 2 mamíferos, tres reptiles, tres anfibios, un invertebrado, cuatro aves, cinco plantas y cinco peces.

De la mayoría, ni nos enteramos.

Esto tiene fundamento en parte en que el 55% de la población global vive ya en las ciudades, donde se encuentran sistemáticamente desconectados de la naturaleza y poco se enteran de sus transformaciones más allá de los de clima que los afectan directamente. En ocasiones, estamos tan inmersos en la rutina, que no nos damos cuenta siquiera de las especies domésticas y nativas que forman el ecosistema urbano, entre plantas y animales.

Nos desacostumbramos tanto a convivir con la naturaleza, que nos escandaliza encontrarnos con sus habitantes en las ciudades. Los consideramos invasores cuando en realidad, los invasores somos las personas.

LEE MÁS: Incrementar áreas verdes para combatir el cambio climático y la erosión del suelo

A este ritmo, nos enfrentamos a opciones limitadas. O aprendemos a cohabitar con los demás seres vivos en ciudades más verdes, o experimentamos una de las mayores extinciones en masa que ha vivido nuestro planeta y nos preparamos para sufrir las consecuencias. Más ahora, que, entre tanta noticia negativa, el mundo animal y vegetal nos han enviado pequeñas señales de esperanza de que, gracias a proyectos colectivos, algunas medidas en pro del medio ambiente, el respiro a nuestro planeta por la pandemia y la resiliencia de algunas especies, comienza a recuperarse.

Los últimos años, se han registrado con mayor frecuencia avistamientos de especies que dábamos por perdidas. El bisonte americano o búfalo, por ejemplo, solía proliferar en el norte de nuestro país como el mamífero terrestre más grande del continente. No obstante, este desapareció de nuestro territorio hace más de cien años, replegándose a Estados Unidos y Canadá. Recientemente, estas majestuosas criaturas regresaron a México y comenzaron a observarse un par de manadas en pastizales de Chihuahua y Coahuila a la par que sus ecosistemas eran restaurados gracias a esfuerzos humanos.

En el Golfo de California, las tortugas marinas se han recuperado paulatinamente gracias a una comunidad indígena denominada Seris que se han dedicado a protegerlas y lograron liberar más de ocho mil crías en varios kilómetros de playa. Si se modera la contaminación en la zona y se fomenta el turismo responsable, podríamos seguir disfrutando de la existencia de estas criaturas en nuestras cosas por muchos años más.

En Sonora y Sinaloa, el jaguar ha registrado el segundo aumento porcentual más grande de casi 50% gracias a los esfuerzos de conservación. En la última década, de apenas 437 especímenes, se pasó a 644, siguiendo la tendencia nacional de recuperación para este hermoso y peligroso felino. Este comportamiento reaviva la esperanza entre ambientalistas e investigadores, pues señala que es posible la regeneración de nuestros ecosistemas si actuamos en conjunto.

LEE MÁS: Sierra de Tacuichamona, área natural protegida; cuidarán al jaguar, gato cola bonchi y el ocelote

Otro icónico animal mexicano ha regresado al medio silvestre: el lobo mexicano, alguna vez abundante, fue considerado extinto en la década de los setenta y se encontraba solo en cautiverio. De hecho, la última manada viva había sido capturada específicamente para intentar la recuperación de la especie, situación que ha tenido un resultado favorable. Actualmente, se cuenta con 45 ejemplares en libertad que se reproducen con éxito para recuperar, con los debidos cuidados por parte de los seres humanos, el territorio que tan ferozmente les arrebatamos.

Como estos, se cuenta con diversos proyectos tanto del gobierno como de la sociedad civil que buscan la recuperación de plantas y animales en reservas naturales y áreas protegidas. Incluso, se ha hablado de utilizar la clonación como aliada. Nuestro país es candidato ideal para muchos, como es el caso del cóndor californiano, especie considerada prácticamente extinta cuando se llegó a tener solo 30 ejemplares en el mundo. Ahora, se cuenta con aves liberadas anualmente en bosques de Baja California y del sur de Estados Unidos.

Estamos logrando devolver la vida a nuestros bosques y nuestras selvas. El siguiente paso es, además de apoyar estos esfuerzos en la medida de lo posible, respetar a la naturaleza y reaprender a convivir con ella en nuestra vida diaria, compartiendo el planeta y los recursos para lograr una mayor calidad de vida para los seres vivos. Además, estas historias pueden servir de inspiración para recordarnos que los esfuerzos pequeños pero constantes tienen resultados que pueden llegar a ser históricos e impactantes.

Si grupos organizados, con recursos limitados y circunstancias en contra, han logrado revertir años de daño a la naturaleza, ¿imaginas qué podríamos lograr si más personas nos uniéramos con una meta en común?

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

Comentarios

Recientes

Ver más

Reflexiones

Ver todas

Especiales

Ver todas

    Reporte Espejo