Reflexiones

Leónidas Alfaro Bedolla

Un trabajito especial | Ecos de la larga noche del neoliberalismo

Actuaron por órdenes de El Macho; me quisieron madrugar en el monte, pero les gané el intento.

Quinta parte

Desde una loma, don Heleno, Gumersindo y tres más, miraban la humareda que provocaba un montón de matas de amapola que conforme iban siendo arrancadas por los soldados, las iban echando sobre la hoguera. El Capitán Godines, acompañado de un teniente, también observan mientras conversan.  –Son diestros y rápidos Los Gomeros para trabajar, no dejaron ninguna bola sin exprimir. Comentó el Capitán. ¿Dio cuenta de que cantidad levantaron Teniente¿ -Sacaron 17 latas, mi Capitán. –Una fortuna. Ahora sí teniente, es momento de tomar las fotos, cuide que no se miren bolas rayadas. –Descuide mi capitán.

¿Gume. ¿Cuántas latas recolectaron¿ -En total, 72 don Heleno. -Mañana, temprano que aparejen las mulas necesarias para llevarlas, La Chencha ya dio aviso; dentro de dos días estarán dos trocas que las llevaran a Badiraguato. Esta vez, yo comandaré el movimiento. Te quedarás a cargo, junto con el Macho, iniciaran las labores de barbecho para limpiar el rastrojo de la amapola; en un mes iniciamos la siembra de la verde. –De acuerdo, señor.

Al salir don Heleno de Los Gavilanes. –Gume, ahora yo soy el que manda. –Sí Macho, las órdenes de don Heleno fueron claras; tú te encargas de que la gente trabaje en las tablas sin que nada les falte. Yo, les suministro todo lo que necesiten, haz la lista. Yo cumplo con lo mío, administrar. – Pues procura que todo salga bien, no quiero cuentas mochas. – ¿Qué pasó compa¿ – Nada, que has hecho muy buen tu papel de lambiscón. –Macho, yo estoy muy agradecido de tu apoyo, y si he trabajado con ganas, es para quedar bien contigo porque aprecio tu recomendación. –Pues que no se te olvide, y no te pases. La franca provocación de Roberto, alertó a Gumersindo.

A las 13:00 horas del sábado, todos los trabajadores de Los Gavilanes, ya hacían fila para recibir su pago semanal. Dos horas después, en los galpones que eran lugar de dormitorios, había varios corrillos en los que algunos se divertían jugando baraja. En uno de ellos, estaban El Macho y dos más. – Compas, les tengo un trabajito especial. – Usté dice patrón. – Mañana domingo, como es su costumbre, Gume se irá a la caza del venado. No quiero que regrese. – ¡Ah Chingaos! Yo crieba que eran amigos. – Tengo mis razones compa. Pero qué, ¿le entran o no¿ – ¿De cuánto es el billete¿ – Cinco mil pá cada uno. Y van dos mil más, pa´ que lo jondeen a un barranco donde se lo coman los zopilotes. -¿Qué dices Toribio¿ – Juanón, yo no le saco. –Ya está patrón. Nos vamos adelantar, pa´ verlo salir del rancho y seguirlo a distancia. Viene la lana. – Aquí tienen la mitá, cuando vea el cadáver, les completo.

El miércoles por la tarde, llegó don Heleno a Los Gavilanes, entre las novedades, encontró a Gumersindo vendado del brazo izquierdo. –Muchacho, ¿qué te pasó¿ -El  Juanón y  el Toribio, intentaron matarme, pero ya le están dando cuentas a San Pedro. -¿Pero qué motivó eso¿ – No lo sé, señor. Actuaron por órdenes de El Macho; me quisieron madrugar en el monte, pero les gané el intento. – Imaginé que habría problemas, pero no creí que fuera llegar a esto; ese cabrón es envidioso y traicionero. Y él, ¿dónde está¿ -Huyó, el muy cobarde, no quiso dar la cara. -Tenemos que buscarlo. –Si le parece, señor, yo me encargo, sé que tiene parientes allá, por el rumbo de Tepehuanes. –Ya veremos, por ahora, es urgente que vayas a Culiacán para que te vea un médico. –No creo que sea necesario, fue solo un rozón. Doña Chole, la jefa de la cocina, me curó muy bien. Vamos a dejar a la gente trabajando. Espectación se quedará a cargo para que preparen la tierra pa´ las siembras de la verde. Tú y yo, iremos a ver a los jefes, para resolver este asunto; El Macho suelto, es peligroso.

Una semana después. ¿Y cómo es posible, que en tan pocos meses aiga aprendido tánto¿ – Amigo Mendoza, el plebe es listo y tiene agallas. –Pues dele la oportunidá, de que ajusticie al Macho, y si la libra, lo tomaremos en cuenta. ¿Cómo ve, compa Heleno¿ -Usted es quién manda. Pues ¡fierros!

Tres días después, Gumersindo llegó a Tepehuanes, no le fue difícil ubicar a Los Peralta que vivían en un punto llamado El toro quemado. Compró un caballo, un morral, un bule en los que guardó bastimento para dos días. Después de recorrer el entorno del rancho de Los Peralta, encontró un cerro desde donde podía ver los movimientos de los habitantes del lugar. Aguantando el frío, acampó envuelto en una cobija. Antes de salir el sol empezó avistar. No pudo creer tener tanta suerte. El mismo Macho Prieto, fue el primero en salir del rancho; lo siguió a prudente distancia y, armado de un garrote, lo espero en un recodo de la angosta vereda por la que caminaba.

El golpe fue en la frente, fue brutal, El Macho quedó inconsciente. Gumersindo lo levantó, y lo amarró recargado en el tronco de un árbol. Media hora después, el prisionero, con los ojos desorbitados, no podía creer lo que miraba. Fue la voz de su verdugo quien lo hizo reaccionar. –Puedes gritar cabrón, estamos lejos de tu rancho. -¡Suéltame, pinche Gume no seas cobarde! –No pidas la oportunidad, que nunca pensaste darme. ¡Estás muerto cabrón!

Gumersindo, cegado por el odio que anidaba en su pecho, debido al infame sacrificio de su padre, con filosa daga tasajeó el cuerpo y brazos de El Macho; el olor de la sangre, atizó y obnubiló los sentidos del verdugo, y sentenció: ¡Aquí te desangrarás, te pudrirás y te comerán los zopilotes! ¡Nooo! ¡Suéltameee!, ¡Malditooo! Gumersindo subió a su caballo, y se perdió entre el bosque, hasta dejar de escuchar los lamentos…

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO.

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